Y otra vez llega la primavera, como todos los años, porque la primavera llega siempre, las que puede que no lleguemos somos nosotras (y nosotros; inclúyanse en el femenino, háganme el favor). Calorcito, sol, pajaritos piando, bla, bla, bla, pero al final el año sigue siendo el mismo y lo que cuenta es lo que una haga con su tiempo, no el tiempo que haga.
Sigo sin escribir. Digo "sigo", pero no sé realmente si lo he vuelto a dejar o es que lo dejé hace tanto que ya ni lo recuerdo. Mi lado defensivo, ese que se excusa ante todos los ataques, dirá que no se pueden estudiar una carrera y oposiciones y encima escribir una novela; mi yo verdadero, ese que me ataca en sueños de vez en cuando, reconoce que no escribo porque no me da la gana, porque no estoy inspirada, porque quien no escribe no puede volver a ponerse a ello así, de la noche a la mañana. Lo peor (o lo mejor, por eso de la salud mental y tal) es que no lo echo en falta. No lo echo de menos. Ahora me ha dado por la lingüística y me sorprendo a mí misma ideando teorías, en lugar de buscar algo que contar en formato novela o relato.
De hecho, ni siquiera leo. Me he dado cuenta de que, aunque me leyera un libro a la semana, nunca, NUNCA, podría leer todos los libros que quiero leer, porque de cada uno salen cinco, y luego te cambia el humor y ya no quieres leer ese género, quieres leer otro, y luego te cansas, y ya no quieres leer punto, pero te sientes culpable, porque tú eres lectora, y por dios cómo no me voy a leer todas las obras de Virginia Woolf en versión original y con medio libro de notas. Y luego llega agosto, con su piscinita y sus libros de encefalograma plano, y una se siente culpable porque qué hago yo leyendo una de chic lit cuando podría estar leyendo cualquier otra cosa. Vamos, que la historia es sentirse culpable.
Y ahora me voy a estudiar, que es lo que tienen los domingos remolones, y luego seguiré con una colcha de patchwork que me he propuesto terminar esta semana (solo la parte de arriba, ¿eh?, que el acolchado necesita meses). Y luego quizás, solo quizás, me tire en el sofá a leer Dubliners, que habrá que aprovechar que por fin he encontrado un libro de James Joyce que me gusta (y entiendo, ejem) y a ver si lo termino.
Y eso, que aquí sigo, o seguiré hasta que los hados (que no las hadas, que son distintas) me lo permitan.
Sunday, April 17, 2011
Wednesday, April 06, 2011
This is fabric?
Tania es una pitufilla que cumplió siete años en febrero. Si tuviera que describirla con una sola palabra, sería "burbujeante". Toda ella es vida, toda ella energía. El primer día de clase con ella, casi me da un infarto. Este año estoy deseando que me toque su clase para verla.
A Tania le encanta el inglés. Lo disfruta como la enana que es, intenta hablarlo constantemente, con su media lengua y toda su buena intención. Su clase no es una clase que sepa estar quieta y escuchando, hay que mantenerlos entretenidos todo el rato, y ella es el mejor ejemplo. Allí todo son juegos, algo que les haga hablar. Y Tania es, hablando mal y pronto, la puta ama.
Ayer terminó la clase y ella se fue a la puerta para esperar a su tutor. Se me quedó mirando mientras yo recogía las cosas con esa cara de pilla que tanto me gusta y sonrió.
-Ruth, come here (gesto con dedo incluído).
-Okay. (Voy hasta ella.)Yes, Tania?
(Tania me coge de la bata.)
-This is fabric?
-Yes, Tania, this is made of fabric. (Hemos aprendido los materiales de las cosas.)
(Me coge del pelo.)
-This no fabric.
-No, this is hair. It's on my head. (Estamos dando el cuerpo.)
-Okay. Goodbye.
No es Shakespeare, no va a ir a la universidad el año que viene, no le sirve para aprobar ningún examen. Pero se comunica. Y habla. Y le gusta. Estaba probando su capacidad de comunicarse con alguien, y lo consiguió. Y a mí, que la veo sólo dos horas y media a la semana, se me caía la baba cual madre orgullosa, así que no me quiero imaginar cómo les tendrá en casa.
(Voy a advertirle al tutor que si un día no la encuentra me la he llevado yo...)
A Tania le encanta el inglés. Lo disfruta como la enana que es, intenta hablarlo constantemente, con su media lengua y toda su buena intención. Su clase no es una clase que sepa estar quieta y escuchando, hay que mantenerlos entretenidos todo el rato, y ella es el mejor ejemplo. Allí todo son juegos, algo que les haga hablar. Y Tania es, hablando mal y pronto, la puta ama.
Ayer terminó la clase y ella se fue a la puerta para esperar a su tutor. Se me quedó mirando mientras yo recogía las cosas con esa cara de pilla que tanto me gusta y sonrió.
-Ruth, come here (gesto con dedo incluído).
-Okay. (Voy hasta ella.)Yes, Tania?
(Tania me coge de la bata.)
-This is fabric?
-Yes, Tania, this is made of fabric. (Hemos aprendido los materiales de las cosas.)
(Me coge del pelo.)
-This no fabric.
-No, this is hair. It's on my head. (Estamos dando el cuerpo.)
-Okay. Goodbye.
No es Shakespeare, no va a ir a la universidad el año que viene, no le sirve para aprobar ningún examen. Pero se comunica. Y habla. Y le gusta. Estaba probando su capacidad de comunicarse con alguien, y lo consiguió. Y a mí, que la veo sólo dos horas y media a la semana, se me caía la baba cual madre orgullosa, así que no me quiero imaginar cómo les tendrá en casa.
(Voy a advertirle al tutor que si un día no la encuentra me la he llevado yo...)
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