Friday, November 26, 2010

Viernes con sabor a sábado.

Hoy mi ikastola celebra el día del maestro (que debería llamarse "de la maestra", dado que el noventa por ciento somos mujeres) y yo tengo fiesta. Había planeado mil cosas para hacer en uno de esos días en los que para mí es festivo y para los demás no, pero al final me ha vencido el sueño y todos mis planes se van al garete. Soy persona de mañana (traducción literal de "a morning person", ya me vale), las tardes me gustan para sentarme a leer y ver no-nevar por la ventana. Los recados, antes de comer. La tarde, descanso del descanso.

Sueño con el día en que todos mis días tengan sabor a sábado. El día que me toque la lotería, por ejemplo -pero un euromillones, porque con la de Navidad no vamos lejos-, o el día que me jubile, aunque queda lejos. Por un lado estoy deseando no volver a tener que madrugar; por otro, el trabajo nos hace ¿libres?, ¿humanos?, ¿útiles?, y ¿dignifica?, no me imagino de vacaciones eternas. Buscaría quehaceres. Me dedicaría a estudiar, o al voluntariado, y entonces volvería a madrugar y a protestar porque no me gusta madrugar. Pero me gusta hacer cosas. No soy patata de sofá (otro anglicismo, permitídmelo, por favor), no soy persona que se contente con estar sentada todo el día. Quiero aprovechar mi tiempo y trabajo mejor bajo presión. Aunque es cierto que ando escasa de tiempo y me gustaría que el día tuviera veinticuatro horas a partir de que me despierto, no contando las de sueño.

Estoy más tranquila últimamente. Me he convencido de que todavía soy joven, que tengo mucha vida por delante y que no hay nada, NADA, que me impida llevar a cabo mis sueños, excepto yo misma, claro. Me resigno a mis bajones -porque soy persona de bajones, aunque de naturaleza optimista-, pero voy buscando armas para luchar contra ellos. Ahora solo queda encontrar esos sueños. Saber hacia dónde me dirijo y qué es lo que quiero. Y hacer lo posible por llegar.

Viernes con sabor a sábado. Fin de semana largo. Harry Potter en cines. Y función de teatro. Todo está a mi favor. Ahora solo falta saber aprovecharlo.

Wednesday, November 17, 2010

Risa

La risa adelgaza. ¿La risa adelgaza? No me refiero a esa medio sonrisa y ese sonido indefinido que nos sale de vez en cuando, sino a esas carcajadas que te doblan por la mitad, te hacen llorar y te dejan el cuerpo dolorido un par de días. Ese dolor son agujetas, ¿no? Por tanto la risa es el equivalente natural de hacer abdominales. No sé cuántas calorías se gastan por cada treinta segundos de risa, pero desde luego te dejan más cansada que media hora corriendo. Quizás no tanto como cuarenta abdominales, pero no sé, por ahí andará.

A ver si alguien lo descubre de una maldita vez y consigue un método para perder peso basado en la carcajada. Estaría todo el mundo más delgado que un pirulí.

Saturday, November 13, 2010

13 de noviembre

Hoy cumplo treinta y cinco años. Mi plan para hoy era levantarme pronto -las nueve, o así- para alargar MI día. Pero han llegado las nueve, y las diez, y las diez y media, y a mí no me ha dado la gana de levantarme. Por fin, a las once y después de muchas horas de sueño, he sacado los pies de la cama. El día ahí fuera es precioso, ni una nube. Dicen que hoy vamos a tener hasta veinte grados, pero no quiero ilusionarme. Llevaré el abrigo de invierno, ya me lo quitaré si calienta.

El plan del día empezaba con limpiar la casa, pero como me he levantado tarde me ha dado pereza y he pensado que mejor mañana. La casa es un desastre, no podré invitar a nadie a pastas hoy. Luego pasaré por Goya y cogeré una tarta pequeña para mí y para mi madre, porque mi hermano no está. Mi madre es diabética, así que la tarta tendrá que ser muy pequeña si no quiero ponerme del tamaño de un cachalote. Pero antes debería ponerme a escribir.

