Tuesday, March 31, 2009

La profe me tiene manía



Sí. Lo reconozco. Me pasa.

Cojo manía a los niños.

No a todos, claro, y también cojo pelota a otros (no sé hasta qué punto esa expresión es correcta), pero lo hago. Hay niños que me caen mejor que otros y algunos, los menos, que me caen peor que la media. No lo puedo evitar. Y eso que lo intento.

No hay un motivo. No hay una fórmula mágica que me haga decir "uy, a este le voy a coger manía antes de octubre". Simplemente, ocurre. Como con las amistades entre los adultos, supongo. Algunas personas te caen mejor que otras, a algunos no los puedes ni ver. ¿Por qué? Tan subjetivo como intentar explicar por qué a algunos les gusta el color rojo y a otros no. O el azul, vaya, por eso de que nadie lo relacione con el color de la sangre.

Algunos de mis alumnos favoritos son buenos estudiantes, pero no todos, ni siquiera la mayoría. De hecho, me cargan un poco los marisabidillos que siempre tienen la respuesta lista y siempre tienen algo que comentar sobre cualquier -cualquier- tema que se mencione en clase. La virtud está en el punto medio, que decía Aristóteles. Estudia, sí, pero no lo restriegues, no seas pesado, cállate un ratito, guárdate el comentario sobre los artrópodos, que hasta hace un minuto ni sabías lo que eran. Espera tu turno al hablar, no creas que por levantar la mano ya tienes derecho a hacerlo, y sobre todo, sobre todo, no vengas a hacerme la pelota al final de clase, preguntándome por mi gato o qué tal el fin de semana. No creas que siempre tienes razón y aprende a callarte cuando te equivocas, no quieras tener siempre la última palabra. No seas pelma. Por favor, no seas pelma.

Se me ha ido el santo al cielo. Pelota. Manía.

Sí, también tengo pelota a ciertos niños. Tengo debilidad por los graciosillos. No los graciosillos que no dan un palo al agua, sino esos que saben dónde colocar un chiste sin resultar pesado y que entienden que hay un momento para hablar y otro para trabajar. Es difícil encontrarlos de ese pelo. Este año tengo un puñado, chicos y chicas. Me gustan. Trabajan como jabatos y me entretienen. Hacen que el día pase más rápido. Y le dicen al pesao que se calle, de vez en cuando. Yo no puedo, porque demostraría que le tengo manía. Me vienen muy bien, la verdad. Son alumnos cómodos, de los que se necesitan a puñados en una clase.

Lo curioso es que el pesao tiene unas notas excelentes. Es buen estudiante, sí, pero hay otro factor: cuando corrijo sus exámenes soy muy consciente de mi poca subjetividad, así que, por si acaso, le subo un poco la nota, porque estoy convencida de que inconscientemente se la he bajado. Tiene todo sobresalientes, el cabrón. No me extraña que sea un pesado. Lo mismo se piensa que me cae bien y todo. Menos mal que los majos también son buenos estudiantes, y que a esos no les bajo las notas por si subconscientemente se las he subido. ¿Qué mal hizo nunca que todos los alumnos de una clase sacaran sobresaliente en todo? Lo malo sería que suspendieran. Y menos estos, con la función que desempeñan haciendo callar al pesado.

Qué haría yo sin ellos.

Estrangular a alguien, seguro.

Thursday, March 26, 2009

Korrika badator!

Para aquellos que me leáis de fuera de Euskadi, he aquí el vídeo musical de una de las actividades más bonitas que se hacen a favor del euskera. Es la Korrika, la carrera, un recorrido por todo Euskal Herria que se hace cada dos años en el que la gente corre para mostrar su apoyo al euskera. Mañana empieza la Korrika Txiki, la de los pequeños, a la que van todos los colegios de Vitoria; mañana me toca correr con los monstruos, y luego tendremos juegos y pasaremos la tarde en amena compañía.

Me encanta que se hagan cosas así. Me encanta que el euskera tome las calles, que los niños enarbolen carteles a favor de un idioma que nos hace diferentes y que, a su vez, queremos compartir con el mundo. Me encanta la canción de este año, marchosa, internacional, con Mohameds y Sarais, Pepes y Elviras, y, por supuesto, Nekanes y Aitores. Me encanta que la letra la haya escrito un bertsolari, un poeta de la calle, y que Betagarri le haya puesto este ritmazo.

