Sunday, February 05, 2012

Gracias

Enciendo la tele (lo menos que puedo) y me enfurezco al ver anuncios de detergente en los que parece que la única preocupación de una mujer es que sus niños y su marido vayan con la ropa sin manchas. Frases como "el queso en lonchas hace los bocadillos más fáciles para mí y más sabrosos para ellos" me erizan los pelos, por no hablar ya de los anuncios de coches en los que la hombría parece medirse por el número de caballos que uno conduce. Veo gestos sexistas por todas partes, en las series de televisión, en los carteles de las calles, en el lenguaje de la gente (y en el mío, que es peor). Oigo comentarios como "pobre crío, es tan tranquilo y sensible que solo juega con las chicas, me tiene preocupada" que me asustan no sabéis bien cómo (¿no deberías preocuparte por los alcornoques que tienes en clase, no por el niño tranquilo?), y me paso el día prácticamente en tensión constante, hasta el punto de que he decidido no hablar del tema con nadie, ni mencionarlo siquiera, porque estoy harta de defenderme constantemente. Mi mayor problema es que me defiendo bien escribiendo, pero cuando me atacan verbalmente se me traban los argumentos y termino diciendo cosas que no pienso o que no puedo defender, así que, ya perdonaréis, me desahogo aquí.

Últimamente me ha dado por leer libros de no ficción, y, aunque tengo la casa llena de ellos, he empezado por los feministas. He hecho bien, porque me han dado la perspectiva que necesitaba: queda mucho por hacer, el feminismo tiene que seguir estando de moda, tenemos que seguir luchando y eliminando barreras... pero hemos avanzado una barbaridad. En apenas cien años se han logrado cosas que han cambiado la sociedad de cabo a rabo, quizás no tanto como las feministas de principios del siglo veinte hubieran querido, pero mucho. Son cambios lentos, no hay revoluciones y sí muchos parones y algún que otro paso atrás (¿habéis visto la nueva línea que Lego quiere sacar para las chicas?), pero estamos mejor que hace cien años, mejor que hace cuarenta años. Y se lo debemos a todas esas personas que lucharon por conseguir derechos tan mínimos como el control sobre nuestro propio cuerpo (ese que el "progre" de Gallardón nos quiere quitar otra vez), el derecho a voto, el derecho al control de nuestro salario; el derecho, al fin y al cabo, a ser seres libres y no las esclavas que éramos hasta principios del siglo veinte (y en España hasta hace dos días). Gracias a todas las mujeres que arriesgaron su forma de vida por darnos a nosotras otra mejor. Gracias a todos esos hombres que cedieron su poder a las mujeres y lucharon en su nombre. Gracias a todas aquellas personas que se dieron cuenta de que la mujer era mucho más que una posesión y algo bonito para adornar el brazo al salir de paseo.

Todavía queda trabajo por hacer, basado sobre todo en la educación, pero lo más gordo ya está hecho. Gracias. Gracias, gracias, gracias.

Sunday, January 29, 2012

Quiero vivir en los mundos de Yupi



Quiero vivir en los mundos de Yupi.

Quiero encender el televisor y que no me afecte lo que veo por tener las sensación de que no va conmigo. Que me importe tres pimientos lo que le pase a Garzón, o los millones que se ha llevado Urdangarín, o el último atentado en alguna parte del mundo. Quiero creer que cada día hay menos mujeres asesinadas, que las estadísticas tienen que estar mal, que tiene que haber un error. Quiero creerme a pies juntillas lo que dicen en las noticias sin pensar que el noventa por ciento de lo que ocurre en el mundo no me llegará nunca.

Quiero creer que mi voto vale algo. Que los políticos están ahí para llevar mi voz y la de los que me rodean a donde haya que llevarla. Que están ahí por convicción, no porque no saben hacer otra cosa.

Quiero creer que los culpables pagan por sus crímenes y que ningún estado democrático mantiene a asesinos en el poder hasta que mueren de puro viejos para luego darles un funeral de estado. Quiero creer que los países miran atrás, curan heridas y resarcen a los heridos, en lugar de dar carta blanca y pedir a la gente que olviden.

