Wednesday, December 28, 2011

Diatribas vacacionales de una fan obsesa con demasiado tiempo libre

Estos días me estoy dando cuenta, más que nunca, de que la realidad que nos rodea está muy condicionada por la forma en que la miramos, y cada persona la mira de forma distinta dependiendo de sus circunstancias y sus intereses personales. En mi caso, por ejemplo, mi visión está condicionada por una fuerte convicción feminista que refuerzo cada día y que, aunque suene a contradicción, se va calmando en el sentido de que ya no me tiro al cuello de nadie que no piense como yo. He aprendido a que cada uno y cada una tiene que llegar a sus propias conclusiones, y si no coinciden con las mías, allá ellos, ya encontrarán el camino correcto algún día (je, je). Para mí, todo lo que pasa ante mis ojos tiene dos lecturas, una superficial y otra feminista. Y cuando digo todo, quiero decir todo: no puedo ver un simple programa de televisión sin analizarlo.
Lo que me lleva a la nueva ida de tarro de hoy.
Aprovechando que tengo fiesta y que mis series favoritas están en parón navideño, me he puesto a ver Firefly de nuevo. Siempre he pensado, como ya he expuesto aquí antes, que esta es una serie genial y digna de llamarse feminista, pero la segunda revisión me ha confirmado aún más esta sensación. Ayer vi la escena que pongo a continuación, y entonces me di cuenta de que uno de los personajes más infravalorados de la serie es, quizás, el más valioso en términos de reforzar lo femenino:



Curioso que sea en esta escena, en la que dos tíos se disputan a una "acompañante" profesional (Mal Reynolds, supuestamente, respeta a Inara como persona, pero no hace más que llamarla puta cada vez que encuentra la ocasión, y el otro es simplemente asqueroso). Kaylee es la mecánica de la nave, poco más que una niña pero con un gran conocimiento sobre naves espaciales gracias a ayudar a su padre en el taller. Es como una florecilla silvestre, le encantan los vestidos con volantes y la idea del amor romántico, y es tan positiva y tan feliz que a veces se hace hasta empalagosa. En este capítulo, el capitán Reynolds necesita ir a un baile de gala por cuestiones de trapicheos varios y decide llevar a Kaylee para congraciarse con ella, tras haberla ofendido antes. Kaylee está encantada porque tiene la oportunidad de ver algo bonito y ponerse guapa, como cualquier adolescente, pero con un matiz: no se pone guapa para nadie, sino para ella misma. Aprecia la belleza en las otras mujeres, le encanta su vestido porque ella se ve guapa, y solo se le cae la cara cuando otra mujer se mofa de ella (minuto 2:00, más o menos), no cuando un chico le da la espalda. Pero la parte que más me gusta de esta escena es cuando se ve rodeada de hombres (minuto 7:00), no por guapa o por lo bien que baila, sino por lo que dice. Es una experta en su campo, sabe más de motores que cualquier hombre, y todos quieren escucharla. Cuando un chico intenta cortejarla y sacarla a bailar, otro hombre le dice: "¡calla, chico, no ves que está hablando!" Me encanta. Sencillamente, me encanta. Por no hablar de que Kaylee comiendo fresas resulta mucho más sensual que cualquier truco de la profesional Inara con sus clientes.
Kaylee se valora a sí misma. Está orgullosa de su trabajo, orgullosa de sus amigos y amigas, orgullosa de su cuerpo. Me llevé una sorpresa tremenda cuando vi fotografías de la actriz que la interpretaba, Jewel Staite, porque la verdad es que es una preciosidad y en la serie no parece gran cosa; incluso tuvo que engordar para acceder al personaje de Kaylee, lo que me parece un acierto (cómo estaría Jewel, madre, porque si Kaylee está gorda... En fin). Y ahí es precisamente donde está la grandeza de esta serie: ninguno de los personajes femeninos (a excepción de Inara, que va más pintada que una puerta pero porque lo pide el personaje) va de guapa. Son guerreras, son mecánicas, son adolescentes maltratadas. No son modelos.
Zoe mola mazo y será siempre mi personaje favorito, pero Kaylee ha subido un par de puestos. Quién sabe, quizás al ritmo que va termine desbancando a los mismísimos Wash o River; de momento, muy por encima del capitán, dónde vamos a parar.