Disfrutadla. Dejad que se os vayan los pies un poco. Y si os apetece echar una carrera, acordaos de nosotros por estas tierras. Aupa Korrika!

Wednesday, March 25, 2009

Redes sociales



Lo reconozco. He caído en la red. En la red social, se entiende. Por si no fuera suficiente con tener dos blogs, ahora tengo un perfil en Facebook y otro en Twitter. Cada vez que enciendo el ordenador, después de mirar el correo, visitar los blogs y leer los titulares del día, me paso por mis páginas de inicio para ver si alguien ha escrito algo interesante. Que nunca lo han hecho. No es que no escriban, que lo hacen, pero lo que se dice interesante... Creo que estas herramientas no van a servir para salvarle la vida a nadie.

En Facebook tengo metidos entre mis amistades a un potrollón de primos a los que hace siglos que no veo (hablamos de más de una década) con los que ni siquiera intercambio mensajes, pero cuyas fotos curioseo y a los que felicito los cumpleaños. No tenemos nada que decirnos, porque no nos conocemos. También tengo metida a toda mi cuadrilla (cuadrilla=pandilla, que ya sé que a los que no sois vascos esto os hace mucha gracia), lo cual me parece una soberana estupidez porque les veo a menudo y no me hace falta ponerles "qué frío hace hoy", porque ya lo saben. No digo yo que a otro tipo de gente no le venga bien la paginita de marras, pero a mí, la verdad me sobra. Ahora, no pienso desapuntarme, porque es lo más "in" que hay, y yo soy "in", que a nadie le quepa ninguna duda. Quizás algún día lo use como es debido y empiece a comunicarme, en vez de tomar test tipo "qué tanto de bueno es tu español".

Al Twitter, sin embargo, no le veo mayor utilidad que la excusa de hablar solo en una sala completamente vacía. Si nadie te sigue y nadie te lee, ¿estás escribiendo? ¿Existes? ¿Estás ahí? ¿Para qué coño me he abierto una cuenta en Twitter si ni siquiera sé qué escribir en Facebook, y últimamente me cuesta horrores encontrar un tema para el blog que no haga que todos salgáis corriendo? ¿A quién coño le importa que esté a punto de cenar, que me haya lavado los dientes, que me duela la cabeza? Porque no mucho más se puede poner. Sólo a tus más allegados les va a hacer gracia, y si son allegados, ¿por qué tienes que obligarles a meterse en el ordenador para ver cómo te ha ido el día? ¿No existe el teléfono, o en su defecto -¡¡horror!!- los encuentros cara a cara? ¡Queda para echar unas cañas, leches, que es mucho más ameno y te da el aire fresco!

Pero lo peor, lo peor de todas estas redes, es que te quitan tiempo de hacer lo que realmente te interesa. Mira Jennifer Aniston, que parece que ha roto con el novio porque pasaba demasiado tiempo delante del ordenador. Mírame a mí, que hace media hora que tenía que estar escribiendo y sigo aquí, escribiendo, sí, pero no lo que me había propuesto. Paseo por Facebook, puesta al día, toma de algún test; paseo por Twitter, puesta al día, mensajito chorra al canto. Pérdida de tiempo. Y como soy una persona que termina lo que empieza, me estoy viendo enganchada a las redes sociales hasta que algún alma caritativa las desconecte y nos deje a todos colgando del hiperespacio...

Os dejo, que me voy a abrir una cuenta en Tuenti. No vaya a ser que me quede fuera de la onda de lo guay por no estar en ello.

Saturday, March 21, 2009

Cenicienta y sus zapatos

Me he comprado unos zapatos de fiesta ideales, monísimos, los más bonitos que he tenido nunca. Son verdes, como el vestido con el que voy a llevarlos, altos, con tacón de aguja, y tienen toques dorados y un semilazo en el empeine que sienta ideal. Son los típicos zapatos con los que aguantas un cuarto de hora antes de ponerte las zapatillas que llevas en el bolso, vamos.