Quiero pensar que todo el mundo lee por lo menos (¡qué menos!) un libro al mes. Que todo el mundo sabe quién es Herman Miller, o Virginia Woolf, o Gabriel García Márquez, aunque no hayan leído nada suyo. Quiero que las librerías y las bibliotecas tengan tal afluencia de gente que sea tan difícil entrar en ellas como en Zara en rebajas.

Quiero creer que la humanidad se divide entre los muy buenos y los muy malos, y que yo, por supuesto, pertenezco al primer grupo. Que todo el mundo tiene un alto grado de sentido común y pueden diferenciar el bien del mal y actuar en consecuencia, y que si alguna vez se equivocan es eso, una equivocación.

En suma: quiero ser tonta. Pero sin saberlo, porque si no eso también me crearía angustia.

Saturday, January 21, 2012

De la belleza en bote, o cómo confundir azul con morado

Yo nunca he sido mucho de darme cremitas, más que nada porque me falta constancia y siempre se me olvida. Una vez, comentando con una compañera de trabajo el hecho de que no me daba nada, la mujer -que ronda los sesenta- me miró con espanto. "¿Ni una hidratante? ¿Ni una de noche? Mira que lo más importante es prevenir, porque una vez que salen los defectos ya no se pueden borrar". La mujer me lo dijo con tal seriedad y en un tono de tal autoridad, que aquel mismo día fui a If y me gasté una buena parte del sueldo en tres cremas distintas para distintos momentos del día. Y oye, que las he usado. No sé si funcionan o sirven para algo, pero yo confío en el efecto placebo. Además, huelen muy bien.

Y las he usado tanto que dos de ellas se me han acabado, así que ayer fui a comprar otro par de frascos nada más salir del trabajo. Había pensado en coger los frascos vacíos y llevarlos conmigo para decir "quiero ésta", porque ya se sabe que esto de las cremas necesita un máster por lo menos, pero fui así, a pelo, toda valiente yo. Entré en la tienda y me acerqué a una amable dependienta a quien no creo que nadie consiguiera reconocer sin maquillaje. Le expliqué lo que buscaba.



-Se me ha acabado la crema de noche. Es de Esteé Lauder.

-¿Y para qué es?

-Para... la... ¿cara?

-No, no, me refiero a qué hace.

-El... bote... es... ¿morado?

La mujer sonrió con los labios más gruesos y más rojos que yo había visto en mi vida y empezó a hablarme muy despacio.

-¿Qué tipo de tratamiento es? Hidratación, primeros signos de la edad, reparadora...

-Huele a lavanda.

Ella, toda campeona, me lleva a la sección de Estée Lauder y empieza a enseñarme botes. Los hay lilas, los hay azul clarito, los hay con tapa dorada... Pero ninguno tiene la tapa blanca.

-Creo que la que tú dices es de esta línea pero la de tratamiento hidratante, que no me queda. ¿Te la apunto?

-No, deja -digo yo, porque todos los botes tienen la tapa dorada y eso me mosquea un poco; empiezo a sospechar que me estoy equivocando-, ya buscaré.

-De todas formas, no sé si a ti te conviene esta crema, con esos granitos que tienes. ¿Con qué te lavas la cara?

Me da vergüenza decirle "con el agua de la ducha", así que le menciono un jabón de farmacia que uso cuando me acuerdo.

-¿Y qué tónico usas?

-Eh... No.

-¿No usas tónico? -Los ojos, negros, más grandes aún que la boca, están a punto de saltársele de las órbitas. Mientras habla, está llenando un botecito de muestra con una crema que cuesta casi cien euros. La mujer me explica que el tónico es necesario para hidratar la piel y que luego absorba mejor la crema, bla, bla, bla, y que igual esa que tiene ella entre manos me va mejor porque bla, bla, bla-. Te lleno el tarro para que la uses de día y de noche, ya me dirás -Traducido: te lleno el tarro para que te la des con la espátula de escayola, que vaya cara traes. Pero le doy las gracias igualmente.

