Y no, no es de estudiar, o no sólo. Ojalá fuera sólo por eso.
Como muchos de los que os pasáis por aquí sabréis, aparte de ser profesora de primaria a tiempo completo estudio filología inglesa por la UNED. Esto significa que no voy a clase, sino que, cuando llego a casa después de un día entero explicando divisiones con decimales y las desinencias del verbo, abro mis libros y estudio materia completamente nueva para mí. Me encanta estudiar por mi cuenta, no me hace falta un profesor, el método a distancia me va que ni al pelo. Si tengo dudas, puedo llamar a mi tutor presencial en Vitoria (dos días a la semana, dos horas cada día) o, más sencillo todavía, puedo exponerlas en un foro de Internet. Normalmente echo mano de esta segunda opción. Hasta ahora, todo me ha ido de perlas.
Eso sí, de tanto leer mensajes de universitarios con canas, me duelen los ojos. Estoy hasta las mismísimas narices de leer cosas como "escojí", "xfaaaaaa¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡", "x k n m da tienpo" o bellezas similares. Estoy en un segundo de carrera en una universidad a la que no acude gente recién salida del instituto (¿cuál será la media de los alumnos de la UNED? ¿25? ¿30?), así que lo de "el nivel cada día es más bajo" no me vale. Son universitarios, ¡universitarios!, que escriben "nose lo que entra n l exámen" y que protestan cuando los profesores del foro les llaman la atención por las faltas de expresión, o se quejan porque les han suspendido el examen de lengua española por la ortografía.
Me duelen los ojos. Me duele el corazón. Me duele pensar que los que me rodean son precisamente la élite de la sociedad. Me duele no tener agallas para escudarme en el relativo anonimato que me concede el foro (aparece mi nombre, pero nadie me conoce) y decirles a los que utilizan las mayúsculas todo el rato que me están gritando, o pedirles que no usen más de cinco signos de exclamación en una frase (porque decirles que se limiten a uno, o ninguno, sería superior a sus fuerzas), o rogarles (de rodillas y con las manos juntas) que revisen la ortografía de sus mensajes y no vuelvan a escribir trabajo con uve.
Que me duele todo ya, hombre. A quinto de primaria los mandaba a todos echando leches.
Friday, January 30, 2009
Sunday, January 25, 2009
Unleserlich
Yo debía ser una enana, porque recuerdo a mi tío enorme y hoy en día es sólo un poco más alto que yo. No sé por qué le acompañé, debió ser uno de esos días en los que quiso actuar de padrino y me llevó con él a hacer algún papeleo y a fardar de sobrina, porque aquí donde me veis yo era muy mona y muy formal. Por aquel entonces le tenía por erudito, por un hombre sabio que sabía un poco de todo y era capaz de tener conversaciones interesantísimas sobre cualquier tema. Luego me enteré de que eso se debía a que había empezado tres o cuatro carreras (todas de letras, o de humanidades, que se diría ahora) aunque nunca había conseguido terminar ninguna. Personalmente creo que es un filósofo frustrado.
La señorita de la ventanilla le pidió que firmara un papel. Él cogió el bolígrafo y le preguntó si la firma tenía que ser inteligible. Ella dijo que no importaba, y él firmó con su garabato de siempre. Y en ese momento yo aprendí que inteligible e ilegible no eran sinónimos, como yo creía, sino que significaban justamente lo contrario. De ahí lo de ininteligible, me dije. Es el único momento de mi vida que me recuerdo aprendiendo algo.
Hoy he visto la palabra unleserlich en alemán, ilegilbe, y me he acordado de mi tío. Curioso, como funciona el cerebro. Y curioso, también, que un momento de hace al menos 25 años esté tan grabado a fuego en mi memoria.
La señorita de la ventanilla le pidió que firmara un papel. Él cogió el bolígrafo y le preguntó si la firma tenía que ser inteligible. Ella dijo que no importaba, y él firmó con su garabato de siempre. Y en ese momento yo aprendí que inteligible e ilegible no eran sinónimos, como yo creía, sino que significaban justamente lo contrario. De ahí lo de ininteligible, me dije. Es el único momento de mi vida que me recuerdo aprendiendo algo.
