Como últimamente estoy inmersa en una pequeña sequía de la que voy saliendo lentamente, voy a reciclar una historia que he encontrado en el baúl de los recuerdos y de la que estoy muy orgullosa a pesar de no haberse comido un rosco en los varios concursos a los que la he mandado. Espero que os guste -a mí me encanta, sobre todo el final- y si tenéis alguna sugerencia para mejorarla, soy todo oídos.
La Ventana
Buenas tardes, agente, pase, pase. Sí, ya me imagino que tiene que preguntarme algo, les estaba esperando. Aunque no sé si voy a poder ayudar mucho, mire que yo apenas salgo de casa, pero usted pregunte, pregunte, que ya veré lo que sé. ¿Quiere tomar algo? Un café, una copita… Vamos, hombre, que yo no voy a decir nada, anímese con un orujito… Bueno, como usted quiera.
Sí, los vi pelearse aquella tarde, claro que lo hice, como lo he hecho docenas de veces antes, por eso no les presté demasiada atención. Aquí todas las parejas se pelean de vez en cuando, no es ninguna sorpresa, tarde o temprano pasan debajo de la ventana hablando más o menos alto, pero ya nadie se fija en esas cosas. Todo el mundo tiene sus trapos sucios, aunque algunos los airean más que otros, ¿no le parece?
Primero aparecieron los chavales del portal de la esquina, los hijos de Marcela y su vecina, Susana creo que se llama, que vaya pinta llevan, yo no sé cómo les dejan salir así de su casa. Vaya usted a saber lo que andarían haciendo, porque iban hablando muy bajito, con las cabezas muy juntas y mirando para atrás todo el rato, como vigilando que nadie les viera, seguro que estaban haciendo algo que no deberían. Quizás debiera usted investigarlos, agente, poruqe no me parecen a mí trigo muy limpio, con tanto pendiente y tanto trapo colgando, que parece que no les hayan lavado la ropa en una eternidad. Si es que hay mujeres a las que no debería dejárseles tener hijos, oiga, para que los críen así…
Sí, sí, ya le he dicho que los vi pelear el viernes por la tarde, que no me ha dejado llegar todavía. Iban detrás de los chavales, juntos, que rara es la vez que se les ve separados. Debe ser el amor que se tienen, que no saben vivir el uno sin el otro, aunque mire que llevan años juntos, que normalmente los arrumacos son el primer mes y después de la boda si te he visto no me acuerdo, más que los sábados por la noche para… Bueno, usted ya me entiende. Vamos, sí, las parejas de hoy en día hacen de todo y un poco más antes de pasar por la vicaría, pero esa persecución, ese no poder quitarse las manos de encima… Yo, la verdad, no me puedo quejar, porque vivo muy feliz con mi José, que tampoco me deja ni a sol ni a sombra. Mi José es muy cariñoso, sabe usted, y todo un caballero, no como estos chicos de hoy en día, que van de modernos porque saben cocinar pero no son capaces de abrirles la puerta a una dama. Mi José me trata como a una reina, porque sabe que sin mí no podría vivir.
Qué impaciente es usted, oiga. ¿De verdad que no quiere ese orujo? ¿Pacharán? Vale, vale, ya sigo.
Iban como siempre, qué quiere que le diga, hablando más que discutiendo según empezaron a aparecer por la calle, o al menos desde donde yo podía verles por la ventana, aunque se fueron acalorando y los gritos se oían desde el cuarto piso cuando llegaron al portal. Gritos de los dos, no se crea, que él tiene carácter pero ella también gasta una mala leche que para qué le voy a contar. Que si no te quiero volver a ver con esa ropa, que si pareces una ya-sabe-usted-qué, que tú a mí no me dices lo que me puedo poner, que no me hables con ese tono… No, no, yo no le vi pegarla, aunque qué quiere que le diga, no me hubiera extrañado. La culpa la tiene la tele, con tantas historias de malos tratos y cosas de esas, que parece que todo el que pega a su mujer va a terminar matándola, y tampoco es eso. Y ojo, que no estoy diciendo que esté bien pegar, pero tiene que reconocer que esto es como con los niños, un sopapo a tiempo ahorra muchos disgustos y educa más que un sermón. Fíjese mi José y yo qué bien nos llevamos, y puedo contar con los dedos de las manos las veces que me ha dado. Ni una pelea en los últimos dos meses, oiga, y es que una no es tonta, y es que hay que aprender a callarse…
Sí, cuando subieron a casa se les oía gritar desde las escalera, sobre todo a ella. Creo que ahí le cayó el primer bofetón, porque se oyó el ruido, supongo que sería para calmarle la histeria. Pero no pareció funcionar, oiga, que los gritos siguieron toda la tarde. Sí, viven justo aquí debajo, el escándalo que montaron fue insoportable. Sobre todo por ella, porque con la voz de pito que tiene retumbaban hasta las paredes. A él se le oía poco, aunque muy fuerte; creo que era el que andaba rompiendo cosas por toda la casa, sólo se oían los crujidos de platos al partirse y a ella gritando. Pena de vajilla, sonaba cara. Cristal o porcelana.
El último grito lo dio él. Ella pegó un alarido muy fuerte y después hubo un silencio. Supongo que fue cuando él le pegó la cuchillada y ella se cayó al suelo, se oyó un golpe de algo pesado cayendo, y tuvo que ser ella porque estaba gordísima últimamente, se cuidaba muy poco, y no sería por lo mucho que cocinaba, que ya le gritaba él que no sabía ni freír un huevo. Yo me quedé escuchando unos segundos, por si acaso tenía que llamar a la ambulancia otra vez, pero de repente sonó un grito, un alarido como de guerra, como esos de los indios en las películas del oeste, y entonces el que gritó, y cómo gritó, fue él. Al ratito la oí a ella llorar muy quedo y luego me pareció que hablaba con alguien, aunque no estoy segura porque lo hizo muy bajito. Y luego aparecieron las ambulancias y la policía, y se llevaron el cuerpo de él en una y a ella esposada en la otra.
