¡Qué bonito que ye Asturias, madre!
Ya estoy de vuelta. Ah, que no sabíais que me había ido. Pues sí, me fui y ya volví. Cuatro días de viaje, pero doce horas de tren entre la ida y la vuelta, así que en realidad solo fueron dos días enteros, que saben a poco pero te dejan con ganas de volver el año siguiente, que de eso se trata. Curioso, llevé el diario de viaje que llevo siempre conmigo y, al leer la entrada de Gijón del año pasado, me encontré casi con esas mismas palabras: el año que viene tengo que venir más días. Pero no he hecho caso a mi yo del pasado. La cosa es no escuchar a mis mayores.
Este año he estado entre Gijón y Oviedo, visitando a los que fueron mis roommates en los USA antes de que se vuelvan para allá. Durante el día, playa (qué frío, madre), paseo, comida abundante y grata compañía. Y por la tarde, poco antes de la puesta de sol, Semana Negra. Ay. Suspiro. Qué gozada, madre.
He andado entre libros, libreros, autores y admiradores (y gente a la que las carpas de los escritores parecían molestarles, porque no era un tío vivo en el que montarse). En uno de los puestos de libros, el de la librería Negra y Criminal, se me ocurrió pedirle al librero que me recomendara algo para leer. "Con una condición", me dijo, "que no te sientas obligada a comprar nada de lo que te diga". Pero cómo no comprarlos, con la pasión con la que hablaba. Por dios, si se pasó media hora recomendándome libros que ni siquiera tenía; vamos, que no lo hacía por vender. Tuve la sensación de haber muerto y estar en el cielo, y aquel hombre era mi dios. Yo, que no creo en nada, encontré el paraíso en la Tierra, y se llama Negra y Criminal. Los que vivís en Barcelona, no sabéis lo afortunados que sois. Seis libros le compré a aquel librero tan majo del que no sé el nombre. Casi me pidió perdón.
También atendí a un par de presentaciones, y me perdí otras tantas que me hubiera gustado escuchar. Juan Ramón Biedma se llevó el premio del director y me firmó su libro, El humo en la botella, que tiene una pinta estupenda, y a Julio Murillo tuve que comprarle dos ejemplares de su thriller histórico Oricalco, porque me gustó tanto la presentación que hizo y el artículo suyo que leí que, aunque huele a Código DaVinci o similar (pero con más rigor histórico, seguro), tuve que comprar uno para mí y otro para una amiga. También compré uno de Willy Uribe, que andaba por la feria, pero no tuve paciencia para buscarlo y hacer que me lo firmara. El año que viene, que ese es un fijo.
Y lo mejor: igual que me ocurrió el año pasado, he vuelto con unas ganas locas de escribir. Hoy he madrugado (¡en vacaciones!) y me he pasado dos horas delante del ordenador, escribiendo. Hacía tanto tiempo que no lo hacía que no encontraba ni las letras. Sigo divirtiéndome con un proyecto que no verá la luz pero espero lean algunos, y sobre todo voy entrenando el músculo. Vuelvo a ser yo. Qué ganas, madre.
Necesito ferias de novela (negra, blanca o amarilla). Necesito el ambiente que allí se respira. Necesito libros. Aparte de los veintidós que tengo en casa aún por leer.
1 comentario:
Aquí hace años que estamos orgullosos de esa librería que citas. Es la responsable de nuestra semana negra que cada año crece y crece. Deberías venirte un año, es sobre febrero y dura una semana con conferencias cada día y algún acto más solemne como la entrega del premio "Pepe Carvalho"
D.
PD: Siempre he tenido ganas de ir a Gijón para LA semana negra, a ver si el año que viene
Publicar un comentario