Monday, December 26, 2011

Libros de 2011

Iba a esperar unos días para poner la lista de los libros leídos este año, pero dudo mucho que en tres días termine ninguno más, teniendo en cuenta que estoy con un par que no desmerecen a la Biblia. Este año ha sido un poco extraño en lo que a lecturas se refiere. De enero a junio he leído mucho menos que otros años, por eso de preparar oposiciones y acabar el día demasiado cansada para hacer nada; de junio a diciembre, sin embargo, recuperé la sana costumbre con ansia, así que al final he leído la misma cantidad de libros que en otros años, pero más concentrados. También me ha dado por ampliar un poco los géneros y los idiomas; al castellano y el inglés les he unido este año el euskera, idioma en el que no leía porque me costaba mucho por falta de práctica y al que ya le he cogido el tranquillo. Aparte de novela he leído otro tipo de libros, algunos de no-ficción (algo muy raro en mí). Y cómics, también han caído cómics. Vamos, que ocupada he estado un rato.

Ahí va mi lista; mejor dicho, listas, que va por géneros.

No ficción:

  • Migraña: una pesadilla cerebral, Arturo Goicoechea: Parecerá una tontería (y probablemente lo sea), pero después de leer este libro dejé el tratamiento de la migraña y no he vuelto a tener ninguna de la categoría de las que tenía antes. No sé si será el efecto placebo, y me da igual. A mí me ha funcionado.


  • Tu primer millón, Pedro Queiroga: Ahorra todo lo que puedas (hasta el punto de reducir tus necesidades a lo mínimo), inviértelo en bolsa y muérdete las uñas esperando a que crezca sin perderlo. Vamos, una pérdida de tiempo y dinero. Más me hubiera valido invertir los veinte euros que me costó en, no sé, pipas.


  • Cambia tu cerebro, cambia tu cuerpo, Daniel G. Amen: En mi defensa diré que estaba pasando por una etapa de bajo ánimo cuando compré el libro. Una sarta de perogrulladas que no hacían más que contradecirse unas a otras y que terminaron de ponerme de mala leche. Otra pérdida de tiempo y dinero.


  • Telesailak, Varios autores: Un entretenidísimo estudio sobre algunas de las series de televisión americanas más conocidas desde el punto de vista de distintos escritores. Muy ameno. Recomendable a todo el que sepa euskera, porque me temo que no hay traducción.


  • Ficción:

  • Poem a Day, Anthology: Antología de poemas entre las que descubrí algunas joyas. Mi único acercamiento a la poesía de este año, aunque me esperan obras de Emily Dickinson y Keats entre los libros por leer. A ver si caen.


  • The Reader, Berhard Schlink: Preciosa, conmovedora, sorprendente. Recomendadísima. En mi completa estulticia, lo compré en inglés sin saber que el original estaba en alemán.


  • The Road, Cormac McCarthy: Otra maravilla. Historia depresiva y nihilista como las haya, me hizo pasar hambre, frío y angustia, pero de eso se trataba, ¿no?


  • ¡Chúpate esa!, Christopher Moore: Último libro que leo de este hombre. Supongo que él siempre ha escrito así, que la que ha cambiado he sido yo, pero me pareció tan horrible que hasta le grité. Al libro. Y a él un poco, por Twitter.


  • Pasio hutsa, Annie Ernaux (no sé cuál es el título original): Me lo pasó una amiga. Fácil de leer, tengo buen recuerdo aunque ni siquiera recuerdo la historia (lo que no es muy buena señal). Mi primer acercamiento a lecturas en euskera.



  • To the Lighthouse, Virginia Woolf: Me costó mucho terminar este libro. Difícil, complejo, pero satisfactorio, no sé cómo explicarlo. Creo que tengo que releerlo, a ver si me quedo con algo más.


  • Dubliners, James Joyce: El libro que me ha hecho hacer las paces con Joyce. No, más aún: el libro que ha convertido a Joyce en uno de mis escritores favoritos. Tengo imágenes de estos cuentos grabados en la memoria, tan visuales son. Nadie como él para describir una calle de noche. De obligada lectura para quien quiera conocer un poco a Joyce y no se atreva con el Ulyses (con el que no me atrevo ni yo).


  • El último Dickens, Mathew Pearl: Creí que me iba a gustar este libro porque me había leído La sombra de Poe y El club Dante, pero, o no recordaba bien aquellos títulos, o yo he cambiado, o este libro ha empeorado, porque no me gustó nada, nada, nada.


  • Fikzioaren izterrak, Ur Apalategi: Primer escritor euskaldun que leo en años, más aún en euskera. Preciosa colección de relatos que ha ganado varios premios. Me encantó. No creo que esté traducido, y creo que será muy difícil reflejar ciertos aspectos que cuenta, pero merece la pena leerlo.


