El feminismo, como todo, ha ido evolucionando a través de la historia. Al principio, el objetivo primordial de las mujeres era salir de la cárcel en la que se hallaban y colarse en el mundo masculino. Para ello pidieron para sí los roles que se les había asignado siempre a los hombres: poder trabajar, llevar dinero a casa, soportar la carga económica de una familia, llevar pantalones. Pasaron del ámbito privado al público, de un mundo "femenino" (permitid que use las comillas cuando un término no sea literal o no se ajuste del todo a lo que quiero decir) a un mundo "masculino". Adoptaron maneras de hombres: fumar en público, beber, andar en bicicleta... Y poco a poco la mujer se fue colando en rincones que antes les estaban vetados. Todo lo que antes se denominaba "femenino" (coser, cuidar de los hijos, atender la casa) fue menospreciado y minusvalorado. Las feministas se negaban a encadenarse en casa como sus madres y sus abuelas, y la lucha con el resto de mujeres empezó. Los hombres se sintieron amenazados. Se extendió la imagen de la feminista "machorra", lesbiana o asexual, que odiaba a los hombres y que soñaba con tener pene. La mujer tomó el terreno del hombre, pero el que hasta entonces había sido el terreno de la mujer quedó vacío.
Luego llegó una nueva tendencia. Las feministas reivindicaron su derecho a ser mujer desde lo femenino. Querían tener los mismos derechos que los hombres, pero también querían quedarse en casa con sus hijos. Querían que cuidar de los demás fuera visto como algo tan importante como traer dinero a casa, que parir fuera enaltecido como el trabajo más importante de la sociedad. Esas mujeres miraban (miran) mal a las que deciden no tener hijos, a las que no quieren quedarse en casa, a las que prefieren trabajar fuera a cuidar de los suyos. Huelga decir que entre el primer y el segundo grupo surgieron tiranteces. A todas se las llama feministas, pero no creo que existan dos grupos de mujeres más enfrentados en la historia.
Yo abogo, aquí como en todo, por el camino del medio. Mi feminismo viene guiado por la teoría de género, y va dirigido tanto a hombres como mujeres. Según mi hermano, soy lo que algunas de las mujeres y muchos hombres llaman "feminazi"; como él mismo ha dicho, me siento halagada cada vez que se dirigen a mí con este epíteto porque siento que algo estoy haciendo bien. Mi feminismo no diferencia hombre de mujer, femenino o masculino. Me gustaría vivir en una sociedad en la que el hecho de mear de pie o sentada no marcara tu destino. Un mundo en el que los hombres puedan tocarse, abrazarse y besarse como hacemos las mujeres sin que se les tache de maricones (y no digamos un mundo en el que la palabra maricón desaparezca). Un mundo en el que no se trate de distinta manera a una niña o a un niño, en el que los niños, si les da la gana, puedan ponerse un vestido rosa para ir a clase y nadie piense nada raro. Luchamos contra el racismo, y somos conscientes de que juzgar a alguien por el color de su piel está mal, pero aún seguimos juzgando todo a nuestro alrededor dependiendo de lo que cuelga o no entre las piernas, como si eso importara lo más mínimo.
En mi mundo ideal, los hombres se quedan en casa cuidando a sus hijos (o no) y el resto del mundo no les llama mantenido, vividor o aprovechado. Las mujeres tienen la opción de ser madre o no dependiendo de sus gustos y sus circunstancias. Aquellas a las que les guste quedarse en casa no reciben miradas acusatorias de sus compañeras, y las niñas que son hábiles y fuertes no van vestidas con vestiditos blancos llenos de florecitas con sus madres gritando que no se manchen. Los niños son delicados (o no), las mujeres son fuertes (o no), y todos y todas hacemos y somos lo que nos da la gana porque somos distintos y es imposible ser iguales, seamos hombres o mujeres. Lo único que podemos hacer las mujeres que a los hombres les está vetado es quedarnos embarazadas. En el resto de cosas, deberíamos tener todas las puertas abiertas.