-También quería un contorno de ojos, de Clinique.

-¿Qué hace?

Suspiro.

-El bote es pequeño. Yo qué sé. Es así -Junto los dedos para mostrar un bote, eso, pequeño. Ella me mira con resignación y me lleva al estante de Clinique. Y ahí me doy cuenta-. Uy, que no, que el contorno no es de Clinique, es como la crema de noche. Pero... Oye, espera, ¿no hay otra marca que empiece por E? Y el bote no es morado, es azul. Sí, azul con tapa blanca.

La chica me mira sin sonreír. No sé si piensa que le estoy tomando el pelo, que hay una cámara oculta o que soy gilipollas. Yo quiero desaparecer. Al rato reacciona: no quería matarme, estaba pensando.

-¿Te refieres a Elizabeth Arden?


-¡Sí! ¡Sí! ¡Elizabeth Arden, sí!

-Ay, pues ya lo siento, esa aquí no la trabajamos. Tienes que ir a (me dice dos establecimientos de la misma casa que están en la otra punta de Vitoria).

-Ah, vale, pues muchas gracias, y ya siento haberte vuelto loca.

-Nada, mujer, tranquila.

Tranquila se queda ella cuando me ve salir por la puerta. Esta tarde voy a meter los frascos en el bolso y ya, leñe.

(Me avegüenza mucho decir que esta escena es verídica al cien por cien. Os juro que no me he inventado nada: soy así de torda sin condimentos.)

Friday, January 20, 2012

(Otro) Nuevo proyecto

Alabama, 1856, en las inmediaciones de lo que más tarde sería Birmingham

Richard Holyfield adoraba Alabama con cada partícula de su ser. Adoraba el cielo, azul, limpio, rara vez tormentoso y a la vez benigno con las cosechas; adoraba aquella tierra fértil, la mejor dentro de las mejores en aquella la mejor nación del mundo; y adoraba todo lo que había entre aquel cielo y aquella tierra, donde podía verse la eterna bondad de Dios, que había hecho América a semejanza del Cielo y que, de tener que elegir una nacionalidad, seguro que se declararía estadounidense. Hasta el calor sofocante de los veranos sureños le parecían una bendición, sobre todo cuando oía historias de los pobres neoyorquinos y sus nevadas de varios metros. Él no había visto nunca la nieve, pero se la imaginaba como barro blanco y la sola idea de estar cubierto de fango hasta la rodilla durante dos o tres meses al año le daba repelús. ¿Cómo araban las tierras por allí? ¿Podía crecer algo dentro de la nieve? Holyfield nunca pensaba en aquellos misterios más de lo necesario, porque cuando lo hacía le dolía la cabeza. La gente decía que el viento del sur le daba jaquecas. Paparruchas. A él se las provocaban los yanquis.

(...)

Tuesday, January 17, 2012

Indefensión aprendida

Una de las cosas más importantes que una persona que se dedica a la educación tiene que tener en cuenta es la autoestima de los y las alumnas que tiene delante. Ya sean niños, adultos o adolescentes, creer en uno mismo marca muchas veces la diferencia entre el fracaso y el éxito y, aunque la vida da muchas vueltas y no todo está bajo nuestro control, hay muchas maneras de ayudar a aquellos y aquellas que tenemos en clase.

Os dejo un vídeo que he encontrado por ahí que demuestra claramente qué poco cuesta hundir a un grupo de personas. Sencillo y claro, y por eso mismo muy efectivo.

Sunday, January 15, 2012

Cosiendo historias

Es curioso cómo, cuando estás obsesionada con algo, todo parece tener relación con ello. Ahora mismo vuelvo a estar obsesionada con la escritura (y con otras muchas cosas, pero la escritura en primer lugar), y cualquier cosa que hago, veo o escucho me hace pensar en escribir, ya sea porque me da una idea para incluir en la historia, o porque me recuerda al acto en sí de escribir. Un libro o una película son fáciles de relacionar con la escritura, pero hay otras que guardan una relación mucho más subconsciente. Como el patchwork. Aunque parezcan cosas completamente ajenas, tienen mucho más en común de lo que podría pensarse.



