Sunday, August 02, 2009

Semana de novela negra de Gijón. Cristina Fallarás

Gijón fue toda una experiencia. Sólo estuve dos días, pero me envolvió el ambiente de escritores pululando por las carpas, las tertulias y las presentaciones (sólo anduve por la zona de los libros, no me apetecía perderme en la feria de churrerías y norias gigantes). No sé qué esperaba de la feria; de hecho, creo que no tenía ninguna expectativa previa y, simplemente, me dejé engatusar por todo lo que veía. Fue un acierto.

Del listado de autores que iba a ver allí, sólo conocía -para mi vergüenza- a Luis Sepúlveda y Mercedes Castro, así que me dije que era tan buen momento como otro cualquiera de encontrar algún gran talento. Pocas presentaciones me tragué enteras, pero hubo dos que me engancharon desde el principio. De Juan Bolea ya hablaré en otro momento. Hoy le toca el turno a Cristina Fallarás.



No voy a mentir. Me llamó la atención por ser una de las dos mujeres que lidiaba en una tertulia de hombres. Me llamó la atención por su melena pelirroja, sus ojos verdes (o azules, no la vi tan de cerca) y su manera compulsiva de fumar un cigarrillo detrás de otro. Tenía todo el aspecto de una femme fatale de las antiguas películas de gángters, con su vestido ajustado y taconazos altos; era la imagen de escritora de novela negra, me sorprendí pensando que no había otra profesión a la que esta mujer pudiera dedicarse (y sí, ya sé que es periodista). El hecho de que Carlos Salem, que también me había enganchado con sus intervenciones en la tertulia minutos antes, fuera quien presentara el libro de Cristina, sólo añadió interés al asunto.



Así murió el poeta Guadalupe es un monólogo. A la redacción de un periódico llega una extraña cinta que contiene una entrevista; la entrevistadora ha borrado su voz y sólo oímos una voz femenina que cuenta la historia de su vida, una vida que transcurre en los últimos años de la dictadura franquista. Se nos habla de torturas, de hombres ilustrados que vienen del otro lado del océano, de un mundo casposo y rancio al que se le da un poco de luz a cambio de un precio muy alto. Carlos Salem dijo que el libro le había dado miedo al leerlo, e inmediatamente supe que me lo iba a terminar comprando. Ayer, día de tormenta, me senté a leerlo después de comer y me levanté tres horas después, el libro terminado y la boca abierta no sé si de sorpresa o de horror, o quizás las dos cosas.

A mí no me dio miedo. Me dio angustia, que no es lo mismo, me dieron ganas de apalear a alguien y devolverle el daño hecho a los demás, pero miedo, lo que se dice miedo, no. Es un libro que se lee a página por segundo, que te agarra desde la primera palabra y no te suelta, porque quieres saber qué pasó en la casa de El Escorial, y quieres saber realmente a qué se dedicaba Santabárbara (aunque es fácil olérselo desde el principio), y saber qué horrores ha vivido la pobre mujer de la cinta, que nunca menciona su nombre. A unas veinte páginas del final, toda la historia da una vuelta de ciento ochenta grados y nos encontramos con que tenemos que reajustar todo lo que hemos leído hasta el momento, que hay que ajustar toda la información que hemos recibido a la vista de nuevos datos. La última página es, sencillamente, magistral. Me dejó los pelos de punta, no por miedo, sino por el gran manejo de información y esa manera que tiene Fallarás de contarlo todo sin decir nada.

No he buscado nada de esta autora, más allá de hacer una búsqueda superficial de su nombre en Google, pero sé que a partir de ahora estaré atenta a su nombre en las librerías y que trataré de leer más de ella (tanto que leer y tan poco tiempo... Qué agobio). El libro va a formar parte de mi colección de favoritos, en un lugar especial por ser el único que está dedicado a mí, sin faltas de ortografía y sin llamarme Cruz. Qué ilusión que sea precisamente este, jopé.

3 comments:

Sir John More said...

Sin entrar demasiado en el contenido de tu texto, y, como te dije, apuntando la recomendación, me resulta curioso en la fotografía ver que ambos autores fuman. ¿Se puede ser escritor de novela negra sin fumar, mucho más ahora, en público, cuando estamos a punto de entrar en la era del fumador delincuente? Je, je, el ser humano es un bicho de posturas... Y Gijón, ayyyy Gijón. En septiembre iré yo a un encuentro sobre Juventud y pasaré allí una semana. Ciudad acogedora donde las haya... Besos.

Fallarás said...

Muchas gracias. Estoy abrumada.

Un beso.

Àlex Masllorens said...

Estoy de acuerdo en todo... así que no añado nada. Esperaremos el próximo.