Siempre he sido de las personas que piensan que la vida da muchas vueltas y que es mejor llevarse bien con todo el mundo (o, de llevarte mal, saber por qué y tener razón) porque nunca sabes si vas a volver a encontrártelos por el camino o si vas a necesitar algo de ellos. Este primer año de regreso me ha dado varios ejemplos; me he reencontrado con algunas compañeras que trabajaron conmigo antes de que me fuera a Estados Unidos, y supongo que el hecho de que nos reconociéramos mutuamente y pudiéramos tener una conversación amigable dice bastante de nuestra antigua relación. Es algo bonito, saber que tu paso por el mundo no pasa completamente desapercibido.
Pero esta semana me ha pasado algo mucho más bonito que eso. Me han llamado para hacer una sustitución en un instituto, primer ciclo de la ESO, en un pueblo de la Rioja Alavesa (uy, no sé si se escribe con mayúscula o no, lo he visto de las dos maneras, perdonen ustedes si he metido la pata). Hace diez años, recién salidita yo de magisterio y sin más idea de enseñar que la que pueda tener un fontanero, trabajé durante casi un curso entero en un pueblo cercano que no tiene enseñanza secundaria; una de mis clases, a la que más cariño cogí, era la de tres años. Hoy me he reencontrado con mis alumnos de la manera más tonta. "¿Tú eres de tal sitio? ¿Y te llamas tal? Coño, pues yo fui profesora tuya". Me ha hecho mucha más ilusión a mí que a ellos, pero qué se le va a hacer. Están en esa edad.
Lo más gracioso ha sido darme cuenta de lo poco que han cambiado realmente estos chavales. El payaso de la clase de entonces sigue siendo un payaso ahora; el que tenía una personalidad arrolladora, la tiene aún hoy en día. El tímido es más tímido todavía, el tonto -que nunca llegaba al baño y siempre terminaba pidiéndome que le limpiara el culo, con perdón- es tan tonto como antes y la que era lista entonces lo sigue siendo ahora. Sólo ella, que de pequeña era la mandona de clase, parece haber cambiado ahora y se ha convertido en una niña tranquila y atenta que trata de pasar desapercibida. El enamoradizo de la clase, que una vez le dijo a una compañera mientras jugaban a papás y a mamás debajo de la mesa "cuando sea mayor, me voy a casar contigo" y no recibió respuesta alguna, enseguida me ha recordado el nombre de su amada: "¿Y te acuerdas de Fulanita?" Por supuesto, me hubiera gustado decirles todo esto, y recordarles los besos y abrazos que me daban, y cuando se sentaban en mi regazo a oír el cuento de la tarde, y cuando me hablaban del coche de su papá nuevo (sí, lo he escrito bien, el papá era nuevo, el "viejo" se había muerto en un terrible accidente del que él fue testigo), y de lo contentos que se ponían cuando les cantaban el cumpleaños feliz (zorionak zuri, que era una ikastola) aunque no fuera su cumpleaños. Y quiero decirles que, diez años más tarde, aún guardo su foto enmarcada en mi cuarto, y que me he acordado mucho de ellos, y que muchas veces he pensado en qué sería de ellos, y que me alegro de haberles visto de nuevo...
Pero no puedo, porque tienen trece años y se les caería el mundo encima de la vergüenza que pasarían. Sólo puedo bromear con ellos (son una clase muy maja, adolescentes de los buenos, de los que todavía quedan) y comentar pequeñeces y detalles muy medidos que no vayan a herir su ego de púberes ni a ridiculizarles delante de la clase. Pero mañana les voy a llevar la foto y a recordar con ellos -por ellos- esos tiempos, diez años atrás, donde yo acababa de empezar y veía todo con la misma inocencia que ellos. Aquella época en la que todos teníamos tres años y lo más fácil del mundo era pedirle a tu mejor amiga que se casara contigo.
4 comentarios:
Eso de Alavesa en mayúscula... pues que no me suena, lo de Rioja pues sí.
Y no veas si ahora el tonto te pide que le limpies el culo...
Trece años no son nada, aun tienen que hacer el cambio. Lo veo en el club de baloncesto, con los niños que empezaron con ocho y ahora tienen veintidós. Y las niñas... no veas.
Estas, hace poco y por hacerme un detalle, me regalaron un tinglado de esos que sirven para hacer masajes eróticos en la cabeza. Lo compraron en un sexshop, me dijeron las muy canallas con una sonrisa de oreja a oreja.
Qué bien te sienta este respiro que te has dado en tus estudios, ruth.
Bonito post. Bonita tu.
un beso animoso
Haces bien en llevarles foto. Se partirán de risa, se meterán unos con otros, harán como que no les importa, pero en el fondo, se emocionarán. Lástima que no dispongamos de un escáner emocional. Un beso, emocionante post.
Y yo que acabo de empezar a impartir clases después de varios años deseándolo. Te envidio sanamente, Ruth. Espero que algún día yo también tenga un reencuentro.
Un saludo, colega.
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