El retorno II




M. es una niña ucraniana de nacimiento y vasca por derecho propio. Fue adoptada cuando tenía un año; apenas pesaba seis kilos entonces, y dice su madre que lo único que hace desde que llegó es comer, aunque todavía sigue siendo una pelusilla diminuta. Es la única de su clase que aún lleva pañal, uno de esos supermodernos que son como braguitas y le permiten ir al baño si se acuerda de que tiene que ir. Su cara está siempre iluminada por una enorme sonrisa, y los ojillos -azules, muy azules- le chipean detrás de unas gafas rosas que la hacen incluso más guapa. Es tan rubia que no puede salir al recreo sin gorra. Es tan pálida que te da la sensación de que se quemaría con la luz de una cerilla. No se le entiende demasiado cuando habla, aunque ella comprende todo lo que se le dice tanto en euskera como en castellano. El año que viene empezará con el inglés. Y espero que la sonrisa no se le borre nunca (ojalá pudiera enseñaros su cara para que supierais que no exagero, pero os tendréis que conformar con su -precioso- cogote).



En otro orden de cosas: ¿a que nunca habíais visto a setenta y cinco niños de tres años en una fila tan recta? Me he quedado alucinada de todo lo que pueden hacer a esa edad, ¡y yo que pensaba que hasta los doce los niños no eran independientes!
Por cierto, el título de esta entrada se debe a que esta semana estoy en la ikastola que -casi- me vio nacer. Me acabo de enterar de que cuando yo empecé era ilegal y nos firmaba las actas y los informes otra que era legal. Oye, lo que aprende una treinta años más tarde.

6 comentarios:

Sebastián Puig dijo...

Chica, ni en un desfile militar; qué orden y disciplina. Ese retorno está siendo verdaderamente hermoso.

Anónimo dijo...

setenta y cinco!!!!
¡Qué barbaridad!
Y todos en fila...
Yo no puedo ni con uno

Tanhäuser dijo...

Me encantan las historias que cuentas sobre tu trabajo, que por cierto, veo que lo haces muy pero que muy bien.
Un abrazo.

Luz dijo...

Que belleza, todos esos chiquitines en fila jeje. Sigue viva la esperanza desde que haya personas que miren y entiendan a los niños como lo haces tu, Ruth (precioso nombre el tuyo, mi hija se llama Ruth :)

Un abrazo

Janet Guerra dijo...

Hola Ruth, como ves te devuelvo la visita... Gracias por tus ánimos. Y me gustaría saber cómo se consigue tanta disciplina en los pequeños, yo con la mía apenas puedo.
saludos,
janet.

IMAGINA dijo...

Jajajajaja.
Me hiciste recordar una vez que fui al preescolar de mi hija (que hoy cumple 19) y la maestra comenzó a hablarnos de "punzado" hasta que a una mamá se le ocurrió pedir ver el instrumento de punzado, que no era otra cosa que un instrumento de corcho con una especie de alfiler pegado, con el que ellos tenían que hacer muchos agujeritos en un papel.
Los padres casi nos desmayamos, pero la mestra aseguró que jamás había ocurrido ningún accidente con el punzón.
Un abrazo,