Os dejo un vídeo precioso que nos pusieron en un curso de coeducación. Si tenéis un cuarto de hora, disfrutarlo, merece la pena. Ya me diréis que os parece. Y si no podéis verlo ahora y queréis buscarlo en youtube, poned "vestido nuevo" e ignorad el comentario que dice que habla de la homosexualidad en el colegio.
Thursday, July 22, 2010
Friday, July 16, 2010
Semana Negra de Gijón 2010
¡Qué bonito que ye Asturias, madre!
Ya estoy de vuelta. Ah, que no sabíais que me había ido. Pues sí, me fui y ya volví. Cuatro días de viaje, pero doce horas de tren entre la ida y la vuelta, así que en realidad solo fueron dos días enteros, que saben a poco pero te dejan con ganas de volver el año siguiente, que de eso se trata. Curioso, llevé el diario de viaje que llevo siempre conmigo y, al leer la entrada de Gijón del año pasado, me encontré casi con esas mismas palabras: el año que viene tengo que venir más días. Pero no he hecho caso a mi yo del pasado. La cosa es no escuchar a mis mayores.
Este año he estado entre Gijón y Oviedo, visitando a los que fueron mis roommates en los USA antes de que se vuelvan para allá. Durante el día, playa (qué frío, madre), paseo, comida abundante y grata compañía. Y por la tarde, poco antes de la puesta de sol, Semana Negra. Ay. Suspiro. Qué gozada, madre.
He andado entre libros, libreros, autores y admiradores (y gente a la que las carpas de los escritores parecían molestarles, porque no era un tío vivo en el que montarse). En uno de los puestos de libros, el de la librería Negra y Criminal, se me ocurrió pedirle al librero que me recomendara algo para leer. "Con una condición", me dijo, "que no te sientas obligada a comprar nada de lo que te diga". Pero cómo no comprarlos, con la pasión con la que hablaba. Por dios, si se pasó media hora recomendándome libros que ni siquiera tenía; vamos, que no lo hacía por vender. Tuve la sensación de haber muerto y estar en el cielo, y aquel hombre era mi dios. Yo, que no creo en nada, encontré el paraíso en la Tierra, y se llama Negra y Criminal. Los que vivís en Barcelona, no sabéis lo afortunados que sois. Seis libros le compré a aquel librero tan majo del que no sé el nombre. Casi me pidió perdón.
También atendí a un par de presentaciones, y me perdí otras tantas que me hubiera gustado escuchar. Juan Ramón Biedma se llevó el premio del director y me firmó su libro, El humo en la botella, que tiene una pinta estupenda, y a Julio Murillo tuve que comprarle dos ejemplares de su thriller histórico Oricalco, porque me gustó tanto la presentación que hizo y el artículo suyo que leí que, aunque huele a Código DaVinci o similar (pero con más rigor histórico, seguro), tuve que comprar uno para mí y otro para una amiga. También compré uno de Willy Uribe, que andaba por la feria, pero no tuve paciencia para buscarlo y hacer que me lo firmara. El año que viene, que ese es un fijo.
Y lo mejor: igual que me ocurrió el año pasado, he vuelto con unas ganas locas de escribir. Hoy he madrugado (¡en vacaciones!) y me he pasado dos horas delante del ordenador, escribiendo. Hacía tanto tiempo que no lo hacía que no encontraba ni las letras. Sigo divirtiéndome con un proyecto que no verá la luz pero espero lean algunos, y sobre todo voy entrenando el músculo. Vuelvo a ser yo. Qué ganas, madre.
Necesito ferias de novela (negra, blanca o amarilla). Necesito el ambiente que allí se respira. Necesito libros. Aparte de los veintidós que tengo en casa aún por leer.
Ya estoy de vuelta. Ah, que no sabíais que me había ido. Pues sí, me fui y ya volví. Cuatro días de viaje, pero doce horas de tren entre la ida y la vuelta, así que en realidad solo fueron dos días enteros, que saben a poco pero te dejan con ganas de volver el año siguiente, que de eso se trata. Curioso, llevé el diario de viaje que llevo siempre conmigo y, al leer la entrada de Gijón del año pasado, me encontré casi con esas mismas palabras: el año que viene tengo que venir más días. Pero no he hecho caso a mi yo del pasado. La cosa es no escuchar a mis mayores.