Hoy he visto la palabra unleserlich en alemán, ilegilbe, y me he acordado de mi tío. Curioso, como funciona el cerebro. Y curioso, también, que un momento de hace al menos 25 años esté tan grabado a fuego en mi memoria.
Monday, January 19, 2009
Edgar Allan Poe

Poe es uno de mis autores favoritos. Es una de esas personas que te hacen pensar que no vale la pena escribir nada, porque nada va a ser superior a lo que él escribió, para qué molestarse. Leer sus relatos significa sumergirse en un mundo paralelo a este, donde el terror por el terror y la belleza por la belleza toman el lugar del didactismo y la enseñanza. Poe no daba lecciones de moral, le importaba tres pepinos la moral. Poe buscaba la belleza, y vaya si la encontró.
Hoy se cumplen doscientos años del nacimiento de este genio de la literatura. Doscientos años nos separan del descubrimiento del género de terror, del detectivesco y de la pseudo ciencia ficción. Yo, para celebrarlo y hacerle mi pequeño homenaje, les he pasado una historia suya a los críos, "La Muerte Roja", la misma que me tocó leer el año pasado en la universidad y que consiguió ponerme los pelos de punta. Los críos han sido capaces de seguirla con mi ayuda y algunos han sentido el mismo toque de pánico que sentí yo al leerla (a otros les ha parecido poco gore, querían más). No hace falta ser licenciado en literatura inglesa para apreciar una obra de arte, siempre y cuando se te ofrezcan muletas. He estado buscando el capítulo de Los Simpson en el que aparece la lectura de El Cuervo, pero soy incapaz de encontrarlo. Lo dejaremos para el año que viene.
Me encanta Poe. Me encanta mi clase. Me encanta mi trabajo en aniversarios señalados como este.
Friday, January 16, 2009
En silencio, pero sigo
Empiezan los exámenes. Ya ha caído el primero, aunque poco tiene que ver con la licenciatura. Si estudio no escribo, y si escribo no estudio; opto por estudiar, por tanto me veréis muy poco por aquí. Basta que escriba esto para que me dé la inspiración y me ponga a escribir entradas como una loca. Lo dudo; la inspiración no falta, pero el tiempo es escaso.
Os sigo leyendo. Sigo ahí, pero muda. Pero sigo.
Os sigo leyendo. Sigo ahí, pero muda. Pero sigo.
Saturday, January 10, 2009
Iñigo
El mejor amigo de Iñigo S. es Iñigo N. Son inseparables, amiguísimos desde los dos años, una pareja de hecho, uña y carne, pan y mantequilla; íntimos, vaya. Ayer, cuando bajaban a clase de música, uno le dice al otro:
-¿Sabes cuál es mi palabra favorita?
-¿Fútbol?
-No. Iñigo.
Qué pena que cuando sean mayores ya no se acordarán.
-¿Sabes cuál es mi palabra favorita?
-¿Fútbol?
-No. Iñigo.
Qué pena que cuando sean mayores ya no se acordarán.
Wednesday, January 07, 2009
Ya me estresaré mañana
La semana que viene tengo un examen que, de aprobarlo, significaría un título de traductora de inglés a castellano que me hace mucha ilusión tener. Los exámenes de la licenciatura se ven mucho más cerca desde este lado de las fiestas navideñas y aún no he terminado con el temario en todas las asignaturas. La casa necesita una limpieza a fondo, desinfección incluida. He vuelto al trabajo. Los niños han venido cargados de energía. Han empezado las rebajas.
Yo, por supuesto, me he ido de tiendas. Ya me estresaré mañana, me he dicho.
Pero no, me he estresado hoy.
Debería haberme dado cuenta hace mucho tiempo, y supongo que a nivel subconsciente ya lo sabía, pero no me gusta ir a comprar ropa. Sí, ya sé que soy un bicho raro -en tantas y tantas cosas-, pero no lo disfruto, menos aún cuando hace frío y no te apetece nada desnudarte en un cuartucho de un metro cuadrado en el que la cortina no te tapa del todo. Me gustaba ir de compras en California, pero ahí había menos factores a tener en cuenta a la hora de comprar: ganaba más dinero y no pagaba una hipoteca, así que el precio no era tan importante como lo es ahora; mi talla 42, que aquí equivale a la de una embarazada de ocho meses a juzgar por las únicas prendas que me entran, era de las más pequeñas allí; y no solo eso, aunque la talla fuera pequeña los diseñadores entendían que la mayoría de las mujeres lucen lorza fofa a la altura de la cinturilla y hacían la ropa acorde a los cuerpos de las mujeres, no al revés. Aquí no consigo encontrar nada que me guste (y que me pueda permitir, debería añadir) y termino estresada, con complejo de gorda, recordando el dineral que pago por mi casa y deseando haberme quedado estudiando, que ya es decir.
