Pero no. No, porque cuando me matriculé me hice la firme promesa de que haría todo lo posible por sacarme la carrera en el menor tiempo posible (y aún así será mucho tiempo). Lo hago por placer, y sé que nunca debo perder la perspectiva de que no necesito una licenciatura, pero ya que estoy en ello me gustaría llegar hasta el final. Y sé que es mi mente, mi tremendamente voluble mente, la que me juega malas pasadas y me incita a pegarme al ordenador y escribir cuatro chorradas en lugar de sentarme con los formalistas rusos y ver qué tenía Aristóteles que decir sobre ellos (o viceversa, porque a estas alturas solo sé que no sé nada). Es la misma mente que siempre me dice que no soy lo suficientemente buena escribiendo, la que empieza una novela con ganas y luego la deja a la mitad, la que no tiene constancia más que para reprocharme las cosas que no hago bien.
Y me niego. Esta vez voy a ganar yo. Voy a apuntar todas las cosas que podría estar haciendo en lugar de estudiar y a atacarlas el mismo viernes, cuando ponga el punto y final al examen de fonética. Entonces seguro que mi mente entrará en modo descanso (también llamado "ahora para qué, ya puedes hacer el vago todo lo que te dé la gana") y toda mi energía me abandonará, pero confío en que algo quede que me permita hacer por lo menos la mitad de las cosas que me apetece hacer ahora mismo. El viernes. El viernes empiezo a vivir otra vez.
Pero hasta entonces, nada. Hasta entonces:
1 comentario:
Ánimo!!! Para consolarnos: "brilliant minds think alike" y digo para consolarnos por dos razones, porque yo también soy así y porque nunca es un mal día para echarse piropos.
Venga, que tú puedes!
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