Cuando digo por ahí que me gusta escribir, lo primero que te preguntan siempre es "¿y qué escribes?" Me resulta una pregunta muy difícil de contestar, porque depende del día, del mes y del ánimo con el que me encuentre, por no hablar del tiempo disponible. Lo mismo es un misterio que un bildungsroman que una comedia romántica. Yo no soy de las que tienen un género y sólo se mueven en ese. Será porque todavía no he encontrado la voz. No estoy hablando de LA voz, esa es la de Alan Rickman, sino de mi voz. Eso tan difícil de conseguir y que sólo alguien que ha intentado escribir alguna vez sabe lo mucho que cuesta encontrar.
Durante toda mi vida adulta he buscado una voz literaria con la que me sintiera cómoda. He dado por sentado que yo no tenía voz propia, que debía formarla y educarla, y tratar de crear una voz grandiosa, válida para contar historias épicas. La novela cuyo primer borrador terminé el año pasado era uno de esos proyectos épicos que no quería afrontar porque todavía no había encontrado mi voz. Era una historia contada en masculino, desde el punto de vista de varios hombres, en los que las mujeres solo aparecían a través de los ojos de los hombres. Tenía que ser así porque así lo marcaba la historia, pero ese fue mi primer error. No puedo contar una historia a través de ojos masculinos, porque no soy hombre. Y sí, se puede hacer, por supuesto que se puede, pero creo que es mucho más difícil y es más fácil aprender a gatear que a correr maratones. Así que, después de entregarme en cuerpo y alma a terminar el borrador, releerlo y odiarlo de principio a fin, decidí jugar un poco con algo más "sencillo".
Y me puse a escribir algo que entraría en la categoría de chic lit y que durante meses he tenido aparcado porque "yo valgo más que eso, por dios, qué vergüenza, si alguien supiera...". Ya sabéis el tipo de historia: treintañera soltera, con un trabajo estupendo pero muy exigente, que se ve envuelta en un proyecto que incluye a... -puntos suspensivos porque es un personaje famoso y no quiero desvelar más-. No hay historias de faldas, no hay lío romántico, pero sí se habla de tacones, y de maquillaje, y de problemas para entenderse en un entorno no familiar, y de complicaciones entre amigas, y de cosas de las que una mujer se da cuenta pero un hombre no. Escribí algo más de veinte páginas en abril y no he vuelto a tocarlo hasta esta mañana, cuando lo he releído. ¿Y sabéis qué? Me he encontrado. Me he reído. Me he imaginado todas las situaciones que describo sin recordar siquiera que las había escrito yo. Me he visto en las palabras, en las frases. He encontrado mi voz.
Y quizás no valga dos duros, ni me permita reescribir la novela que quiero arreglar -porque sí, me gusta mucho la idea original que tuve, pero es tan difícil...-, pero al menos me permite arrancar de un parón muy largo. Hoy he escrito más de mil palabras que espero no volver a releer en un mes, porque necesito la perspectiva que da el tiempo. Me he encontrado a gusto, lo he disfrutado, he desenquilosado los músculos -cerebrales y manuales- que llevaban enquistados varios meses. Y supongo que de eso se trata. Porque, pase lo que pase, si escribo tiene que ser para divertirme, para leerlo yo y que me guste, y luego ya vendrán los demás. Pero si no soy sincera conmigo misma, nadie me creerá nunca. Y la voz, a la hora de escribir, es lo que marca a una escritora. Y si no, que se lo pregunten a Virginia Woolf.
Sunday, May 30, 2010
Saturday, May 29, 2010
Lo que me hace feliz
Thursday, May 27, 2010
Promesas
Prometo actualizar el blog más a menudo a partir de ahora y, por lo menos, hasta septiembre.
Prometo intentar cubrir temas que os puedan interesar, pero sobre todo prometo que me interesarán a mí.
Prometo hacer todo lo que me he prometido hacer estas últimas semanas y no he hecho por la excusa de estudiar.
