Algunos salen bien casi sin esfuerzo. Si la asignatura es literatura y he tenido que leer varias novelas u obras cortas para sacarla, el examen suele ser sencillo porque puedes aplicar la teoría a lo que has leído. Lo malo viene cuando tienes que aprenderte todo de memoria, sin textos a los que aplicarlos. No me gusta estudiar de memoria, la tengo muy mala. Se me olvida lo que me dicen de un minuto a otro. Se me olvida hasta lo que estaba escribiendo si me salgo un poco del tema, lo mío con la memoria es horrible, es un milagro que recuerde mi dirección y mi teléfono (que me costó años aprender, por cierto; el número de teléfono, no la dirección. Por suerte, nunca me he olvidado de dónde vivo. ¿Te imaginas? Sería unas risas. "Oiga, agente, me he perdido, se me ha olvidado mi dirección. Sé que empezaba por 'calle', pero del resto no me acuerdo. Llame a mi madre, haga el favor").
¿De qué hablaba? Ah, sí, los exámenes. Ayer me examiné de uno de esos que requieren mucha memoria. Literatura clásica griega, para más señas. Nos han hecho leer dos obras cortas, una de ellas escrita por un hombre que vivió mucho más tarde de la época que hemos estudiado, y nos hemos tenido que aprender la vida y milagros de al menos una veintena de autores. Es lo que pasa cuando estudias una filología, sí, pero lo malo no es eso. Lo malo eran los nombres. Desde Hecateo de Mileto hasta Aristófanes, pasando por Alcmán o Tucídides, no había forma humana de quedarme con los nombres de todos. ¿Cómo voy a aprender nada de su estilo si confundo a Heródoto con Hecateo? ¿No podían llamarse Pepe, Juan y Manolo? O, en su defecto, Mike, Charlie y Preston, que esto es filología inglesa. Lo peor es que sé que tengo que agradecer a mi libro que los nombres no vinieran en griego original. Y tengo que agradecer a los profesores que las preguntas no versaran sobre los dioses del Olimpo, que vaya cacao me hago con Afrodita, Venus y Apolo (estos son los guapos, ¿no?). El libro, todo hay que decirlo, no estaba mal del todo, estaba bien organizado y se estudiaba bien. Bueno, no digamos tanto, porque se pasa trescientas páginas hablando de la "historia de los hombres" y el "destino de los hombres", que parece que en Grecia no había mujeres ni personas a secas, y utiliza la palabra "empero" (que no había visto utilizada nunca en un texto que no fuera de Martes y Trece) casi en cada página.
Lo importante es que creo que he aprobado. Ahora solo me quedan dos exámenes (más los de junio, pero quién los cuenta), uno de los cuales es sobre la historia de la lengua inglesa. Que digo yo, por qué le llaman inglés cuando quieren decir alemán, pero bueno, supongo que es una manera de legitimizar que el inglés es una de las lenguas modernas más antiguas de Europa, y ya sabemos que en cuestión de poderío todo vale. Así que allá voy, a estudiarme las declinaciones y el orden de las familias germánicas, a ver si consigo ser licenciada en junio en lugar de tener que esperar a septiembre, como parece ser que ocurre con esta asignatura. Me despediría en inglés antiguo, pero el examen es la semana que viene y, como buena estudiante, lo voy dejando todo para el final y no tengo muy claro ni de qué va la asignatura.
God be with you.

1 comentario:
Pues sí, hay que ser tan masoca como yo, que tengo 62 y aún le doy.
Pero, qué quieres, nos hemos de hackear por dentro y es lo que hay.
La gente como nos, mejor que nunca dejemos de aprender.
Publicar un comentario