Feria de Durango

 Ayer estuve echando una mano a una amiga en la Feria del Libro de Durango, una feria dedicada exclusivamente a la literatura en euskera o sobre tema vasco (y sí, soy consciente de lo ridículo que es escribir un post sobre semejante feria en castellano, pero qué le vamos a hacer, estoy llena de contradicciones). Es el segundo año que voy al stand de UEU y el segundo año que salgo de allí convencida de que yo en otra vida fui librera y que, cuando me jubile y/o me toque la lotería, pienso montar una librería/tienda de patchwork/Starbucks/bar irlandés con restaurante indio al lado (o similar), un negocio de esos que no da dinero pero te hace pasar un buen rato, vamos.

Los relatos de Katherine Mansfield para el
irakurle kluba (club de lectura)
De diez y media de la mañana a tres de la tarde ahí estuvimos, vendiendo libros de formación continua  con títulos tan atrayentes como "Tratamiento del género en psicología", "Educación especial y sus necesidades" y un tocho de unas ocho o nueve mil páginas (así, a ojo) sobre cálculo diferencial, todo esto en euskera. Como alumna de aquellas primeras ikastolas ilegales que tuvo que estudiar material traducido de mala manera por sus propios profesores, aprecio mucho ferias y libros de este tipo porque me doy cuenta de lo lejos que hemos llegado en la defensa del idioma propio, mal que les pese a Wert y a sus súbditos (sin olvidar a Adolfoo Suarez, allende los tiempos, que se reía ante la idea de que el euskera pudiera utilizarse como lengua de transmisión cultural en la universidad). Ver los best-sellers y los clásicos de la literatura traducidos en ediciones que no tienen nada que envidiar a cualquiera de corte internacional hace que a una se le caiga la lagrimilla, qué queréis que os diga. Yo estudié con fotocopias y tuve que leer a Atxaga todos los años de mi vida porque no había otro. Eso de literatura de entretenimiento en euskera era una utopía cuando yo era adolescente, y ahora las editoriales tienen cientos de títulos, tanto traducciones como escritos directamente en euskera, para cualquier edad. El nuevo libro de J.K. Rowling va a salir a la vez en euskera y en castellano, no os digo más. Sí, Wert, hasta eso hemos llegado, fíjate tú, y basta que nos lo quieras quitar para que lo defendamos más a capa y espada todavía.

Pero un momento, yo estaba hablando de otra cosa...

El escritor que escribe que escribe, de Iban Zaldua,
un "porque yo lo valgo"
Estuve, decía, vendiendo libros en la feria, y aunque también tuve tiempo para comprar alguno (solo dos, que no da el presupuesto para lujos; hice bien en llevar el dinero justo, porque hubiera vuelto a casa con una docena), lo más divertido fue observar a la gente que compraba. De ahora en adelante creo que me voy a llevar guantes a las librerías, tanto por mí como por el resto de la gente. Había muchas personas tan cuidadosas como pretendo ser yo, que cogían el libro con cuidado y abrían la portada con dos dedos, como si tuvieran miedo a romperlo, pero eran las menos. La mayoría apartaban tres libros para alcanzar el que querían, que luego manoseaban de mala manera y dejaban más o menos donde lo habían encontrado, aunque no siempre. Luego estaban los niños, ay, los niños, que pasaban por nuestro pasillo (a un lado, la Universidad Pública Vasca; al otro lado, la de Deusto) y toqueteaban todo solo por el mero hecho de toquetear, con los padres pasando olímpicamente de nuestros libros porque solo estaban ahí para huir del pasillo de las grandes editoriales, donde Toti Martínez de Lezea firmaba libros y era imposible dar dos pasos. Pero lo mejor, ay, lo mejor, fue la señora que, tras limpiarse los mocos de la forma más sonora y asquerosa que fue capaz, apoyó las dos manos sobre los libros de la primera fila para poder ver más de cerca los de atrás, que también toqueteó a placer. No tenía toallitas desinfectantes, pero a gusto hubiera pasado una por todos los libros cada cinco minutos. Manías, supongo, pero en serio os digo que a partir de ahora voy a andar con mucho más cuidado en las librerías.
Toti Martínez de Lezea firmando libros.
Todo un stand dedicado a sus obras. 

Al final de la mañana, mi amiga y yo vendimos quince libros, compramos siete entre las dos y estuvimos meditando qué era más importante, si comer o gastarnos los pocos euros que habíamos reservado para un bocadillo en un último libro. Al final optamos por el bocadillo porque no hay tiempo material en el mundo para leer todo lo que nos hubiéramos llevado de la feria. Entre novelas, ensayos y libros para niños, fue difícil resistirse. Habría caído una docena larga más de libros.

El próximo año repito. A ver si para entonces mi paga extra está un poco más segura y puedo gastarme parte del sueldo en lo que más me gusta, que la tentación es grande pero la fuerza de voluntad, de momento, gana. Ay, qué duro es hacerse mayor...

No hay comentarios: