Mas temitas y mas historias.

Ahí van más temitas del Writer´s digest para el que les sirva (la verdad, a mí me inspiran bastante). Y para el que le apetezca, una historia que salió de uno de los temas. Va por partes, para que no aburra (y para tener algo más que poner otro día, que últimamente ando poco inspirada). Un beso para todos y todas.

-Es el día de la boda de tu protagonista, pero algo sale muy mal. Escribe una historia muy corta sobre lo que puede ocurrir.

-Viajas en un coche de alquiler cuando oyes el golpeteo de una rueda desinflada. Paras el coche para cambiarla cuando te das cuenta de que el ruido no viene de la rueda, sino del capó. ¿Qué, o quién, está en el capó haciendo ese ruido?

-En muchos programas de televisión, el detective tiene una cualidad especial –poderes paranormales, atención especial a los detalles- que le ayuda a atrapar al malo. Escribe una historia corta presentando a tu detective.


COCHE DE ALQUILER

Cada vez que veo anuncios de coches de segunda mano en el periódico, me dan ganas de llamar por teléfono al anunciante, insultarle y colgar. Los muy sinvergüenzas anuncian sus vehículos como si estuvieran en mejor estado que uno nuevo, como si comprar un coche que ya ha sido de alguien fuera lo más “chic” que uno pudiera hacer. Mentira, todo mentira. Ni el coche tiene sólo cuatro mil kilómetros, ni ha dormido en garaje todos los días de su corta vida, ni ha pasado por el taller sólo para hacer revisiones. Es sólo una estrategia de venta. Yo lo aprendía de la peor manera.
Hace dos años me compré un coche de segunda mano. El que lo vendía me dijo que apenas había salido del garaje, que sólo lo había usado su hijo para ir a la playa y que lo habían cuidado como a uno más de la familia. Dos meses después, cuando el coche me dejó tirado en plena autopista con humo saliendo del motor y me explicaron en el taller que a aquel coche le habían hecho todo lo que nunca se le debe hacer a un coche, me entraron ganas de denunciar a aquel hombre por malos tratos a su familia. Pero no lo hice, porque mi mayor preocupación ya no era el coche, sino el viaje que tenía que hacer en dos días. La empresa me había elegido a mí para representarles en un simposium sobre nuevas tecnologías. Mil kilómetros yo solo, a un pueblo perdido del sur de Andalucía y sin más compañía que la radio. Necesitaba un coche urgentemente.
Comprar uno estaba fuera de mis posibilidades. Aparte de tener un presupuesto limitado –de ahí que me hubiera comprado un coche de segunda mano en lugar de uno nuevo para empezar-, el concesionario nunca me hubiera dado uno en tan corto plazo de tiempo. Podía ir en transporte público, por supuesto, pero eso significaría no poder fumar en el tren o en el autobús durante al menos diez largas horas, hacer tres transbordos bajo el sol del sur y llegar al pueblo con el tiempo justo, sin siquiera media hora para pasar por el hotel y ducharme después de un viaje tan largo. No, necesitaba un coche, así que me decidí por el alquiler.
Poco tardé en descubrir mi error. Pero ya era tarde.
El taller donde había arreglado el coche me recomendó un sitio con muy buena fama en el que, según habían oído, alquilaban coches para los diputados y gente de muy alto nivel. Supuse que no iba a ser barato, pero después del disgusto que me había llevado con mi nuevo auto no estaba dispuesto a pasar otro susto en carretera, más aún en un viaje tan largo por caminos que no conocía. Así que el día del viaje me fui al “rent a car”, les pedí el coche más barato que tuvieran y me dieron un Alfa Romeo que habían devuelto el día anterior. Por suerte para mí, el fin de semana se adivinaba tranquilo y tenían el garaje lleno de coches, con lo que me hicieron un precio especial por llevarme aquél. El interior estaba inmaculado, olía a limpio y los ceniceros estaban vacíos. La radio tenía reproductor de Cds y en ningún momento me pidieron que no fumara en el coche. Tiré mi escaso equipaje en el asiento trasero y me monté. Me sentí feliz por primera vez desde que me viera tirado en la carretera.
El Alfa andaba como una seda. El cuentakilómetros no pasaba de los tres mil, por lo que supuse que aquel coche era la última adquisición del lugar; las marchas entraban casi sin tocar la palanca y el motor ronroneaba tranquilo. Me metí en la autopista. Encendí un cigarro. Puse la radio a tope. Me recosté en el asiento para disfrutar del viaje. Recordé los tiempos en los que conducía por placer, no porque tuviera que hacerlo.
Llevaba como una hora de viaje cuando oí el primer golpe. Un golpe seco, un pum que me heló la sangre. Bajé el volumen de la radio. Pum, pum, pum. Venía de atrás. Sonaba a rueda pinchada.
Mierda, pensé mientras tomaba la primera salida que encontré, que por suerte estaba muy cerca. No había cambiado una rueda en mi vida, no sabía ni cómo montar uno de esos gatos desmontables que vienen con los coches. La carretera no tenía arcén y tuve que seguir andando hasta encontrar un lugar seguro donde poder parar el coche. Reduje la velocidad gradualmente, pero el ruido no se detuvo. Pum, pum, pum. Si era un pinchazo, el tiempo entre los golpes debía ser menor al aminorar la marcha. Aquello era muy extraño. Sin saber por qué, el sudor que me había estado acompañando desde que salí de casa se me heló en la espalda. Pum, pum, pum. Tenía que ser la rueda destrozada golpeando el asfalto. Me miré en el espejo retrovisor. Estaba pálido.
Detuve el coche en un terraplén al lado de la carretera y abrí la puerta, dudando un segundo antes de salir. El ruido había parado. Claro, el coche estaba quieto, así que la rueda no podía seguir dando golpes. Me bajé y fui hacía la parte de atrás. La rueda izquierda estaba intacta. Di la vuelta al otro lado. Aquella rueda no estaba ni rota ni pinchada.
Pum, pum, pum.
El ruido venía del capó. Había algo dentro golpeando la portezuela.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto promete, Ruth, je, je...
De momento estás consiguiendo tenernos en vilo con tu historia. ¿Qué pasará? ¿Qué habrá en el dichoso maletero?...

Un saludo.

Dani González dijo...

después de descubrir lo que había detrás del capó me fui a ver la peli Kars

genial relato

saludos cordiales