Gente "Snape"

Desde que ha empezado el curso, he dejado una manía que había desarrollado los últimos años y he decidido olvidarme del ipod cuando voy a trabajar. No tengo nada en contra de la música (aunque escuchar todos los días las mismas canciones, aunque tengas más de mil, termina haciéndose pesado), pero es que ir con los cascos no me dejaba pensar con claridad. Cada canción tiene una historia, un momento, un recuerdo del que echar mano, y siempre me dejaba atrapar por esa magia y prácticamente dejaba la mente en blanco. Ahora que voy sin música medito, pienso, hago conexiones. Hoy, sin ir más lejos, me ha dado por hacer alegorías con el personaje de Severus Snape en Harry Potter.



(Aquí varias personas han dejado de leer porque ya he vuelto a las andadas con mis “fricadas” y sólo hay unos pocos que las aguanten. Gracias a los demás por darme el beneficio de la duda y esperar que no me ponga a hablar de pociones varias.)

Severus Snape tuvo una infancia horrible. Sus padres discutían, su madre era incapaz de mostrar afecto, su padre no se preocupaba por nada y encima el propio Severus era un bicho raro por sus dones y su forma de vestir. Sus circunstancias eran horribles. No había nadie que de pequeño le enseñara a apreciar a los demás, ni siquiera a sí mismo; nadie a excepción de una amiga, una persona en la que apoyarse. A pesar de ese apoyo, Severus eligió el camino que no debía, un camino que le separaría de la única persona que le había enseñado a sentir afecto. Esa ayuda, sin embargo, fue suficiente para que, cuando llegó el momento de la verdad y realmente tuvo que elegir entre echarse a perder del todo o volver a una senda más o menos recta, eligiera lo correcto. Y con ello le llegó un segundo apoyo que le mantuvo entero, aunque con una coraza de tal tamaño que nadie más pudo acercarse a él. Los que habéis leído el libro, espero que estéis de acuerdo en la definición; los que no, espero que os hayáis enterado de algo.

A pesar de ser un personaje de ficción, Snape es tan real para mí que a veces me da la sensación de que lo conozco. ¿Cuánta gente Snape conocéis? ¿Cuántas personas a las que se os hace imposible acercaros? Esa gente que no os cae bien, que siempre tiene una sonrisa irónica en la boca, solitaria y algo huraña. ¿Por qué son así? La gente antipática, borde, grosera, ¿nace o se hace? Tenemos tendencia a apartar a esa gente de nuestro lado. Irradian energía negativa, nunca tienen un comentario amable, te sueltan una puñalada en cuanto tienen la oportunidad. Es difícil quererlos, por no decir imposible, pero ¿os habéis parado a pensar que son la gente que más lo necesita? Están acostumbrados al rechazo, a no gustar, a que la gente les ignore en el mejor de los casos. Nada de lo que nosotros podamos sentir por ellos les causará el menor impacto. Nada, claro, excepto lo más difícil: afecto.

No seré yo quien abogue por un trato digno a las personas antipáticas, amargadas, bordes, algo hirientes, porque soy la primera que huye de ellos. Simplemente me ha dado por pensar, por hacer una reflexión más o menos profunda en los veinte minutos de paseo que me cuesta llegar al trabajo, en que quizás deberíamos dejar de juzgar superficialmente a la gente que nos trata mal y tratar de imaginarnos cómo han sido tratados ellos. Una reflexión inútil, probablemente, porque ya ves tú lo que va a solucionar que en vez de querer estamparle un palo de béisbol en la cabeza me dé pena el que me ha soltado una animalada, pero una reflexión, al fin y al cabo. Y ya que últimamente ando escasa de ideas, me apetecía plasmarla.

Espero que me permitáis la “fricada”. Ya sabéis que de vez en cuando tengo la edad mental de una niña de diez años.

(Nota al margen: con lo que me gusta Alan Rickman y lo que me gusta el personaje de Severus Snape, qué poco me gusta Rickman haciendo de Snape en las películas. ¿Cómo se lo han podido cargar de semejante manera?)

3 comentarios:

jose.etxeberria dijo...

Off-Topicc
¿Te refieres al japones del paseo nuevo, enfrente del Kursaal, al otro lado del río?
¡Qué iluuu!!!! ¡Yo gritaré RUTH!!!

Fernando Alcalá dijo...

wow! Menuda reflexión, guapa, y qué abandonada te tengo, es que no paro. Y yo que sin mi Ipod no soy nadie, a mí es que la música me ayuda a pensar, fíjate. Es cuando voy en silencio cuando pongo la mente en blanco. Me pasa siempre, no me cuesta nada evadirme (sobre todo cuando me habla la madre de mi novia y no sé por qué -sin ironía-), así que la música me permite centrarme.

A mí es que la gente Snape suele parecerme interesante precisamente por todo eso que preguntas que puede o no puede haber detrás de ellos y a veces me las propongo como un reto, ver qué hay detrás.

Tía!! Que nos han retrasado la peli hasta verano!!

Leticia Zárate dijo...

Maravillosa entrada, y maravillosa reflexión, ¿cuántos Severus Snape tendré como alumnos? Triste realidad...

(Además me encanta Harry Pooter).

Tengo una pequeña anécdota en mi blog, quizá te guste.

Besos.