Prometo retomar la novela que dejé acabada en formato borrador y tratar de arreglar algo.
Prometo hacer de la escritura parte de mi rutina diaria.
Prometo no obsesionarme con nada hasta el punto de abandonar todo lo demás.
Lo prometo. Y en vuestras manos queda llamarme al orden si no lo cumplo.
(Os dejo con una canción de esas de cantar en la ducha, que me ha acompañado esta semana.)
Prometo intentar cubrir temas que os puedan interesar, pero sobre todo prometo que me interesarán a mí.
Prometo hacer todo lo que me he prometido hacer estas últimas semanas y no he hecho por la excusa de estudiar.
Prometo retomar la novela que dejé acabada en formato borrador y tratar de arreglar algo.
Prometo hacer de la escritura parte de mi rutina diaria.
Prometo no obsesionarme con nada hasta el punto de abandonar todo lo demás.
Lo prometo. Y en vuestras manos queda llamarme al orden si no lo cumplo.
(Os dejo con una canción de esas de cantar en la ducha, que me ha acompañado esta semana.)
Sunday, May 23, 2010
Debilidad
Sí.
Lo admito.
Soy débil.
Tengo personalidad adictiva.
Cuando era adolescente, me dio por el baloncesto. Unos años más tarde, por Harry Potter.
(Sí, el mundo al revés, lo sé.)
Ahora me da por otras cosas. Pero no un poquito, sino mucho.
No puedo dejar las cosas a medias. Tengo que acabarlas. Sea un libro, una serie, o una colcha.
(Fíjate tú, que puedo dejar de escribir a la mitad de una novela. Eso, maldita sea, es lo único que puedo dejar a medias.)
Mañana por la mañana, me levantaré a las seis de la mañana. Dormida y con un café en la mano, encenderé el televisor. Y luego me iré a estudiar y a hacer un examen.
Estoy perdida.
Están Perdidos.
Lo admito.
Soy débil.
Tengo personalidad adictiva.
Cuando era adolescente, me dio por el baloncesto. Unos años más tarde, por Harry Potter.
(Sí, el mundo al revés, lo sé.)
Ahora me da por otras cosas. Pero no un poquito, sino mucho.
No puedo dejar las cosas a medias. Tengo que acabarlas. Sea un libro, una serie, o una colcha.
(Fíjate tú, que puedo dejar de escribir a la mitad de una novela. Eso, maldita sea, es lo único que puedo dejar a medias.)
Mañana por la mañana, me levantaré a las seis de la mañana. Dormida y con un café en la mano, encenderé el televisor. Y luego me iré a estudiar y a hacer un examen.
Estoy perdida.
Están Perdidos.
Friday, May 21, 2010
Desvaríos varios de un viernes tardío.
Sunday, May 16, 2010
W.H. Auden
Con qué joyitas se encuentra una de vez en cuando, madre.
Estaba yo buscando algo más de información sobre W.H. Auden, a quien me tengo que estudiar para el examen del día veintisiete, cuando me he encontrado con un vídeo de Youtube. Y hete aquí que, sin quererlo, me han resuelto una duda que hubiera resuelto de haber escuchado atentamente la película, pero que me ha hecho más ilusión encontrar así: el autor del poema que leen en el funeral de Cuatro bodas y un funeral, que siempre me ha encantado y nunca me había molestado en buscar.
Lo peor ha sido que, salvando las distancias (dado que es un poema romántico), ha reflejado muy bien lo que sentí el día que murió mi padre y se me ha hecho un agujero en la boca del estómago. Qué tendrá la pena que tiene que empeorar antes de mejorar.
STOP ALL THE CLOCKS
Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with the juicy bone.
Silence the pianos and, with muffled drum,
Bring out the coffin. Let the mourners come.
Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling in the sky the message: “He is dead!”
Put crepe bows around the white necks of the public doves.
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.
