
Qué malo es escribir...
Sí, sí, digo "qué malo", no qué guay, o cómo mola. Qué malo. Porque cuando escribes remueves fantasmas, y te acuerdas de cosas, recuperas el pasado. Y eso a veces es bueno y otras es malo. En esta ocasión... Bueno, no es que sea malo, es que me hace perder el tiempo de forma escandalosa. Menos mal que tengo tiempo de sobra para perder. Menos mal que estoy de vacaciones.
A cuenta del pasado post y del comentario de Fernando, he recordado cuál era mi serie favorita de todos los tiempos y estos días la he retomado. Sí, como habréis imaginado, con el gran caso que se le hizo en España (cambiándola de horario cada dos por tres, cancelándola, saltándose capítulos) no me quedó más remedio que pillármela donde todos sabéis y guardarla a buen recaudo después de verla. Me alegro de no haberme desecho de ella, porque así he tenido la oportunidad de recuperarla.
Y viendo de nuevo los capítulos de Veronica Mars recuerdo el inmenso deseo que me entró en su momento de convertirme en detective privado, aun sabiendo perfectamente que todo lo que emitían era ficción, que la vida del detective es de un aburrimiento olímpico, que ni soy tan mona ni tengo tanta jeta como Veronica. He recordado cómo encontré en internet una diplomatura -vale, creo que era algo entre universitario y FP- para detective a la que me faltó un pelo para apuntarme, y de hecho lo único que me contuvo fue la tarde a la semana que tenía que ir a Donostia a las clases presenciales. Maldito trabajo, maldita hipoteca, maldita necesidad de comer...
Pero no me rindo. Si no puedo ser detective privado (que, ojo, siempre puedo mudarme a Donostia, o esperar a que las clases cambien a los sábados por la mañana), escribiré sobre una. Y tampoco será detective como tal, sino una aficionada que trata de buscar respuestas. Como lo pueda ser yo. Me toca investigar, imaginar posibles escenarios, encontrar respuestas. Todo ficticio, o quizás no; quizás busque algún enigma casero (¿quién robó la caja del bar de abajo?, ¿a dónde va el hijo del panadero todos los días a las siete de la tarde?) y pase mis días de asueto correteando por Vitoria y alrededores con gafas de sol y una cámara con teleobjetivo. Ya me estoy viendo, con mi termo de café caliente en mi Ford Fiesta, observando a la mujer del vecino del quinto mientras se depila las cejas para ir en busca de... ¿su amante?, ¿su corredor de apuestas? ¡No! Su hijo en la guardería.
Me emociono. Me pierdo. Tengo demasiado tiempo libre, lo que significa que me veo una media de tres capítulos de Veronica Mars al día. Me encanta. Tenían que hacerse más series como esa, más personajes como Veronica. Ella sí que es un buen modelo juvenil; déjate de tanto maquillaje y tanto "este pantalón me hace el culo gordo" y preocúpate por los demás, échales una mano y averigua quién ha puesto alcohol en el ponche de graduación. Todo muy light, muy casero, pero por eso mismo mucho más creíble que una ancianita escritora que encuentra muertos allá por donde va.
Os dejo. Veronica me espera. Creo que hoy me toca ver el capítulo en el que se lía con Logan, te lo juro. El mejor primer beso de la televisión
ever.