No sé cuándo leí mi primera novela negra, pero tuvo que ser de muy pequeña porque siempre me recuerdo con una cerca. Supongo que una puede contar las aventuras de Los Hollister o Los Cinco como libros de misterio, y entonces tengo que irme a antes de los diez años. Más tarde llegaría Agatha Christie y ese tipo de clásicos, y también llegó el cabrón de mi hermano pequeño a destriparme los libros que tenía en la mesilla. Al enano, a quien llevo cinco años, le hacía gracia leerse las últimas páginas del libro en cuestión y luego perseguirme por toda la casa diciéndome quién era el asesino a voz en grito, de forma que aprendí a guardar los libros que me estaba leyendo en ese momento bajo llave (junto a la cinta de Laura Pausini, que me mangaba para prestarla a sus amigas). Empecé por los clásicos y luego me fui adentrando en los autores contemporáneos, siempre pensando en lo que leía como en literatura de descanso, facilona, algo que leer entre libros “serios”. Han tenido que pasar muchos años para darme cuenta de que hay novelas negras con la misma calidad literaria que las que no lo son tanto (negras, digo); de hecho, me atrevería a decir que la mayoría de los buenos libros esconden un misterio, lo que no las hace negras de por sí pero sí les da un toque oscuro que hace la pena leerlas. Porque, ¿quién puede negar que Harry Potter, ese milagro superventas, tiene un punto de novela negra? Ya sé que es de aventuras, ya sé que es para un público adolescente (bueno, ejém), pero es la lucha del bien contra el mal (el “detective”, representación del bien, cazando al malo malísimo), de un misterio no resuelto (¿por qué tiene Harry esa conexión con Voldermort?, ¿por qué no pudo matarlo de niño?), de personajes que son mucho más de lo que aparentan a primera vista (Snape, mi pobre y adorado Snape, ¡y qué me decís de Dumbledore!), de elecciones morales muy difíciles para un adulto y no digamos ya para un niño.
Vivimos en una época en la que las distinciones literarias son cada vez más difusas, y es raro encontrar una novela que encaje con pureza dentro de un género, ya sea negro, azul o amarillo. Lo negro viste, lo negro sienta bien y combina con todo, y está ahí para quedarse. Es uno de los géneros que mejor aguanta las modas, el que evoluciona pero no desaparece y sigue estando ahí a pesar de modas y cambios de gustos. Sirve para denunciar injusticias, para llamar la atención sobre cambios sociales y para mostrarnos una cara de la sociedad que los consumidores de novela negra (clase media, acomodada) no solemos conocer. Con esas características, sería injusto decir que la novela negra es fácil o solo de asueto. Por mucho que una servidora las lea en verano como premio por buen comportamiento durante el curso.

1 comentario:
Totalmente de acuerdo en muchas cosas...cierto que el género negro (incluyo cine) siempre está y estará ahí...un poco exagerado que Potter sea "negro"...azul, azul mistérico...
En cuanto a que toda novela conlleva ahora un misterio, cierto...ahora siempre suele haber un desarrollo hasta que pasa algo o desde que pasa algo, una carta encontrada, un baúl abierto...un asesinato...quizá se esté perdiendo un poco el contar por el contar...no se...hay para mucho café y cigarrillo....
Seguiremos investigando...
Besos
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