He was my north, my south, my east and west,
My working week and Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song.
I thought that love would last forever; I was wrong.
The stars are not wanted now; put out every one.
Pack up the moon and dismantle the sun.
Pour away the ocean and sweep up the wood.
For nothing now can come to any good.
Estaba yo buscando algo más de información sobre W.H. Auden, a quien me tengo que estudiar para el examen del día veintisiete, cuando me he encontrado con un vídeo de Youtube. Y hete aquí que, sin quererlo, me han resuelto una duda que hubiera resuelto de haber escuchado atentamente la película, pero que me ha hecho más ilusión encontrar así: el autor del poema que leen en el funeral de Cuatro bodas y un funeral, que siempre me ha encantado y nunca me había molestado en buscar.
Lo peor ha sido que, salvando las distancias (dado que es un poema romántico), ha reflejado muy bien lo que sentí el día que murió mi padre y se me ha hecho un agujero en la boca del estómago. Qué tendrá la pena que tiene que empeorar antes de mejorar.
STOP ALL THE CLOCKS
Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with the juicy bone.
Silence the pianos and, with muffled drum,
Bring out the coffin. Let the mourners come.
Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling in the sky the message: “He is dead!”
Put crepe bows around the white necks of the public doves.
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.
He was my north, my south, my east and west,
My working week and Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song.
I thought that love would last forever; I was wrong.
The stars are not wanted now; put out every one.
Pack up the moon and dismantle the sun.
Pour away the ocean and sweep up the wood.
For nothing now can come to any good.
Friday, May 14, 2010
No es país para zurdos.
Llevo un tiempo fijándome en los alumnos zurdos que tengo en mis clases, que son bastantes. No tengo datos fiables, sólo memoria y muy mala, pero me da la sensación de que ahora hay más niños zurdos que antes. En la época de nuestros padres se les obligaba a escribir con la derecha, pero ya hace tiempo que no se ve nada malo en ser zurdo. Simplemente, son distintos. Y más que en la manera de escribir.
Estas semanas he distinguido dos tipos de zurdos, y ya digo que no dispongo de datos empíricos, sino de simples impresiones. Los primeros son los niños con problemas escolares. En una determinada clase, todos los alumnos y alumnas con serios problemas son zurdos. No estoy diciendo que sean más cortos que los demás -nunca, jamás se oirá de mi boca semejante barbaridad-, pero es bien sabido que la mano que utilizamos para escribir -y usar las tijeras, que no veáis lo difícil que es para un zurdo de seis años cortar con tijeras de diestro- tiene efecto sobre un hemisferio cerebral concreto: la mano derecha sobre el izquierdo, la izquierda sobre el derecho. El hemisferio izquierdo es el del lenguaje, las matemáticas, las reglas en general. El derecho, el del arte, la creatividad, la imaginación. La música y la literatura surgen de una mezcla de ambos. ¿No sería posible que la escuela estuviera enfocada a las características del hemisferio izquierdo y dejara de lado las del derecho? Estos niños y niñas son hiperactivos y tienen un serio déficit de atención. También tienen compañeros diestros con estos problemas, pero los zurdos son mayoría. Repito, me baso en la observación no científica de una profesora con doscientos y pico alumnos, no tengo datos empíricos.
El otro grupo de zurdos es justo lo contrario. Metódicos, perfeccionistas, tienen la mejor letra de toda la clase, buenos dibujantes, formales, obedientes... Obviamente, estos me desestabilizan la teoría. No sé cuál de los dos grupos es el "normal", aunque en la ikastola se dan más de los del primer grupo que de los del segundo. Me ha parecido curioso.
¿Algún zurdo/a por ahí que quiera compartir experiencias? ¿A que no he acertado en nada?