Este año he estado entre Gijón y Oviedo, visitando a los que fueron mis roommates en los USA antes de que se vuelvan para allá. Durante el día, playa (qué frío, madre), paseo, comida abundante y grata compañía. Y por la tarde, poco antes de la puesta de sol, Semana Negra. Ay. Suspiro. Qué gozada, madre.
He andado entre libros, libreros, autores y admiradores (y gente a la que las carpas de los escritores parecían molestarles, porque no era un tío vivo en el que montarse). En uno de los puestos de libros, el de la librería Negra y Criminal, se me ocurrió pedirle al librero que me recomendara algo para leer. "Con una condición", me dijo, "que no te sientas obligada a comprar nada de lo que te diga". Pero cómo no comprarlos, con la pasión con la que hablaba. Por dios, si se pasó media hora recomendándome libros que ni siquiera tenía; vamos, que no lo hacía por vender. Tuve la sensación de haber muerto y estar en el cielo, y aquel hombre era mi dios. Yo, que no creo en nada, encontré el paraíso en la Tierra, y se llama Negra y Criminal. Los que vivís en Barcelona, no sabéis lo afortunados que sois. Seis libros le compré a aquel librero tan majo del que no sé el nombre. Casi me pidió perdón.
También atendí a un par de presentaciones, y me perdí otras tantas que me hubiera gustado escuchar. Juan Ramón Biedma se llevó el premio del director y me firmó su libro, El humo en la botella, que tiene una pinta estupenda, y a Julio Murillo tuve que comprarle dos ejemplares de su thriller histórico Oricalco, porque me gustó tanto la presentación que hizo y el artículo suyo que leí que, aunque huele a Código DaVinci o similar (pero con más rigor histórico, seguro), tuve que comprar uno para mí y otro para una amiga. También compré uno de Willy Uribe, que andaba por la feria, pero no tuve paciencia para buscarlo y hacer que me lo firmara. El año que viene, que ese es un fijo.
Y lo mejor: igual que me ocurrió el año pasado, he vuelto con unas ganas locas de escribir. Hoy he madrugado (¡en vacaciones!) y me he pasado dos horas delante del ordenador, escribiendo. Hacía tanto tiempo que no lo hacía que no encontraba ni las letras. Sigo divirtiéndome con un proyecto que no verá la luz pero espero lean algunos, y sobre todo voy entrenando el músculo. Vuelvo a ser yo. Qué ganas, madre.
Necesito ferias de novela (negra, blanca o amarilla). Necesito el ambiente que allí se respira. Necesito libros. Aparte de los veintidós que tengo en casa aún por leer.
Sunday, July 11, 2010
Diario
Todas las decisiones que tomamos afectan a los demás. Todas. Algunas veces nos damos cuenta; otras, no somos conscientes. Cada vez que nos movemos en una dirección, cambiamos el curso de otra vida. No vivimos en una burbuja. Hoy, donde antes había muerte, hay vida. Antes había dolor, hoy hay esperanza. Sólo una mujer puede ser el centro del universo. Todo a su debido tiempo. Yo no lo seré. No lo soy. Quizás lo sea. Más bien no. El mundo no gira a mi alrededor. Lo prefiero así.
El chantaje emocional es la más peligrosa de las armas. Usada debidamente, puede destruir decenas de vidas a lo largo del tiempo. Hay que ser muy hábil para esquivar las balas. Aprenderé alguna vez. Tengo que hacerlo, porque me están volviendo loca. Dice una amiga que acaba de descubrir su poder para cambiar las cosas que están mal en su vida. El problema viene cuando lo que está mal en tu vida son las personas. A ellas no se las puede cambiar si ellas no quieren. Tendré que cambiar yo.
Hace calor y siento que todos los poros de mi cuerpo sudan...