Mi marido está en el bar de la esquina, agente, si quiere usted hablar con él es el del final de la barra, no tiene pérdida. Verá usted, el difunto y él eran buenos amigos, les gustaba tomarse unos vinillos juntos por las tardes, y esto ha sido un mazazo para él. A mí, la verdad, ella nunca me gustó demasiado, para qué le voy a engañar. Sí, muy calladita, muy maja las pocas veces que hablaba, siempre dando pena con su moretón en el ojo, que vaya torpeza la suya para darse tantos golpes con el armario de la cocina, pero a mí siempre hubo algo que no me gustó de ella. Y mire usted si tenía yo razón. Diez cuchilladas, ¡a su propio marido! Qué no le hubiera hecho esa a un desconocido, imagínese si llegan a tener niños. Suerte que tuvimos que no nos acuchillara a ninguno al cruzarse con nosotros en la escalera.
No hay de qué, agente, para eso estamos. Si me quiere para algo más, ya sabe dónde encontrarme. Oiga, por cierto, que no le decía en broma lo de los hijos de Marcela y Susana, que cualquier día nos van a dar un disgusto. A ver si puede usted investigar un poco, ya verá como están metidos en algún tipo de trapicheo, esos niños no son trigo limpio, se lo digo yo.
¿Seguro que no quiere ese orujito para el camino? Bueno, ande, pues nada, encantada y buena suerte.
De nada, de nada, a usted.
Hasta la próxima.
7 comentarios:
Muy bueno, Ruth! Me encanta la personalidad que le has dado al personaje. Es un hecho duro y trágico, pero el carácter de esa mujer le da un toque de 'humor negro' que lo hace más llevadero.
Genial, de verdad. Para estar en crisis creativa, tiene mucho (pero que mucho) mérito.
Felicidades!
Un saludo.
Ironico
Me encantó. Qué vieja terrible, si hasta me la puedo imaginar hablando, la muy chismosa, y qué comentarios que hace. Muy bueno.
Te deseo un grandioso 2007 y te mando un apretadísimo abrazo.
Me parece una buena historia muy bien llevada, pero si me permites el atrevimiento le pondría unos "peros" que hacen que no sea redonda. Son tonterías en las que, sin embargo, los jurados de premios literarios se fijan mucho, descartando automáticamente el texto (siempre hay un comité previo de lectura que hace la primera selección).
Tienes por ahí un "poruqe", un
"las escalera", repites "pegó" en la frase "..ella pegó un alarido muy fuerte y después hubo un silencio. Supongo que fue cuando él le pegó la cuchillada". Ese mismo párrafo lo veo un poco confuso, y si no se lee atentamente uno se confunde: "El último grito lo dio él. Ella pegó un alarido muy fuerte y después hubo un silencio. Supongo que fue cuando él le pegó la cuchillada y ella se cayó al suelo, se oyó un golpe de algo pesado cayendo, y tuvo que ser ella porque estaba gordísima últimamente, se cuidaba muy poco, y no sería por lo mucho que cocinaba, que ya le gritaba él que no sabía ni freír un huevo. Yo me quedé escuchando unos segundos, por si acaso tenía que llamar a la ambulancia otra vez, pero de repente sonó un grito, un alarido como de guerra, como esos de los indios en las películas del oeste, y entonces el que gritó, y cómo gritó, fue él."
Escribes: "Sí, muy calladita, muy maja las pocas veces que hablaba, siempre dando pena con su moretón en el ojo, que vaya torpeza la suya para darse tantos golpes con el armario de la cocina" cuando antes nos ha hecho saber que "no le hubiera extrañado" que su marido la pegara.
"Ésa" va acentuado.
En cuanto a la sequía creativa, te animo a escribir por encima de todo. No tienes que construir un relato todos los días. Basta que escribas un pequeño post sobre impresiones, bosquejos, ideas, pensamientos... De ahí suelen salir buenas historias.
Un abrazo, espero seguir leyéndote.
Una reflexión muy irónica, y buena.
saludos cordiales
Muchas gracias a todos por vuestras críticas positivas.
Jose, me hace gracia tu comentario, porque yo no había pretendido darle un toque de humor, aunque obviamente lo tiene porque no eres el primero que me lo dice. Quería que se viera el contraste entre una y otra mujer, porque una ha caído ya a manos de su marido y la otra, aunque no se dé cuenta, también sufre malos tratos y puede que sea la siguiente. Siempre he dicho que no hay peor machista que una mujer.
Rythmduel (madre, qué difícil), muchisísimas gracias por tus comentarios, los tendré muy en cuenta cuando revise la historia. Son pequeñeces de las que no me había dado cuenta y, tienes razón, saltan a la vista a alguien que no se ha leído la historia un millón de veces, como yo. Te agradezco mucho la crítica desinteresada; pienso probar suerte con la historia en algún concurso otra vez, si me llevo algo me acordaré de ti ;-)
Espero que todos hayáis empezado bien el año. A mí, para empezar, me ha tocado el reintegro del Niño...
Me gustó mucho, está muy conseguido el tono y sí, es divertida, aunque un poco cruel.
Como la vida misma, oiga.
Un saludo.
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