Ayer, cuando llegué a casa después de toda una tarde de compras y paseo, me los probé. Y, oh, horror, comprobé que la milimétrica diferencia que tengo entre un pie y otro (tengo el derecho un poco más pequeño que el izquierdo) era suficiente para que en el zapato me encajara perfectamente en el izquierdo y en el otro pie se me escapara. No puedo andar con ellos sin parecerme a Lina Morgan en "La tonta del bote". Hasta el gato se reía cuando me vio andar por el pasillo.

Hoy he corrido a una tienda donde venden todo tipo de remedios para zapatos, como almohadillas para que no te rocen o para acolchar el pie. Por el camino he ido pensando en qué decirle a la de la tienda. Confesar que tengo un pie más grande que el otro me parece confesar un defecto que está mejor guardado bajo llave, una de esas cosas que te llevas a la tumba, como tener seis dedos en un pie, una guarrada, vaya. Pero por otra parte necesito que alguien me diga que es normal, que a todo el mundo le pasa, o que al menos no soy el primer ser que le ha ido con semejante cuita. Somos asimétricos por definición, nadie tiene una cara completamente simétrica, por ejemplo, y es normal que un ojo esté más bajo que el otro, o que sea más grande. Tiene que haber más gente con un pie ligeramente más grande que el otro. NECESITO que haya gente con un pie más grande que el otro, porque si no voy a ser un bicho raro, y me niego a serlo más.

Y así me pasa con tantas cosas. Pequeñas comeduras de tarro que parece que sólo se te ocurren a ti. Inseguridades en ciertas situaciones de las que todos los héroes de las películas salen airosas. Nadie parece tener defectos, nadie estornuda frente a la cámara, nadie se atraganta en un restaurante lleno de gente y termina escupiendo la gamba al que tiene delante. Todo el mundo parece perfecto. Menos yo.

La tienda de arreglos estaba cerrada. Voy a tener que esperar hasta el lunes para ver a la dependienta mirándome como las vacas al tren, o alcanzándome el relleno de talón que necesito para que no se me escape el pie. Y unas almohadillas, a ver si aguanto el baile con taconazos. Que los zapatos son muy bonitos, me sientan de miedo y sería una pena desaprovecharlos.

Tuesday, March 17, 2009

De niños

Qué suerte tengo de tener mi trabajo. No hay día que no me ría, día que no descubra algo o escuche algún comentario que me haga pensar. Los niños son una máquina de ideas que no hay que encender ni preinstalar, vienen conectados de fábrica, y cualquier chispa les hace saltar.

Me asombra sobre todo la permeabilidad de algunos con los idiomas. Los peques de segundo disfrutan como los enanos que son con las clases de inglés y tratan de utilizar pequeñas expresiones que van aprendiendo. Algunos son incapaces de responder a "what's the weather like today?" mientras les señalo por la ventana (lo llevan escuchando desde los tres años, pero aún no lo entienden), y otros comprenden a la primera que "a river has got water" tiene algo que ver con un río y el agua que lleva, todo a partir de un dibujo esquemático en la pizarra. Impresionante.

Ayer les enseñé nuevo vocabulario. Les mostré el dibujo de una bufanda, perfectamente consciente de que ninguno sabía la palabra en inglés y esperando solo el reconocimiento de la prenda. Una cría me soltó un bufand! que me dejó de piedra. Ya entiende el mecanismo. Ya es capaz de crear palabras en inglés. Alguna vez terminará acertando.

Por no hablar de los colombianos que llegaron en septiembre y ya hablan euskera como si hubieran nacido aquí (bueno, vale, igual no tanto, pero de verdad que da miedo escucharles de lo bien que lo hablan). El otro día uno se me acercó y, muy serio, me dijo: "¿Usted eres de Estados Unidos?" Ya no es que tengan que lidiar con tres idiomas, sino que tienen que cambiar el registro del que ya conocían.

