Wednesday, August 25, 2010

San Francisco

Mark Twain tenía más razón que un santo.

Llegamos a Frisco y nos tuvimos que poner los pantalones largos, los calcetines, el jersey, la cazadora y la bufanda, y aún así hacía frío, porque por mucho que te abrigues la humedad del Pacífico te entra en los huesos y la niebla te nubla el termostato. Tratamos de encontrar un sitio donde cenar ligero después de las mini raciones del avión y terminamos sentados delante de un plato de rost beef bien cortado, con su puré de patatas y su acompañamiento de salsa grasosa, como mandan los cánones. Aquella noche dormimos como reyes en una cama que no desmerecía a la de un hotel de cinco estrellas, aunque estoy convencida de que habríamos dormido igual en una tabla rasa.



Pero, ¡horror!, a las cinco del día siguiente ya estábamos despiertos, y a falta de tiendas abiertas hicimos lo siguiente mejor: irnos a desayunar un desayuno típicamente americano. Que nos pasáramos las vacaciones metiéndonos tremendos desayunos de este pelo puede que explique el hecho de que no me valga la ropa que dejé en Vitoria, pero eso es harina de otro costal y no vale la pena elucubrar.



Y luego llegó el barrio chino, y el italiano, y el Golden Gate a lo lejos, y el Bay Bridge, que es aún más bonito que el primero pero no tan famoso, aunque no sé por qué. Y, por si hubiera hambre, nos fuimos a comer a un indio-irlandés donde las pintas estaban a seis dólares y pico y el plato de curry a cinco, para equilibrar la cuenta. El resto de la tarde la pasamos haciendo la digestión. Y paseando. Y pensando en lo cansados que estábamos a pesar de ser las siete de la tarde.



Pero qué bien se duerme en el Kensington Park, madre.

Monday, August 23, 2010

Aduana

Y es que pasar la aduana de Estados Unidos no es nada fácil, al menos para los hombres, y si ya eres un poco moreno, ni te cuento. Hace tres años sufrimos un ataque de ansiedad por culpa de una tía torda que nos dio una tarjeta de embarque hecha a mano, con la que no nos dejaban pasar en Philadelphia. Este año, un nombre y apellidos demasiado comunes nos dieron lata en San Francisco.

-¿Ha estado usted alguna vez en Estados Unidos?
-No.
-¿Ha pedido alguna vez un visado para trabajar aquí?
-No.
-¿Ha venido usted antes a este país?
-No.
-Tendrá que pasar por inspección secundaria. Seguro que es un error, pero me sale alguien con su mismo nombre que ha pedido visado.

Fueron amables, y nosotros íbamos tranquilos porque sabíamos que no habíamos hecho nada y ellos sabían que era un error. "There must be a lot of tocayos out there", nos dijo el hispano que no hablaba español en la inspección secundaria. Y así fue. Después de preguntar lo mismo media docena de veces, media hora eterna tras un vuelo de doce horas, nos dejaron salir con un "enjoy your trip" al frío de San Francisco. Nos acordamos de la frase de Mark Twain: "El invierno más frío que pasé fue un verano en San Francisco". La madre que parió al pacífico y su brisa.

Friday, August 20, 2010

Regreso

¿Cómo puede una volver sin haber dicho antes que se iba? Pues sí, así soy yo, una "malqueda", que decía alguien de mi pasado (no recuerdo quién). Me he ido quince días a repetir las vacaciones de hace tres años, a ver a viejos amigos y a asistir a una boda oficiada por Elvis (que sigue vivo). Fotos y comentarios en próximos posts.

Los viajes largos te recuerdan, por si te habías olvidado, que los años no pasan en balde. Antes hacía este viaje tres veces al año, y tan tranquila, oiga. Hoy me he levantado a las dos de la tarde -tras 23 horas de viaje y llegar a casa a las cinco de la mañana- y todavía no sé si debo desayunar, comer, merendar o meterme otra vez a la cama. Aparte de que tengo los tobillos como botas y me duele hasta respirar. Qué duro es hacerse mayor.

El gato bien, gracias.