Por ejemplo, como cuando terminas una colcha que tú sabes llena de defectos y aún así te gusta. Cuando la estás cosiendo te das cuenta de que hay uniones débiles, que si tiras un poco de la costura se puede romper y desmontar entera, que cuando la estabas acolchando te saltaste un trozo, o se escaparon los puntos, o varias piezas no terminan de encajar del todo. Pero la terminas, le pones el biés y la observas de lejos, y te das cuenta de que esos fallos que viste cuando la estabas haciendo se disimulan al mirarla en conjunto, y que oye, no está para regalar a nadie, mucho menos para venderla, pero tú sabes cuánto cariño le has puesto y las horas que has invertido en ella. Y la has hecho para aprender, porque aún eres una novata y habrá que ir experimentando con formas nuevas y nuevas costuras, un poquito más difíciles cada vez. Porque oye, para ser la primera no está nada mal, más quisieran muchas personas que haber hecho semejante manta, aunque nadie entiende el trabajo que cuesta y tienes que ver las miradas poco impresionadas que parecen decir "pues vaya, para eso tanto esfuerzo, y anda que no lleva meses alardeando de su colcha, más le hubiera valido comprarse una en el Zara Home". Sustitúyase la palabra "colcha" por "novela" y Zara Home por Casa del Libro y se habrá definido lo que he tenido la suerte de sentir estos últimos meses delante del teclado. Llegar a ese punto me ha costado años.



Luego están esos proyectos (y aquí se puede leer "colcha" o "novela") que haces pensando que van a gustar a los demás. Coges telas/ideas que no son de tu agrado, solo porque crees que es lo que los demás quieren ver/leer, y te pones manos a la obra. Y te sale algo que bueno, vale, pase, pero no te apasiona, no es parte de ti. Y al final ni lo terminas, ni lo regalas, ni mucho menos lo vendes, sino que lo dejas en una esquina de la casa/disco duro y te olvidas de ello, o lo terminas de cualquier manera y la usas de manta para el gato o lienzo de pruebas para cosas nuevas.



Lo que más diferencia una colcha de una novela es que escribir es gratis y está hecha de componentes etéreos, y la colcha no. Cuando se te ocurre una idea para una historia y te pones a desarrollarla, poco a poco ves si funciona o no y tienes la posibilidad de ir hacia atrás y hacia delante, de borrar lo escrito y empezar de cero. Con una colcha, tienes que elegir el diseño y las telas, cortarlo todo y empezar a coser. Y una vez que tienes las telas cortadas, no te puedes echar atrás porque el gasto ya está hecho, y qué vas a hacer con toda esa tela que ya tienes preparada para esa colcha que de repente ya no te gusta, tendrás que terminarla sí o sí. Y lo haces, lo mejor que puedes, porque todo es una experiencia y te vale para aprender, y al final terminas con una colcha técnicamente perfecta, de medidas exactas, donde no sobra una puntada. Pero no te gusta. Y cuando llega el momento de acolcharla, la vas dejando, porque no te llama terminarla, porque total para qué si no la vas a usar. Eso nunca pasa con una historia. Si no te gusta, no la acabas. Así de simple.



Y luego están esas historias/colchas que siempre me había negado a hacer y con las que he vuelto a encontrar el placer de coser/escribir. Diseño simple a más no poder, fácil hasta decir basta, lo único que necesitan es mucho tiempo y buen gusto a la hora de elegir los colores/elementos de la historia. Puede que el resultado no sea artístico, puede que haya millones de colchas/historias mejores que ellas en el mundo y que la gente se burle de su simplicidad, pero a mí me gusta. Y la he hecho yo. Y solo yo sé el esfuerzo que me ha costado, y el cariño que he cogido a cada centímetro cuadrado de esta tela/personajes de la historia, al punto de que sería una de las primeras cosas que salvara en un incendio. Y no tiene ni un ápice de talento, pero tiene todo el cariño del mundo y una pasión que no sabía que yo poseía.



En lo que más se parecen el patchwork y la escritura, sin embargo, es en los preparativos previos a la escritura/costura. Hay gente que, antes de hacer una colcha, se pasa días, semanas, meses con el diseño, buscando las telas perfectas, las combinaciones exactas, midiendo hasta la extenuación. Yo planeo, mido, busco telas, pero siempre con un margen de sorpresa. Sí, por supuesto que sé lo que quiero hacer antes de empezar, pero es un diseño basto, básico, que puede variar dependiendo de lo que encuentre en la tienda o lo que yo tenga por casa. Igual que con una historia, cuando partes de una idea básica pero te das cuenta, al escribirlo, de que hay mucho más detrás de esa primera premisa, y que si hurgas un poco puedes encontrar un tesoro que, quién sabe, consiga que termines una historia digna de que la lea otra persona, igual que esa colcha puede que termine siendo un regalo para alguien. Siempre y cuando ese alguien aprecie el regalo, claro. Porque si te la van a comparar con una colcha de La Cortina, apaga y vámonos.

Thursday, January 05, 2012

Examen de historia

Este año tengo como asignatura la historia del Reino Unido e Irlanda en el primer cuatrimestre y de la República de los Estados Unidos en el segundo. Como veo que voy a andar justa de tiempo y que no voy poder memorizar fechas, nombres y datos, he decidido aprenderme unos cuantos conceptos y palabras claves y cruzar los dedos para que el profesor en cuestión esté de buen humor cuando corrija el examen. Por ejemplo:

Prehistoria en las islas británicas: Primero hacía frío y no vivía nadie, luego fueron unos hasta que refrescó y se volvieron a marchar, y así un par de veces más hasta que se desheló el Canal de la Mancha y ya no pudieron volver. Ah, sí, y hierro, y bronce, y eso. Y Stonehedge.

Romanos: Vini, vidi, vincit. Un señor que se llamaba Severus, que no sé qué hacía pero me he quedado con el nombre (¿por qué será?). Civilizaron a los celtas (¡je!). Sabían latín. La vida de Brian. Nacieron los Monty Python.

Hasta el año 1066, más o menos: Primero llegaron los alemanes, luego se fueron y llegaron los vikingos, luego volvieron los alemanes. La gente hablaba por señas porque no había manera de entenderse. Los irlandeses inventaron el día de San Patricio. No sé qué de un dragón. Los reyes tenían nombres raros, sonaban al ruido que una hace cuando se aguanta un estornudo.



1066 - 1400: Normandos. La batalla de Hastings. Reyes que se llamaban Edward, Henry o Richard que siempre se peleaban con un rey francés que se llamaba Louis pero nunca era el mismo. Guerra de los Cien Años que parece que duró cuatrocientos, que bien mirado lo hizo. Cuatro siglos peleándose unos con otros, por favor, qué agotamiento. Nacimiento de algo que ya parece el idioma inglés, aunque no mucho. Mecagüen Chaucer.



Siglos XV a XVII, más o menos: Retahíla interminable de reyes que se llamaban Henry. Aparece la Iglesia Anglicana para que Enrique VIII tenga libertad de divorciarse, aunque luego se da cuenta de que cortar cabezas es más fácil. Isabel I, madre de la actual Isabel II. Shakespeare. El hijo puta de Cromwell. Genocidio irlandés. El inglés ya se entiende (más o menos).



Siglos XVIII - XIX: Revolución industrial. Revolución agraria. Reformas. Tren. Reina Victoria. Imperio británico mundial. Sufragio cuasi-universal masculino. Todo el mundo se va de vacaciones a la playa. Los irlandeses empiezan a dar por culo en serio (que ya era hora).

Siglo XX: Todavía no lo he estudiado, pero ya me lo sé: Margaret Thacher. Downton Abbey. Doctor Who. Michael Collins. Alan Rickman.

Yo creo que voy a bordar el examen, oye.