  • El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Marquez: ¿Qué decir de este libro que no se haya dicho ya? Mi pregunta es: después de nacer este hombre, ¿por qué siguió escribiendo la gente? ¿Para qué?



  • The Fry Chronicles, Stephen Fry (audiobook): Ir muerta de la risa por la calle y que todo el mundo se vuelva a mirarte pensando que estás loca. Esa es la sensación que recuerdo. Hats off to you, Mr. Fry.


  • La Regenta, Clarín: Leí este libro media docena de veces cuando era adolescente, pero era la primera vez que lo leía de adulta. Impresionante. Me he dado cuenta de que no había entendido ni la mitad de las cosas que se cuentan en el libro, que tiene una profundidad de kilómetros. Obra maestra donde las haya.


  • Lolita, V. Nabokov: No era lo que me esperaba, sino mucho mejor. Lo leí por ver de qué demonios hablaba todo el mundo y terminé enamorada de la historia, pero sobre todo del lenguaje. Precioso.


  • Las niñas perdidas, Cristina Fallarás: Esta mujer no defrauda. Novela negra, negrísima, muy bien escrita y con algunas escenas que te hacen querer vomitar. Final doloroso donde los haya. Genial.


  • Persuasion, Jane Austen: No voy a ser capaz de decir nada que no se haya dicho ya, así que me limitaré a decir que me encantó. Como todas las de Jane Austen.


  • Ana Karenina, L. Tolstoi: Emocionada por el éxito con La Regenta, me animé a leer otra de mis obras de juventud. Con esta, sin embargo, me llevé un chasco. Mi yo feminista se rebeló contra muchos aspectos: solo un hombre podría crear una mujer tan volátil e irreal como Ana.


  • The Catcher in the Rye, J.D. Salinger: Eterna. Universal. Genial. Grandiosa. Todo lo que se diga de esta novela es poco. Uno de esos libros que guardo para releer de vez en cuando.


  • Mea Culpa, Uxue Apaolaza: Libro difícil de leer, intraducible, de los que dejan poso agradable por más que crea que no me enteré de la mitad. Necesito una relectura.


  • King Lear, W. Shakespeare: Cada vez que releo esta obra, salen significados nuevos. Sobre todo ahora, que lo conozco más y sé distinguir sus insultos. Genial, Guillermito.


  • La metamorfosis, Kafka: Nota a mí misma: no leer historias de bichos gigantes antes de comer. Por cierto, ¿alguien me puede explicar el significado de la historia? Estaba demasiado concentrada en no vomitar.


  • Ogi hutsa, Mohamed Xukri (no conozco el título en castellano): Obra fácil de leer, difícil de digerir. Te hace valorar mucho más lo que tienes y darte cuenta, entre otras cosas, de que los europeos somos unos cabrones.


  • Lo verdadero es un momento de lo falso, Lucía Etxebarria: Hace unos días amenazó con dejar de escribir. Espero que cumpla su amenaza, pero si no lo hace, me da igual, porque éste es el último libro suyo que leo. Palabra.



  • Maitea (Beloved), Toni Morrison: ¿Dónde he vivido yo todos estos años? ¿Por qué no había leído yo nunca nada de esta mujer? ¿En qué universo paralelo me he criado? Mi nueva escritora favorita, cuyas obras espero vayan cayendo poco a poco. Aunque dudo que ninguna pueda ser tan buena como esta. Os juro que aún cierro los ojos y siento la angustia de Sethe y Baby Suggs.


  • The Bluest Eye, Toni Morrison: Muy buen libro, pero ni de lejos tan bueno como el anterior. Aún así, buena lectura (y mucho más fácil que Beloved).

    Cómics:

  • Julia, Volúmenes 1 y 2: La historia de una criminóloga con un terrible suceso en su pasado. Entretenida. Si encontrara los número siguientes, probablemente los comprara.


  • Poison: Una policía de incógnito en el mundo de la prostitución. Traducido: la excusa perfecta para dibujar tías en pelotas. Una porquería, vaya.


  • Dublinés, Alfonso Zapico: La vida de James Joyce en versión cómic. Precioso libro, fidedigno. Un lujo.