Y ahí está el problema.

No sé si es porque estoy en un momento extraño en mi vida (me están pesando mucho los treinta y cinco, y eso que no llevo ni una hora despierta con ellos), porque ya había perdido la costumbre de escribir o porque la presión de escribir porque sí ya no me gusta y prefiero tomarme mi tiempo para hacerlo "bien". No sé qué es, pero sé que le estoy cogiendo manía a mi historia, y no es mala -no necesariamente-, pero yo sí. Ya lo he dicho. No valgo para escribir esta historia. No valgo, porque a todos los personajes les pasan cosas, y a mí no me pasa nada. Me lo puedo inventar, sí, pero nunca sabré cómo se siente una mujer maltratada (que encima no sabe que lo es), o una divorciada que ha perdido un hijo y ahora se enfrenta a un cáncer de útero, o un homosexual que no ha salido del armario ni para sí mismo. No digamos ya lo de mostrar cómo se relacionan entre ellos, o explicar de mala manera por qué cada uno es como es. He apuntado demasiado alto y demasiado amplio. Debería centrarme en uno solo de esos personajes. Pero no, porque lo que quiero mostrar es una familia aparentemente perfecta donde todos están completamente destrozados por dentro. Y todo por culpa del padre. Sociedad patriarcal llevada al extremo.

He desvelado demasiado, pero me da igual. Total, guardar el secreto de la obra nunca me ha servido para terminarla. Esta irá al cajón virtual de lo no acabado con su diez mil escasas palabras. Y qué. El mundo no necesita otra novela, necesita paz mundial. Y la autodeterminación del Sahara, pero otra novela no.

Treinta y cinco. Qué mal me han caído, por dios.

Sunday, November 07, 2010

Diario

Es domingo. Me encantan los domingos. Me encierro en mi casa y solo hago lo que yo quiero. No salgo, no veo a nadie, no me mandan horarios externos, solo los míos. Yo, mi, me, conmigo. Ojalá todos los días fueran domingo.

El viernes tuve un enfrentamiento con un niño de siete años. Me alegro mucho de que no dejen pegar a los maestros, porque si se me llega a escapar la mano, él está en el hospital y yo en la cárcel. Tuve que repetir varias veces "aquí mando yo". Su respuesta: tú a mí no me mandas. Y sé que tiene razón.

Ayer fui a ver una serie de performances de teatro experimental. No entendí absolutamente nada, pero me encantaron. Creo que, cuando se trata de teatro experimental, no es cuestión de entender, sino de sentir. Sentí arcadas -todavía hoy, cuando recuerdo cierta escena-, sentí miedo, sentí tensión. También indiferencia, pero alguien que iba conmigo se entusiasmó, así que no era necesariamente malo. Eso es el arte, supongo, que cada uno lo entienda de manera diferente.

Queda una semana para mi cumpleaños. Cumplo treinta y cinco. Estoy pasando una crisis, pero no sé si es la de los treinta tardía o los cuarenta temprana. Espero que esto signifique que me salto una crisis, porque si dentro de cinco años tengo que pasar por otra voy a hacer rica a mi psicóloga. Qué cosas, oye. Crisis. La palabra maldita.

Cambian las reglas ortográficas, pero yo a la "y" la voy a seguir llamando y griega, porque me gusta. Ye. Soy la chica y y. Je, je. En fin. Es domingo. He dormido demasiado. Ya no se tilda la o. Jon, ¿me oyes? Ya no se tilda la o. Nunca. Jamás.

Sigo escribiendo, y, aunque es malo, sé que tiene arreglo. Estoy creando tanto personaje despreciable que empiezo a pensar que hay algo de ellos dentro de mí, no es normal que salga tanta mierda de un sitio limpio. Uno de ellos tenía que dar pena; en lugar de eso, da asco. No sé si están tomando vida propia o es que no sé controlarlos. Un poco de todo, supongo.

Domingo. Hace frío en casa. La calefacción a tope y el gato en el radiador...