Estas semanas he distinguido dos tipos de zurdos, y ya digo que no dispongo de datos empíricos, sino de simples impresiones. Los primeros son los niños con problemas escolares. En una determinada clase, todos los alumnos y alumnas con serios problemas son zurdos. No estoy diciendo que sean más cortos que los demás -nunca, jamás se oirá de mi boca semejante barbaridad-, pero es bien sabido que la mano que utilizamos para escribir -y usar las tijeras, que no veáis lo difícil que es para un zurdo de seis años cortar con tijeras de diestro- tiene efecto sobre un hemisferio cerebral concreto: la mano derecha sobre el izquierdo, la izquierda sobre el derecho. El hemisferio izquierdo es el del lenguaje, las matemáticas, las reglas en general. El derecho, el del arte, la creatividad, la imaginación. La música y la literatura surgen de una mezcla de ambos. ¿No sería posible que la escuela estuviera enfocada a las características del hemisferio izquierdo y dejara de lado las del derecho? Estos niños y niñas son hiperactivos y tienen un serio déficit de atención. También tienen compañeros diestros con estos problemas, pero los zurdos son mayoría. Repito, me baso en la observación no científica de una profesora con doscientos y pico alumnos, no tengo datos empíricos.
El otro grupo de zurdos es justo lo contrario. Metódicos, perfeccionistas, tienen la mejor letra de toda la clase, buenos dibujantes, formales, obedientes... Obviamente, estos me desestabilizan la teoría. No sé cuál de los dos grupos es el "normal", aunque en la ikastola se dan más de los del primer grupo que de los del segundo. Me ha parecido curioso.
¿Algún zurdo/a por ahí que quiera compartir experiencias? ¿A que no he acertado en nada?
Sunday, May 09, 2010
Cuando otros lo dicen mejor que tú.
Vengo del blog de Maritormes y, como muchas otras veces, me he quedado sin palabras. Hoy, quizás, de una manera más especial aún, porque me ha presentado a alguien que no conocía y que no me perdono no conocer. ¿Quién? Ah. Id y ved. No saldréis decepcionadas.
Saturday, May 08, 2010
Necesidad de ficción
Me quedan dos semanas para los exámenes. Dos semanas que deberían estar dedicadas exclusivamente al estudio -sobre todo de vocabulario de alemán- y en las que no debería pensar en otra cosa que en George Orwell, James Joyce y Virginia Woolf. Por supuesto, estoy haciendo de todo menos estudiar. Bueno, estudiar también, pero sólo la mitad de las horas que podría dedicarle. Mi excusa es que estoy cansada y aunque me ponga con los libros, no me aprovecha. Yo sé que la verdad es otra.
Me he enganchado a una serie de la que no puedo ver sólo un episodio y meterme a la cama (Flashforward, ríete tú de Perdidos, que también sigo). Y me he leído dos libros en una semana. Dos libros gordos, de los que no puedes llevar en el bolso porque pesan. En una semana. Una. Semana. También es cierto que estaba de vacaciones, pero eso no es excusa. Y no leo rápido. Es más, creo que soy bastante lenta (pero mi comprensión es perfecta, ¡ja!).
Y creo que sé por qué es. Necesito ficción a mi alrededor. Mi vida es demasiado anodina, demasiado rutinaria para llenar mi mente. Si me pasaran cosas excitantes todos los días (si trabajara en la NASA, vaya, o en el FBI, porque ya me dirás tú quién tiene movimiento todos los días), me encantaría llegar a casa y ponerme a leer un montón de datos sobre lexicografía y la confección de diccionarios. Si viviera al máximo mi tiempo, buscaría un remanso de paz en los libros. Pero, como mi vida es lo más soso que se ha descrito jamás, lo que busco es acción. En los libros, en la televisión, hasta en los periódicos. Vida. Otra que no sea la mía.
Ahora estoy con la biografía de Stephen Fry. Después llegará alguna novela negra, o quizás algo de chic lit para descansar la mente. Me esperan Paul Auster y una larga lista de clásicos que ahora no tengo cuerpo para leer. Luego... Luego llegará el verano, y las excursiones a la librería serán diarias. Que me conozco. Qué miedo me doy.