Así que hoy mi estrés se llama "mierda, no me he comprado nada y necesito un fondo nuevo de armario urgentemente porque la ropa que tengo ya está desgastada de tanto usarla"; el de mañana será "joder, tengo que terminar el esquema de este tema para poder repasar el vocabulario de alemán y mecagüen la profa que no me manda las redacciones corregidas". Pero eso será mañana, porque hoy pienso sentarme a ver Las Vegas con un té con limón en la mano y la manta sobre las rodillas, y meditaré tranquilamente sobre mi horario intensivo de estudio que me va a impedir escribir, pensar en nada que no sea la materia de estudio o hacer cualquier actividad que requiera mover el culo de la silla.
Señor, qué ganas de que llegue el 13 de febrero ya, leches.
Yo, por supuesto, me he ido de tiendas. Ya me estresaré mañana, me he dicho.
Pero no, me he estresado hoy.
Debería haberme dado cuenta hace mucho tiempo, y supongo que a nivel subconsciente ya lo sabía, pero no me gusta ir a comprar ropa. Sí, ya sé que soy un bicho raro -en tantas y tantas cosas-, pero no lo disfruto, menos aún cuando hace frío y no te apetece nada desnudarte en un cuartucho de un metro cuadrado en el que la cortina no te tapa del todo. Me gustaba ir de compras en California, pero ahí había menos factores a tener en cuenta a la hora de comprar: ganaba más dinero y no pagaba una hipoteca, así que el precio no era tan importante como lo es ahora; mi talla 42, que aquí equivale a la de una embarazada de ocho meses a juzgar por las únicas prendas que me entran, era de las más pequeñas allí; y no solo eso, aunque la talla fuera pequeña los diseñadores entendían que la mayoría de las mujeres lucen lorza fofa a la altura de la cinturilla y hacían la ropa acorde a los cuerpos de las mujeres, no al revés. Aquí no consigo encontrar nada que me guste (y que me pueda permitir, debería añadir) y termino estresada, con complejo de gorda, recordando el dineral que pago por mi casa y deseando haberme quedado estudiando, que ya es decir.
Así que hoy mi estrés se llama "mierda, no me he comprado nada y necesito un fondo nuevo de armario urgentemente porque la ropa que tengo ya está desgastada de tanto usarla"; el de mañana será "joder, tengo que terminar el esquema de este tema para poder repasar el vocabulario de alemán y mecagüen la profa que no me manda las redacciones corregidas". Pero eso será mañana, porque hoy pienso sentarme a ver Las Vegas con un té con limón en la mano y la manta sobre las rodillas, y meditaré tranquilamente sobre mi horario intensivo de estudio que me va a impedir escribir, pensar en nada que no sea la materia de estudio o hacer cualquier actividad que requiera mover el culo de la silla.
Señor, qué ganas de que llegue el 13 de febrero ya, leches.
Tuesday, January 06, 2009
Toy malita
Veo nevar desde el sofá, con la manta tapándome hasta las orejas y el gato ronroneándome en la barriga, como si cantara un mantra que me va a sanar. Los Reyes Majos no me han traído nada, pero el Olentzero se portó bien y no soy egoísta, con uno me vale, llevo todas las fiestas disfrutando de mis regalos. Mañana empiezan las clases y yo voy a ir con los restos de una gastroenteritis galopante a trabajar, ahí, como buena maestra no funcionaria que no quiere enmarronar a sus compañeras con más trabajo. Lo peor ya ha pasado, capearemos el temporal (estomacal; el de afuera también, faltaría más). Las tripas me rugen, pero no es hambre. De vez en cuando salgo corriendo al baño, cada vez menos. Pienso en madrugar mañana y me pongo peor.
Toy malita. Y me gusta quejarme.
Toy malita. Y me gusta quejarme.
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