Antes escribir era una necesidad. O quizás no. Quizás yo quería creer que necesitaba escribir, cuando en realidad era sólo una manera de evadirme. Que también es una necesidad. Pero no es lo mismo.
Ya no siento esa necesidad. Ya no siento ese impulso, ese motor que me obliga a sentarme en el ordenador y escribir, lo que sea, como sea, pero escribir. No sé si es porque he pretendido tomármelo más en serio, y entonces ha dejado de ser divertido. No sé si es que estoy cansada. No sé por qué, pero ya no necesito escribir. Leer, sí. De momento, esa necesidad existe. Me da miedo agotarla y que de repente me encuentre sin necesidades, con un verano eterno ante mí y sin nada que me impulse a levantarme por las mañanas cuando el tiempo no acompañe. Será la falta de cosas que hacer. Será que he desacelerado tan de golpe que me he parado. No lo sé.
Espero que no sea que ya no lo necesito.
2 comentarios:
Me extraña que no lo necesites. Con el tiempo volverá. Como mucho podrás ser una ex-escritora tratando eternamente de rehabilitarte. Escribir es como el alcohol. Yo no creo en las desintoxicaciones. Puede que estés en la "luna de miel de los diabéticos".
Siempre digo, desde que lo leí en las páginas de Fante, que soy un yonqui de la literatura. Que necesito verbos en vena y verbena de palabras danzando en torno a mis sueños, mis realidades, mis fantasías, mis pesadillas.
Porque necesito leer, no escribir. Y leo cada día, casi en cada franja horaria. Pero no sé porqué, desde hace un año y pico obedecí a una amiga y empecé a escribir. Al principio no me gustaba (sigo sin gustarme), pero al final, se trata de una terapia. Nunca no tengo nada que escribir. O sobre qué hacerlo.
Tengo pasado que contar y presente que vivir. Y un futuro incierto como esas nubes prañadas de primavera.
Tu entrada me ha gustado. Tu texto, tu forma de moldear palabras, ha hecho que siga leyéndote con carácter rectroactivo...
Gracias.
Un abrazo.
Mario
Publicar un comentario