La culpa es del euribor

La subida del euribor está cambiando el estilo de vida de muchas personas. Yo empecé a cambiarla con cosas pequeñas; primero fueron las bombillas de bajo consumo, aunque eso fue más por el calentamiento global que por la factura de la luz (antes, claro; ahora me arrimo a la bombilla de la lámpara de la sala para leer, que es la que menos consume, y veo la tele a oscuras); luego empecé a reducir el consumo de calefacción (chándal de felpa y mantita por los hombros, y duchas rápidas con el radiador al mínimo, que no hay que derrochar); y, por último, he tenido que sacrificar ancho de banda. He reducido la velocidad de Internet.
No es que me ahorre mucho, apenas son diez euros al mes (los muy capullos lo han hecho de forma que no puedas renunciar al teléfono sin renunciar a la tele, y yo sin House no sé vivir), pero me animo pensando que son ciento veinte euros al año que puedo gastar en un curso de macramé o material de dibujo, aunque seguramente terminarán yendo a la hipoteca, si sigue subiendo a este ritmo. Llamé a la compañía la semana pasada. "En 72 horas, desconecte el router y vuélvalo a encender". Por supuesto, no me acordé hasta ayer.
Estaba yo leyendo "Los cuentos de Canterbury" en inglés moderno en una página de Internet cuando me acordé. Sábado por la noche y se me ocurre desconectar el bicho. Por supuesto, cuando fui a ponerlo otra vez, no funcionaba. Reinicio el ordenador, le doy mil vueltas al airport, pongo velas alrededor del portátil... Nada, no tira. La única solución es llamar al teléfono de averías de la compañía telefónica, pero si no me cogen el teléfono un miércoles por la tarde, dudo yo que me lo vayan a coger un sábado por la noche. Para mi sorpresa, en veinte segundos -sí, segundos, no minutos- tenía un operador en línea.
-A ver, dígame por favor qué tipo de router tiene.
El ordenador y yo estamos en la sala, el router en el despacho. Voy corriendo a la otra habitación y se lo digo.
-¿Tiene usted el ordenador encendido? Apáguelo, por favor.
Carrerita por el breve pasillo hasta la sala. El gato, encantado con el nuevo juego, corriendo detrás de mí.
-Ahora desconecte los cables del router en el orden que yo le voy indicando.
Nueva carrerita, porque el tío habla a velocidad de relámpago. Desconecto todo lo que me dice.
-Y ahora encienda de nuevo el equipo.
Otra vez para la sala. Y, según salgo del despacho como alma que lleva el diablo, el gato se me cuela entre los pies y ¡¡¡PATAPÚÚÚÚÚM!!! El teléfono sale volando, yo me encuentro con los dos pies fuera del contacto con el suelo a la vez y termino en el ídem cuan larga soy, rozando mientras caigo la pared de gotelé del pasillo con toda la parte izquierda de mi cuerpo. Increíblemente, de mi boca no sale ni un "ay", el teléfono no se ha roto y el operador no se ha enterado de nada.
-... y cuando tenga usted el ordenador encendido, vuelva a conectar...
-Un momento, por favor -logro articular, mientras me pongo de pie y arrastro mi rodilla herida y veo brotar la sangre de mi codo izquierdo a través de la chaqueta del chándal. El gato, todos los pelos del cuerpo en alto y la cola tres veces más ancha de lo normal, me mira con las uñas fuera. Enciendo el ordenador -portátil, os recuerdo-, lo cojo como puedo y lo llevo al despacho. Lo que tenía que haber hecho desde el principio, ya.
Dos minutos más tarde tengo Internet. Es colgar al tío de Euskaltel y ponerme a soltar redioses y "sauroncomotepillemevoyahacerunpardecalcetinescontupellejo". Busco al gato y lo encuentro en una esquina del pasillo, acojonado pero ileso, tembloroso y cagadito de miedo. Y entonces me doy cuenta de que, si no llega a tener sus reflejos felinos y me llego a caer encima de él, hoy no tendría gato. Y el brazo me duele un poco menos.
Mecagüen el banco central europeo.

8 comentarios:

Enrique Páez dijo...

Desde el blog de Joaquín Bernal, llego al tuyo. Una sorpresa agradable (ahora sé por qué Joaquín lo enlaza). Muchas felicidades. Volveré a visitarte y, en cuanto pueda, a enlazarte.
Abrazos,
Enrique

Ruth dijo...

Enrique, me dejas de piedra. ¿Quién es Joaquín Bernal? Para hacerle una visitilla, vamos.
Gusto en conocerte.

Anónimo dijo...

jaja qué cosas tiene la blogosfera!!

Yo estoy como tú. De momento, nos hemos pasado a yoigo, y estoy a ver si convenzo a mucha gente de que se apunte también, que las llamadas entre yoigos son gratis (sólo pagas la conexión 0.12)...

Este ca#@#@ del Trichet...

Enrique Páez dijo...

Ruth,
pensé que os conocíais, porque Joaquín, que ha sido uno de mis alumnos más brillantes, tiene tu blog recomendado en su página. La cual es, por cierto, http://deletras.bitako.com/
Espero que la disfrutes.
Abrazos.

AdR dijo...

:D Desde luego lo que le pasa a uno por ahorrarse dinero ¿eh? Fijate que yo me he recorrido mas de medio Madrid para ahorrarme dinero con el portatil... que si lo devuelvo en un sitio y voy corriendo a otro antes de que se acabe... ay, un lio vamos, menos mal que no tengo gato :)

Besos
Me has hecho pasar un buen rato, como siempre.

Tanhäuser dijo...

Venga, no te quejes, que en Junio te van a caer 400 euracos, jejeje.
Besos y cuida ese codo.

Ruth dijo...

No, Tan, a los vascos no nos cae ni medio céntimo, que tenemos no sé qué régimen fiscal y aquí no se aplica.
Si ya lo dice el Wyoming: la culpa de todo la tiene Zapatero.

Max Estrella dijo...

A mi lo que me resulta curioso es que ahora (no lo digo por ti) todo el mundo es experto en economía...empieza a ser como las obras (todo el mundo entiende) y el mundo de las leyes..todo el mundo sabe derecho....ainsss
pd. En el País Vasco,tenéis régimen fiscal específico,recaudais todos los impuestos que pagan los vascos y luego de ello pagais una parte a la hacienda nacional,española,del Estado español...una parte...se llama el cupo vasco...que por cierto ha sido denunciado por la UE por ir en contra de la armonización comunitaria...el gobierno español ha defendido la legalidad y alegado en contra de la posibilidad de que nos impongan una sanción mientras no desaparezca..
(siento la chapa)
besos