Dicen que leer es bueno y todo eso, pero creo que todo en exceso es malo. No sé cómo se mide el exceso, no sé cuántos libros representan haber leído "demasiado". Supongo que cuando dejas de hacer otras cosas para leer, es que se ha convertido en adicción. Yo todavía no he llegado a eso. Pero todo se andará.
Me he enganchado a una serie de la que no puedo ver sólo un episodio y meterme a la cama (Flashforward, ríete tú de Perdidos, que también sigo). Y me he leído dos libros en una semana. Dos libros gordos, de los que no puedes llevar en el bolso porque pesan. En una semana. Una. Semana. También es cierto que estaba de vacaciones, pero eso no es excusa. Y no leo rápido. Es más, creo que soy bastante lenta (pero mi comprensión es perfecta, ¡ja!).
Y creo que sé por qué es. Necesito ficción a mi alrededor. Mi vida es demasiado anodina, demasiado rutinaria para llenar mi mente. Si me pasaran cosas excitantes todos los días (si trabajara en la NASA, vaya, o en el FBI, porque ya me dirás tú quién tiene movimiento todos los días), me encantaría llegar a casa y ponerme a leer un montón de datos sobre lexicografía y la confección de diccionarios. Si viviera al máximo mi tiempo, buscaría un remanso de paz en los libros. Pero, como mi vida es lo más soso que se ha descrito jamás, lo que busco es acción. En los libros, en la televisión, hasta en los periódicos. Vida. Otra que no sea la mía.
Ahora estoy con la biografía de Stephen Fry. Después llegará alguna novela negra, o quizás algo de chic lit para descansar la mente. Me esperan Paul Auster y una larga lista de clásicos que ahora no tengo cuerpo para leer. Luego... Luego llegará el verano, y las excursiones a la librería serán diarias. Que me conozco. Qué miedo me doy.
Dicen que leer es bueno y todo eso, pero creo que todo en exceso es malo. No sé cómo se mide el exceso, no sé cuántos libros representan haber leído "demasiado". Supongo que cuando dejas de hacer otras cosas para leer, es que se ha convertido en adicción. Yo todavía no he llegado a eso. Pero todo se andará.
Tuesday, May 04, 2010
Sensaciones o sexto sentido
¿Por qué esa sensación extraña de "ahora llega"? ¿Por qué ese latido extraño, como que presagia algo -no sé si bueno o malo-, pero algo que no termina de llegar? ¿Por qué tendría que llegar? ¿Qué tendría que llegar?
Ridículo, creer que el universo me debe algo. Ridículo, creer que las cosas van a cambiar por arte de magia. No he hecho nada para merecerlo. Ni siquiera lo deseo. Bueno, eso igual sí. No sé. Quizás.
Joder, qué momento más extraño estoy pasando.
Ridículo, creer que el universo me debe algo. Ridículo, creer que las cosas van a cambiar por arte de magia. No he hecho nada para merecerlo. Ni siquiera lo deseo. Bueno, eso igual sí. No sé. Quizás.
Joder, qué momento más extraño estoy pasando.
Saturday, May 01, 2010
El retonno
He vuelto.
Regreso a la rutina, al estudio, al trabajo, al gato.
Regreso a esa sensación de que yo pertenezco a otro lugar. Y a otro tiempo. Y a otro cuerpo.
Regreso, pero aún tengo la cabeza en las nubes. En lugar de refrescarme, este viaje me ha confundido más.
Pero estoy de vuelta. Al menos físicamente.
Regreso a la rutina, al estudio, al trabajo, al gato.
Regreso a esa sensación de que yo pertenezco a otro lugar. Y a otro tiempo. Y a otro cuerpo.
Regreso, pero aún tengo la cabeza en las nubes. En lugar de refrescarme, este viaje me ha confundido más.
Pero estoy de vuelta. Al menos físicamente.
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