Al gato le encanta tumbarse al sol. Se pone panza arriba y deja que le acaricie mientras se cuece bajo su manta de pelo y los rayos que entran por la ventana. Después de un rato de ronroneos, empieza a morderme la mano. Yo le dejo, hasta que me hace daño, y entonces le doy un cachete suave para que me suelte. No dura mucho; a los pocos segundos ya me ha vuelto a enganchar y me muerde de nuevo. Nuevo cachete, nuevo mordisco. Es la forma de decirnos que nos queremos.
El sol ha salido por fin. Hay más de veinticinco grados en la calle y a mí no me apetece salir de mi torreón. Fuera hay luz y calor, pero por dentro me siento helada. No estoy preparada. Hay cosas que una hija nunca debería oír sobre su padre. Van a ser unos meses muy largos y no estoy lista. No me da la gana.
El gato ronronea y me muerde. Tengo ganas de llorar.
Sunday, May 31, 2009
Sunday, May 24, 2009
...
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Lo que mejor define mi estado en estos momentos. Puntos suspensivos.
Todo está en suspense. Todo espera. Hoy no me dice nada, mañana ya veremos.
...
Suspendida.
Lo que mejor define mi estado en estos momentos. Puntos suspensivos.
Todo está en suspense. Todo espera. Hoy no me dice nada, mañana ya veremos.
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Suspendida.
Saturday, May 16, 2009
Primavera
Sale el sol que tanto se ha hecho de rogar este mes. Sé que tengo que aprovecharlo, que probablemente no esté ahí mañana. El gato se tumba sobre la cama y ronronea bajo el calor. Yo me preparo para el único día de la semana en el que no me obligo a estudiar. Paseo, poteo, cena y juerga, no necesariamente en ese orden (o sí).
No escribo, pero leo y duermo y sueño e imagino. Estoy recargando baterías. También recarga baterías el lado negativo de mí misma, el que dice "¿ves cómo no eres escritora, que no necesitas correr al ordenador a plasmar esa idea y dejas que se te escape como agua en las manos?" No me importa. No es momento de escribir, sino de estudiar, de prepararme. No hay nada que no sea capaz de hacer, me repito todos los días. Necesito creérmelo.
Hoy voy a disfrutar del sol, de mis amigas, de mi gato. Hoy voy a ser yo.
No escribo, pero leo y duermo y sueño e imagino. Estoy recargando baterías. También recarga baterías el lado negativo de mí misma, el que dice "¿ves cómo no eres escritora, que no necesitas correr al ordenador a plasmar esa idea y dejas que se te escape como agua en las manos?" No me importa. No es momento de escribir, sino de estudiar, de prepararme. No hay nada que no sea capaz de hacer, me repito todos los días. Necesito creérmelo.
Hoy voy a disfrutar del sol, de mis amigas, de mi gato. Hoy voy a ser yo.
Saturday, May 09, 2009
Cómo crecen
La semana pasada me encontré con algunas de mis alumnas del año pasado. Me saludaron con dos besos, como si fuéramos amigas, y hablamos apenas unos segundos. Yo no podía dejar de fijarme en sus caras; algunas llevaban aparato en los dientes, otras se habían cortado el pelo a la última moda, un par de ellas iban maquilladas. Han crecido. Ya no son mis niñitas del año pasado. Las conocí con once años y muchas de ellas ya tienen trece. Ni siquiera sabía de qué hablar con ellas. Odio eso de "qué tal van los estudios", es demasiado típico. Me hizo ilusión que me pararan para charlar conmigo. Son un grupo que nunca olvidaré.
Sé que los alumnos que tengo este año van a pasar por el mismo proceso, y que dentro de cuatro o cinco años estarán irreconocibles. Ahora son inocentes, juguetones, aunque ya muestran su personalidad -y la de algunos no es lo que se dice idílica-, pero dentro de unos años cambiarán, entrarán en la pubertad y la adolescencia y todo se irá al garete. A veces les observo y trato de imaginar cómo serán dentro de diez años, o quizás veinte. No sé lo que estoy mirando, puede que delante de mí esté el próximo lehendakari, o la médica que descubra la vacuna contra el cáncer, o un maltratador que termine matando a su mujer a cuchilladas. Tienen toda la vida por delante para hacer de ella lo que ellos quieran y lo que los demás les permitan. Franco y Hitler también fueron niños. También lo fueron Einstein y Nelson Mandela. Da miedo pensar en lo que se pueden convertir.
Sé que los alumnos que tengo este año van a pasar por el mismo proceso, y que dentro de cuatro o cinco años estarán irreconocibles. Ahora son inocentes, juguetones, aunque ya muestran su personalidad -y la de algunos no es lo que se dice idílica-, pero dentro de unos años cambiarán, entrarán en la pubertad y la adolescencia y todo se irá al garete. A veces les observo y trato de imaginar cómo serán dentro de diez años, o quizás veinte. No sé lo que estoy mirando, puede que delante de mí esté el próximo lehendakari, o la médica que descubra la vacuna contra el cáncer, o un maltratador que termine matando a su mujer a cuchilladas. Tienen toda la vida por delante para hacer de ella lo que ellos quieran y lo que los demás les permitan. Franco y Hitler también fueron niños. También lo fueron Einstein y Nelson Mandela. Da miedo pensar en lo que se pueden convertir.
Saturday, May 02, 2009
Mundo interior
Tener un mundo interior rico y ameno es algo muy importante. Es fundamental pasar buenos ratos con nosotras mismas, porque al final somos las personas que más tiempo nos tenemos que aguantar. Cerrar los ojos y sentir que no nos falta de nada porque todo está en nuestro interior. Tenerlo todo al alcance de un pensamiento.
Lo malo es cuando ese mundo interior se convierte en una jaula dorada con una biblioteca inmensa y un televisor de plasma que sólo pone lo que a ti te gusta. Cuando intentas salir de esa jaula y te das cuenta de que has olvidado dónde está la puerta, o no puedes encontrar la llave que tú misma guardas. Entonces ese mundo interior se convierte en opresor, y ni todos los libros, ni todos los pensamientos, ni todas tus artimañas para quererte tal como eres funcionan. Sólo piensas en salir. Y no sabes cómo.
Por suerte, siempre hay salida. Porque es una misma la que se encierra, y, por más que cueste, somos capaces de encontrar la salida. Siempre hay salida. Aunque esté bien disimulada entre los barrotes de la jaula.
Lo malo es cuando ese mundo interior se convierte en una jaula dorada con una biblioteca inmensa y un televisor de plasma que sólo pone lo que a ti te gusta. Cuando intentas salir de esa jaula y te das cuenta de que has olvidado dónde está la puerta, o no puedes encontrar la llave que tú misma guardas. Entonces ese mundo interior se convierte en opresor, y ni todos los libros, ni todos los pensamientos, ni todas tus artimañas para quererte tal como eres funcionan. Sólo piensas en salir. Y no sabes cómo.
Por suerte, siempre hay salida. Porque es una misma la que se encierra, y, por más que cueste, somos capaces de encontrar la salida. Siempre hay salida. Aunque esté bien disimulada entre los barrotes de la jaula.
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