Tengo clarísimo que no quiero tener hijos. Sería una madre de esas que se pasan todo el día diciéndole al mundo lo maravilloso que es su niño y que no hay ninguno más listo, más guapo y más majo que él. Nunca sería como los padres de mi clase, a quienes les mandas una nota porque al niño se le han olvidado los deberes en casa y vienen a hablar contigo por si su rendimiento escolar está bajando, que ya estamos encima pero es que no hacemos carrera, si tenemos que castigarle nos dices, ya lloró ayer por la nota, ya... Hasta te hacen sentir culpable y te obligan a pasarte diez minutos asegurándoles que un despiste lo tiene cualquiera, que el chaval es fantástico y saca unas notas fenomenales, que sólo le he llamado la atención para que no se repita y porque lo hago con todos, porque él en realidad no se merecía un reproche. Y te quedas pensando en las historias que cuenta la gente de padres que no se preocupan por sus hijos y que no vienen a las reuniones con los maestros, y te preguntas si realmente existen, y entonces te acuerdas de ese chaval de tu clase que nunca trae las notas firmadas y lleva dos semanas con la misma camiseta y pega los mocos debajo de la mesa.

Me enrollo. Me pierdo. Estoy cansada y me duele la cabeza. Mañana vuelvo al tajo, a ver qué más descubro. De entrada, les he encargado buscarme refranes en euskera. Voy a aprender un montón.

Qué suerte tengo de que me guste mi trabajo. Y menos mal.

Sunday, March 15, 2009

Domingo


Seguro que si todos los días fueran de fiesta al final terminaría hasta el moño de vacaciones, pero ahora no puedo pensar en otra cosa que no sea "qué suerte tienen los jubilados, coño". Cómo me gustan los domingos. Cómo me gusta tener todo un día para hacer lo que a mí me dé la gana.

Pero va cayendo la tarde, y yo no tengo ganas de hacer nada. He intentado estudiar, pero después de pasarme media hora marcando las páginas que tengo que leer en literatura inglesa, me he agobiado y lo he dejado. Ahí están los libros, por si me apetece volver. Lo dudo. Van a coger polvo, los pobres.

Mil y una ideas me rondan la cabeza, pero no puedo escribirlas hasta que no termine el proyecto que tengo entre manos. Apunto frases rápidas en papeles aquí y allá, y los meto en el sobre de las ideas que cada día está más lleno. Me siento creativa, aunque solo escribo una hora al día. Pero el resto del tiempo lo paso pensando en lo que estoy haciendo, o en lo que haré más tarde, y cuando por fin me siento ante el ordenador, las palabras tienen más poder que el día anterior y fluyen con soltura. Acerté al cambiar mi aproximación a la escritura, quizás consiga terminar algo que no me haga querer vomitar. No cantemos victoria todavía. Pasito a paso.

Intentémoslo otra vez. Vuelvo con la universalidad e individualidad del tiempo y el espacio y su simbología cervantina. Media horita. Y luego quizás me permita escribir algo.

Thursday, March 12, 2009

La crisis tiene la culpa de todo

Hoy estábamos hablando de la fotosíntesis de las plantas. Un niño me ha preguntado que por qué los árboles pierden las hojas en invierno, si son tan necesarias, y yo le he hablado de optimización de recursos.

-Hay menos luz, menos elementos disponibles para fabricar su alimento, y los árboles deciden perder sus hojas para mantenerse vivos y no malgastar. Igual que los osos hibernan, o los humanos nos ponemos morados de dulces y frutos secos en invierno.

Y entonces D. ha añadido.

-Claro, y por eso en invierno hay crisis, y la gente ahorra, y todo eso.

Sé que está mal, pero no he podido evitar reírme.

Tuesday, March 10, 2009

Un hombre normal

Carlos va a trabajar en bicicleta. No tiene coche, ni lo quiere, total para qué; la bicicleta le obliga a hacer ejercicio y, si llueve, coge el autobús. A veces lleva el MP4 que le regalaron sus sobrinos, cansados de verle pasear el walkman de quince años que cargaba antes. Escucha a Van Morrison y los Rolling Stones, a veces a Mecano, pero poco, porque no le gusta entender lo que dicen las canciones, menos aún cuando incluyen estribillos como "y tú contestastes que no". Los Beatles le cansaron hace ya unos años, aunque no le molesta encontrarlos en la radio. Hace tiempo compró un disco de Pink Floyd. Lo escuchó una vez antes de regalarlo.