  • Firefly: Those Left Behind (3 vol); Better Days (3 vol); The Other Half; Float Out; Downtime; The Shepherd's Tale, Joss Whedon: Porque una es así de friki, qué le vamos a hacer. Una temporada supo a poco, y algunos de estos cómics cierran historias, como el del Pastor Book (el mejor cómic de todos). Para incondicionales de la serie. Saltaos el de "Float Out", que se supone que es un homenaje a Wash pero no usa a los personajes de la serie y tiene unos dibujos pésimos.
  • Saturday, December 24, 2011

    Felices fiestas


    Zorionak!

    ¡Feliz Navidad!

    Merry Chirstmas!

    Frohe Weihnachten!

    Bon Nadal!

    [Añada aquí el idioma de su elección, con la esperanza de que el mensaje esté captado.]

    Sunday, December 18, 2011

    Verdades como templos aprendidas este año.


    -Este año he aprendido que las babas de los niños de cuatro años tienen el mismo efecto en la piel que la baba de caracol, aunque creo que es igual de asquerosa (sobre todo ahora en invierno, que no tienes muy claro si es baba o parte del moco que le colgaba cuando te dio el beso).

    -Una frase del tipo "Ruth, Ruth, two and one Imanol happy birthday" de boca de un niño de cinco años que señala un calendario, consigue que un día que había empezado regular termine siendo el mejor día del año.

    -El contacto directo con niños cura los bajones de ánimo temporales mucho más rápido que cualquier antidepresivo. Y los efectos secundarios se limitan a catarros y virus compartidos.

    -Esperar lo mejor de la gente suele provocar que la gente dé lo mejor de sí. Suele. Para todo hay excepciones.

    -Levantarte una hora antes de lo que debes para hacer lo que más te gusta antes de ir a trabajar tiene efectos muy beneficiosos en el humor y tu perspectiva ante los problemas cotidianos.

    -Pensar, cuando lees algo, "qué majo es este tío, vaya salidas tiene", y tardar cinco segundos en darte cuenta de que a "este tío" lo has creado tú y esas "salidas" son las tuyas, es, sin duda, una de las mejores sensaciones del mundo.

    -Saber que el año que acaba ha sido redondo y que el 2012 tiene visos de seguir por el mismo camino provoca brotes inesperados de gritos, bailes y alegrías varias. Con o sin compañía.

    Friday, December 16, 2011

    Fragmento VIII: Mike y Alan

    Alan se ha metido en una pelea, hay un cruce de denuncias y termina en comisaría para aclarar las cosas, aunque no hay detenidos (todavía). Martins y Jacquie son compañeros del instituto que han sido testigos de la bronca.

    (...)
    -¿No me digas que has llamado a tu caballero andante?
    -¿Qué?
    -Mike está aquí. Míralo, ahí llega.
    Alan se volvió a tiempo de verle entrar en la comisaría. Mike, completamente fuera de lugar en aquel sitio con su traje gris y su camisa impoluta, se quedó en la puerta mirando a su marido, las manos levantadas en un gesto que exigía una explicación.
    -¿Dónde está Billy?
    -¿Quién coño es Billy?
    -El motero tatuado de doscientos kilos que tendría que compartir celda contigo y pedirte favores sexuales. ¿No me digas que le han soltado ya? Y yo que venía a mirar...
    Jacquie y Martins estallaron en una carcajada. Alan sacudió la cabeza de un lado a otro, los ojos chispeantes clavados en la sonrisa de su marido. Mike se acercó y le cogió del brazo.
    -¿Qué coño ha pasado?
    -¿No has oído el mensaje?
    -¿Cuál? ¿El de “estoy en comisaría porque le he pegado una paliza al padre de Jennifer”? Sí, claro que lo he oído. He llamado hasta a un abogado.
    -Qué exagerado eres.
    -¿Exag…? -Mike se volvió a Martins y Jacquie, que miraban a la pareja con sonrisa de padres orgullosos-. Le detienen, llamo a un abogado, ¿y soy un exagerado?
    -No me han detenido, solo estoy esperando a ver qué pasa con Valdés.
    -La próxima vez, di eso en el mensaje y nos evitaremos infartos innecesarios.
    Alan miró detrás de Mike teatralmente.
    -¿Dónde está el abogado?
    Mike bajó la vista al suelo.
    -Los buenos eran muy caros y los baratos, muy malos. Y no quería romperle el corazón a Billy.
    Alan le dio una bofetada que más pareció una caricia.

    (...)