El chantaje emocional es la más peligrosa de las armas. Usada debidamente, puede destruir decenas de vidas a lo largo del tiempo. Hay que ser muy hábil para esquivar las balas. Aprenderé alguna vez. Tengo que hacerlo, porque me están volviendo loca. Dice una amiga que acaba de descubrir su poder para cambiar las cosas que están mal en su vida. El problema viene cuando lo que está mal en tu vida son las personas. A ellas no se las puede cambiar si ellas no quieren. Tendré que cambiar yo.
Hace calor y siento que todos los poros de mi cuerpo sudan...
Sunday, July 04, 2010
4 de julio
Hoy es cuatro de julio en Estados Unidos. Sí, ya sé que es cuatro de julio en todo el mundo, pero aquí nos la trae al pairo, a no ser que sea el día que te coges las vacaciones (que no creo, siendo domingo), tu cumpleaños o el de tus hijos. Fíjate, que después de siete años allende los mares debería habérseme quedado algo de orgullo patrio en este día, pero no. Claro que tampoco celebro el doce de octubre, ni ese día que ha elegido Patxi como día de todos los vascos, que no sé ni en qué mes cae, cómo lo voy a celebrar. Pero en los USA es 4 de julio, y desde aquí les saludo. Un poquito, al menos.
No recuerdo ningún cuatro de julio especial. Un motivo para ello es que, en los primeros años, para esas fechas yo ya estaba de vacaciones en Vitoria. Cuando empecé a trabajar en el calendario circular (tres meses de trabajo y uno de vacaciones, en lugar de todas las vacaciones al mismo tiempo), sí que me tocó estar allí durante las celebraciones. Pero aún así, no hay ninguna imagen que me asalte, que relacione con este día. Hacíamos barbacoas, sí. Y había fuegos artificiales. Pero como al día siguiente había que trabajar, tampoco se podían hacer estragos.
Aún así, este es el día que elegí para volver, para no olvidar nunca la fecha de mi regreso. Hoy hace cuatro años que dije adiós a esas tierras. Bueno, mejor dicho un hasta luego, porque no fueron en absoluto malos ratos y King City se convirtió en mi segunda casa. Soy un poco americana, me temo (un poco; solo un poco), y mal que me pese, siempre me importará lo que pase al otro lado del océano. Por eso hoy me acuerdo de ellos. No hondeo banderas, no soy de esas, pero me encantaría tener una pequeña barbacoa que llevarme a la boca, con ese sol californiano calentándome la cara y sabiendo que ahí al lado tengo la piscina para cuando me acalore demasiado. Las cosas buenas se echan de menos.
No recuerdo ningún cuatro de julio especial. Un motivo para ello es que, en los primeros años, para esas fechas yo ya estaba de vacaciones en Vitoria. Cuando empecé a trabajar en el calendario circular (tres meses de trabajo y uno de vacaciones, en lugar de todas las vacaciones al mismo tiempo), sí que me tocó estar allí durante las celebraciones. Pero aún así, no hay ninguna imagen que me asalte, que relacione con este día. Hacíamos barbacoas, sí. Y había fuegos artificiales. Pero como al día siguiente había que trabajar, tampoco se podían hacer estragos.
Aún así, este es el día que elegí para volver, para no olvidar nunca la fecha de mi regreso. Hoy hace cuatro años que dije adiós a esas tierras. Bueno, mejor dicho un hasta luego, porque no fueron en absoluto malos ratos y King City se convirtió en mi segunda casa. Soy un poco americana, me temo (un poco; solo un poco), y mal que me pese, siempre me importará lo que pase al otro lado del océano. Por eso hoy me acuerdo de ellos. No hondeo banderas, no soy de esas, pero me encantaría tener una pequeña barbacoa que llevarme a la boca, con ese sol californiano calentándome la cara y sabiendo que ahí al lado tengo la piscina para cuando me acalore demasiado. Las cosas buenas se echan de menos.
To the States
To the States or any one of them, or any city of the States,
Resist much, obey little,
Once unquestioning obedience, once fully enslaved,
Once fully enslaved, no nation, state, city of this earth, ever
afterward resumes its liberty.
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