Carlos tiene cincuenta años, aparenta cuarenta y algunos días se siente centenario. Cree que sus alumnos de literatura son unos parásitos sociales que estarían mejor trabajando en algo útil en lugar de calentar una silla seis horas al día. Sus alumnos de literatura piensan más o menos lo mismo de él, solo que no le llaman parásito social, sino "el pesao del Carlos". A veces a Carlos le gustaría ser aparejador, o tornero, o minero, pero sabe que él solo vale para pensar, que no duraría dos días. A veces le cuesta levantarse de la cama. Pero la mayoría de los días, sobre todo en fin de semana, no.

A veces Carlos disfruta siendo él mismo. A veces.

Sunday, March 08, 2009

8 de marzo

Felicidades a todas las mujeres, porque para mí todas son trabajadoras. Felicidades a las que trabajan dentro y fuera de casa, a las que cuidan enfermos, a las que son solteras, a las que no son madres, a las lesbianas, a las heteros, a las bisexuales, a las que no pueden tener hijos, a las que no los quieren, a las que se cruzan de acera cuando un tío las sigue por la calle, a las que cobran menos que sus compañeros, a las que nunca les dejarán ser jefas, a las empleadas del hogar, a sus jefas y, en general, a toda aquella que se sienta o se crea mujer.

Felicidades, chicas. Y a seguir luchando.

Thursday, March 05, 2009

El junquillo de Snape

He caído en la red. En la red de Facebook, quiero decir. Todavía no he picado con Twitter, ni Tuenti, ni cosas de estas, pero todo se andará. De momento, me entretengo con el Facebook.

Una de las cosas que primero hice cuando entré fue hacerme admiradora de Alan Rickman, por supuesto. Aunque el grupo tiene su foto en primera plana y hay uno que escribe que se llama "Alan Rickman", empiezo a sospechar que no es el verdadero y que las veinte mil y pico personas que le admiramos estamos en realidad admirando a un becerro de oro, pero eso es harina de otro costal. Ayer me llegó un mensaje del grupo, en inglés, francés y castellano. Leí por encima en la versión inglesa algo sobre la fundación de un club de fans europeo y no sé qué de una donación. Yo, que soy vasca y atea pero podría haber sido catalana y devota de la Virgen del Puño perfectamente, desconecté cuando vi la palabra "donación" y empecé a echar un vistazo a las traducciones en francés y castellano, tarea harto inútil porque no hablo ni pimienta de francés. Pero en la de castellano, que parecía hecha por un sudamericano por los términos tan curiosos que había, me llamó la atención una frase al final:

"Quien haga la donación más grande, se llevará una réplica del junquillo de Snape".

¿Junquillo?, pensé yo en mi desesperación. ¿Me está diciendo que Snape la tiene pequeña? En ninguna de las entrevistas que yo he leído de J.K. Rowling se asevera una cosa así, pero igual se me ha escapado algo.

Y entonces volé con el ratón a la versión inglesa, pensando en cuánto sería una donación decente para conseguir el junquillo de Snape, o sea, de Alan Rickman, y leí el último párrafo con el corazón en un puño: a replica of the WAND of Severus Snape. Wand. Varita. Nada de junquillos.

Ya me veía yo con el junquillo de Snape en una vitrina... Mi gozo en un pozo, oye.

Wednesday, March 04, 2009

Día internacional de la mujer trabajadora



No me gusta que haya un día internacional de la mujer trabajadora. Me recuerda a esos días que tan de moda se han puesto: día internacional contra el cambio climático, día del cáncer infantil, día del libro, día del escritor, día de la paz... Es como si el resto de los días del año tuviéramos excusa para no pensar en ello, pero ese día hay que tenerlo en mente. No creo que un padre cuyo hijo tenga cáncer olvide el tema 364 días al año. No creo que un escritor se acuerde siquiera de que tiene un día (y mucho menos que le importe). No creo que las mujeres seamos más trabajadoras el ocho de marzo, y menos este año, que cae en domingo. ¿Y lo de trabajadora? ¿Conocéis a alguna mujer que no trabaje?

