He votado (no me peguéis)


Acabo de volver de votar. Fuera llueve, pero aún así he bajado, con el carné de identidad en el bolsillo y el papelito del censo para saber qué mesa es la mía, que siempre me confundo, y he andado los veinte metros que me separan de mi colegio electoral sin paraguas, cual penitente tratando de expiar sus pecados. He votado. He cumplido.

Soy tan simple que aún creo que mi voto vale para algo. Tan inocente y tan pánfila que soy de las que piensa que cuando no te gusta el gobierno que tienes debes mostrarlo con tu voto. Ojo, que no estoy diciendo con eso que el que se abstiene no tiene derecho a opinar (si no te gusta nadie de los que se presentan, la abstención puede entenderse como un modo de protesta, aunque también de apatía o de "me da igual", he ahí la mala fama), ni que las manifestaciones y las expresiones de enfado en las calles no sean válidas, faltaría más. Pero yo (inocente, tonta, simple) soy de las que piensa que un papel en un sobre tiene más peso que una cacerolada. Y así me va.

He votado al partido que considero menos malo, que a ojos de otro seguro que es la representación del demonio. No he votado para que ganen, que sé que no van a ganar, sino para que hagan una oposición responsable. Hasta cinco minutos antes de bajar de casa, mientras me secaba el pelo y miraba por la ventana para ver si había mucha gente en la puerta del colegio electoral, he debatido conmigo misma si les debo votar a ellos o no. El problema era que no había ningún otro partido que me gustara lo suficiente como para darle mi papeleta. Y al final he votado con muchas dudas.

Habrá gente que diga que para eso mejor no votar, o mejor votar en blanco, o que total me podía haber quedado en casa. Puede. Quizás tengán razón. Pero qué queréis, soy una romántica, y a mí eso de votar me pone. Ha muerto mucha gente para que yo tenga derecho a votar, y cada vez que llegan las elecciones me acuerdo de eso. Es una chorrada, ¿verdad?, si no hay nadie que te guste para qué molestarte, parezco tonta. Quizás lo sea, pero me da igual. Yo voto. Y si el partido al que he votado miente, estafa o engaña (que lo hará), en las próximas elecciones perderá mi voto y el de mucha más gente, y en las siguientes elecciones cambiaré otra vez, como lo he hecho en las tres últimas. Sigo sintiendo que es la única arma que tengo para controlar a quien me manda.

Claro que qué sé yo. Por favor, si soy de las que lee "Juego de Tronos" esperando que Jaime Lannister se líe con Brienne, la doncella de Tarth. Una romántica, ilusa, pipiola, inocente empedernida, vamos... Y con derecho a voto.

3 comentarios:

Jon dijo...

Exacto. No valoramos el derecho a decidir. Los políticos serán lo que quieras, pero son los que tienen la llave y la solución a todo lo que nos pase.

Max Estrella dijo...

Dioooosssss!!!otra ingenua...es broma...yo también soy de los que vota siempre y luego me quejo o no, o alabo algunas cosas...y alguna vez he ido a alguna manifestación y...en definitiva participo que es de lo que se trata, porque como dices, la otra opción de no poder votar me parece horrenda...se vote a quien se vote...porque, y eso es algo que p.ej. la izquierda abertzale por fin ha aprendido, es mejor jugar entre todos con las mismas reglas...y si se gana bien y si no, se hace oposición...
A ver EH-Bildu...siempre me parece una incógnita cuando tocan algo de poder...bueno,que me alegro...que no quiero yo hacer ahora un análisis del resultado electoral...
Besos

Manuel R. dijo...

Hay que votar, por muy en desacuerdo que estemos con el sistema. Eso sí, Brienne lo tiene peor para mojar con el matarreyes, que el partido pirata para tener mayoría absoluta en el congreso. Ya verás ya...

Un saludo.