Llevo demasiado tiempo de vacaciones, tanto que ya no sé lo que es trabajar. Por no hacer, ni siquiera he escrito dos líneas desde hace ni sé cuánto tiempo. Hoy estoy escribiendo sólo porque acabo de fregar la cocina y no tengo acceso al puzzle de dos mil piezas que me he comprado para matar el aburrimiento.
Ni escribir me motiva ya. Supongo que un escritor que se tome su "trabajo" en serio habría aprovechado los dos meses de asueto para escribir por lo menos la mitad de la próxima gran novela, pero yo no he tocado tecla. Lo que significa, supongo, que no soy escritora, y que estoy a mucha distancia de serlo. Qué le vamos a hacer, cada cual con sus miserias.
Nunca pensé que diría esto: tengo ganas de empezar a trabajar y volver a una rutina. Y de terminar mi puzzle de dos mil piezas, que sólo a mí se me ocurre comprar un puzzle abstracto.
4 comentarios:
Ciao,
Creo que es un mal muy común que haya temporadas más o menos largas, en las que no sólo no se escribe, sino que ni siquiera se tiene ganas de ello. Cuando me ocurre me dedico a cualquier cosa, menos a intentarlo, o forzarme a ello.
Ya verás como acabas por necesitarlo de nuevo, por sentir las ganas de lanzarte a inventar historias y si no ya me dirás, tiempo al tiempo. Ahora a atacar ese puzzle.
Besos,
Mónica
Los vacíos literarios a veces provocan vacíos mentales que luego resultan ser muy productivos, limpian la mente. En cuanto a lo del trabajo no puedo estar menos de acuerdo contigo... yo tengo todavía pendiente tomar mis vacaciones!
Ruth, no sabes cómo te agradezco este post tuyo. Estos dos meses de verano han sido los más infructuosos de toda mi vida (literariamente hablando). Supongo que es fruto de nuestras circunstancias literarias.
Un saludo.
Lo tuyo es un mal común que yo acabo de iniciar hoy, aunque supongo que ya estarás curada.
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