Hoy cumplo treinta y cinco años. Mi plan para hoy era levantarme pronto -las nueve, o así- para alargar MI día. Pero han llegado las nueve, y las diez, y las diez y media, y a mí no me ha dado la gana de levantarme. Por fin, a las once y después de muchas horas de sueño, he sacado los pies de la cama. El día ahí fuera es precioso, ni una nube. Dicen que hoy vamos a tener hasta veinte grados, pero no quiero ilusionarme. Llevaré el abrigo de invierno, ya me lo quitaré si calienta.
El plan del día empezaba con limpiar la casa, pero como me he levantado tarde me ha dado pereza y he pensado que mejor mañana. La casa es un desastre, no podré invitar a nadie a pastas hoy. Luego pasaré por Goya y cogeré una tarta pequeña para mí y para mi madre, porque mi hermano no está. Mi madre es diabética, así que la tarta tendrá que ser muy pequeña si no quiero ponerme del tamaño de un cachalote. Pero antes debería ponerme a escribir.
Y ahí está el problema.
No sé si es porque estoy en un momento extraño en mi vida (me están pesando mucho los treinta y cinco, y eso que no llevo ni una hora despierta con ellos), porque ya había perdido la costumbre de escribir o porque la presión de escribir porque sí ya no me gusta y prefiero tomarme mi tiempo para hacerlo "bien". No sé qué es, pero sé que le estoy cogiendo manía a mi historia, y no es mala -no necesariamente-, pero yo sí. Ya lo he dicho. No valgo para escribir esta historia. No valgo, porque a todos los personajes les pasan cosas, y a mí no me pasa nada. Me lo puedo inventar, sí, pero nunca sabré cómo se siente una mujer maltratada (que encima no sabe que lo es), o una divorciada que ha perdido un hijo y ahora se enfrenta a un cáncer de útero, o un homosexual que no ha salido del armario ni para sí mismo. No digamos ya lo de mostrar cómo se relacionan entre ellos, o explicar de mala manera por qué cada uno es como es. He apuntado demasiado alto y demasiado amplio. Debería centrarme en uno solo de esos personajes. Pero no, porque lo que quiero mostrar es una familia aparentemente perfecta donde todos están completamente destrozados por dentro. Y todo por culpa del padre. Sociedad patriarcal llevada al extremo.
He desvelado demasiado, pero me da igual. Total, guardar el secreto de la obra nunca me ha servido para terminarla. Esta irá al cajón virtual de lo no acabado con su diez mil escasas palabras. Y qué. El mundo no necesita otra novela, necesita paz mundial. Y la autodeterminación del Sahara, pero otra novela no.
Treinta y cinco. Qué mal me han caído, por dios.
6 comentarios:
Felicidades! Oye, a esa historia... ¿no le pasará que es todo demasiado tremebundo? igual si metes a un personaje que no esté tan hecho polvo, la cosa funciona.
Y lo hay, es el personaje que intenta verlos desde fuera y a quien engañan (o se deja engañar, aún no lo tengo claro). Ya, yo es que a lo bestia, o nada.
Gracias por pasarte por aquí.
Llego unos días tarde, pero felicidades ;-D
Feliz cumpleaños. 35... quién los pillara, como se suele decir.
Si me permites, te diría que no te rindas, que sigas adelante, que no valores el trabajo hasta que lo hayas acabado, que no te agobies antes de tiempo, que disfrutes escribiendo sobre esos personajes.
Un abrazo y los correspondientes tirones de orejas.
Felicidades con retraso...pero con la mejor de las sonrisas y los mejores deseos...
mis 35 también llegaron con sequía "anotadora" pero creo que lo importante es mantener la intención que las cosas van saliendo (espero) y poder volver en determinado momento a sentarte frent al ordenador y que las cosas fluyan...
35 es un número bonito...si ya te lo dice uno...
En fin, ya sé que es algo tarde, pero nunca para felicitarte. Lo que sí lo es para darte algunas recomendaciones de gato viejo, pero a estas alturas, es de esperar que ya ha pasado el subidón o el bajón, según se mire desde el ático o desde el sótano.
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