    Tuesday, December 06, 2011

    Catarsis

    Creo que fue Aristóteles el primero en mencionar la catarsis en literatura, aunque él se refería más al drama y las epopeyas que a las novelas (que no existían como tales en aquel entonces, claro) o la poesía. Me parece recordar que, según él, el teatro tenía que sacar los más bajos instintos de una persona para, de alguna forma, librarle de ellos, salir del teatro renovado y limpio de pecados, por así decirlo. Seguro que es mucho más complejo que todo eso, pero ese es el concepto que a mí se me quedó de su larga perorata, aunque no sé si es el correcto. Da igual. A mí me vale.

    La catarsis en literatura se puede dar de dos maneras: como lectora o como escritora. Todos y todas conocemos lo que se siente al ponerte en el pellejo del protagonista de una novela (o del antagonista, que también pasa), ver el mundo a través de sus ojos y perderte en otra vida que no es la tuya durante horas. Creo que es por eso por lo que empecé a leer y estoy convencida de que es por eso por lo que he seguido leyendo. Con los años pierdes un poco la inocencia, ya no basta con que te cuenten una buena historia, necesitas que además esté bien contada, pero básicamente es lo mismo: gran parte del placer de una lectura consiste en la evasión, la catarsis, el vivir otras vidas y "conocer" otras realidades. Es bueno para el alma, entendiendo el alma como aquello que va más allá del cuerpo y la mente, no en un sentido religioso.

    Y luego está la catarsis de las escritoras y escritores. Dar salida a tus impulsos más básicos, o, simplemente, poner en boca de un personaje eso que no te atreves a decir tú. Crear un mundo ideal -que no perfecto-, con tus normas y tus condiciones. Hacer, sobre la página, lo que no te atreves a hacer en persona. Las escritoras y escritores suelen ser gente tímida, algo extraños a ojos de los demás, solitarios a veces. No importa; sobre la página son súper héroes, o sufridas amas de casa que terminan dando un sartenazo al marido por coñazo, o empleados de un hombre insoportable a quien le cantan las cuarenta. Todas tenemos mundos imaginarios en la cabeza, pero solo la gente que escribe los hace más cercanos a la realidad. Y no porque sepamos cómo hacerlo, sino porque necesitamos vivir ese mundo, y acaso compartirlo. "Entiéndeme, esto es lo que en realidad quiero ser yo", o al contrario, "he aquí lo que más odio en este mundo y jamás he revelado a nadie".

    La literatura es catarsis, liberación, aprendizaje, qué sé yo. De momento, es diversión. Si alguna vez esa diversión desaparece, habré perdido un poco de mí. Espero que nunca llegue ese momento, ni para mí ni para vosotras y vosotros.

    Thursday, December 01, 2011

    De alumnos nuevos y el mejor trabajo del mundo

    ¿Os he dicho alguna vez que me encanta mi trabajo?

    Esta semana nos ha llegado un niño nuevo a la clase de cuatro años. El peque, F., es un terremoto nigeriano que no habla ni papa de castellano (ni mucho menos euskera) pero que, por suerte, tiene el inglés como lengua materna. Ayer entré en su clase y traté de saludarle; él, presa no sé si de los nervios, de la falta de escolarización o, simplemente, porque llevaba dos días sin entender a nadie, empezó a corretear por toda la clase sin hacerme ni puñetero caso. Yo le ignoré; mi lema es que, mientras no les dé por pegar, un niño bajo la presión de ser nuevo en un centro puede desfogarse como le dé la gana cuando lo necesite. Empecé a contar un cuento sobre un pollito que busca a su madre, y el peque, viendo que por primera vez en dos días entendía de qué iba el asunto, se fue calmando y empezó a observarnos desde la distancia. Terminó sentado en el corro, participando del juego que vino después y obedeciendo perfectamente todo lo que yo le pedía que hiciera. Cuando empezamos a hablar de la familia, al niño se le soltó la lengua y yo la gocé como una enana.

    -I've got one brother -me dijo, en su perfecto inglés con su precioso acento nigeriano-. He's older than me, he's ten years old, I think. His name is [nombre indescifrable para mis orejas que soy incapaz de deletrear, obviamente].

    -I'm sorry? What's his name again?

    Y entonces, el niño que se sentaba a su lado (vitoriano de los de toda la vida, rubio, ojos azules, igualito que F., vaya) me miró con expresión de "profa, tú eres tonta", levantó las manos en un gesto de exasperación y me explicó, en un cuidado y muy lento castellano para asegurarse de que le entendía:

    -Te está diciendo que tiene un hermano mayor que él. ¿Es que no le entiendes?

    Y me pagan por esto, señoras y señores.