Lo único bueno que le veo yo a señalar un día para nosotras en el calendario es para tener una excusa y hacer piña. Corporativismo femenino, que ya toca. Nada de esperar a que los compañeros de trabajo nos saquen un café de máquina o traigan pastas a la oficina, no: las pastas las ponemos nosotras, para nosotras y por nosotras. Debemos querernos un poco más las unas a las otras, ser un poco menos arpías, dejar de jugar el juego que nos dictaron los hombres (algunos hombres, no todos, y por suerte la gran mayoría ya extintos) hace miles de años. Nos toca cuidarnos, a nosotras mismas y a las compañeras. Simone de Beauvoir se preguntaba por qué las mujeres blancas se identificaban antes con un hombre blanco que con una mujer negra, cuando ambos hombres tenían siempre el consuelo de que, al menos, estaban por encima de sus mujeres. Siempre les hemos prestado más atención a ellos que a ellas. Competición, supongo, y muchos miles de años tragándonos el cuento de que sin los hombres no éramos nada. Hasta se les hizo creer a las mujeres de la Edad Media que, en un embarazo, su única labor era dar cabida a la semilla del hombre, que se desarrollaba sin ninguna participación femenina. Por eso las herencias eran de hombre a hombre, porque la mujer, en realidad, no tenía hijos, eran solo del macho. Nos fue negada hasta la maternidad. El colmo.

Unámonos, mujeres del mundo, no contra los hombres, sino a favor de nosotras mismas. Apoyémonos más, querámonos más, no nos pongamos zancadillas, que bastante nos pone el mundo ya. Quizás en un futuro el día de la mujer desaparezca porque todos los días serán nuestros, pero no llegaremos a ello si esperamos a que sean ellos los que nos tiendan la mano. Tenemos que ser nosotras las que miremos hacia atrás y demos un tirón a las que nos siguen. Porque entonces, y solo entonces, terminará el machismo, cuando los hombres no puedan meterse con una mujer sin que cientos le salten al cuello. Cuando todas estemos unidas y valoremos lo que realmente es ser mujer.

Sunday, March 01, 2009

Domingo

Domingo, uno de marzo. Electoral, encima. Y el cumpleaños de mi madre. Día completito, vamos.

Volvemos a la rutina lentamente. Las mañanas de los fines de semana para escribir y las tardes para estudiar. Al mediodía, votamos y comemos. A la noche, leemos, porque odio la programación de la tele. Me pregunto por qué hablaré de mi misma en primera persona del plural. Vaya ego tenemos, afirmo.

Después de un mes de no escribir una palabra, la semana pasada se me ocurrió releer lo que había escrito antes de que empezara la vorágine de los exámenes. No debí haberlo hecho, o sí, quizás debería haberlo hecho antes: quise llorar. Y no era el Monstruo el que lloraba, sino mi crítica interior, la que me suele tratar bien. No lo reconocí como mío. Me negaba a admitir que yo pudiera escribir tan mal. Nunca, jamás, en la vida, me había gustado tan poco algo escrito anteriormente. Me ha pasado, como a muchos (espero), que algo que al principio me pareció maravilloso no me lo pareciera tanto al repasarlo, pero tanto como para querer dejarlo todo y dedicarme a hacer encaje de bolillos en lugar de escribir, nunca. Hasta la semana pasada.

Así que he empezado de cero, porque me he dado cuenta de que el problema está en los cimientos: no tiene. No sé de qué pie cojea cada personaje, qué le pica a cada uno en cada momento, qué relación van a tener en el futuro, en qué punto van a cambiar... Y me está pasando algo muy curioso, y es que, cuando pienso en los personajes interactuando, veo las escenas como quien ve una película. No veo el principio, y luego la siguiente escena, y luego la tercera, sino que son escenas sueltas, imágenes perfectas sobre la relación de los personajes. Así que creo que voy a probar una nueva técnica (nueva para mí, claro está) y tratar de escribir la historia mediante escenas sueltas que luego uniré, a ver si así no me odio tanto y puedo seguir haciendo lo que más me gusta.

Porque, la verdad, sería una gran putada no poder seguir escribiendo después de tantos años de hacerlo. Si lo pienso, no he parado de escribir desde que aprendí a poner lápiz sobre papel. Luego vinieron el boli, la máquina de escribir y por fin el bendito ordenador, pero yo siempre escribí, fuera como fuera. Y no quiero dejar de hacerlo. Pero dejaré de hacerlo si veo que no voy a ninguna parte, porque tampoco es cuestión de desperdiciar tiempo y esfuerzo en algo que nunca será bueno. Así que tiene que ser bueno. Tengo que hacerlo bueno.

Por narices.