Diario

Es domingo. Me encantan los domingos. Me encierro en mi casa y solo hago lo que yo quiero. No salgo, no veo a nadie, no me mandan horarios externos, solo los míos. Yo, mi, me, conmigo. Ojalá todos los días fueran domingo.

El viernes tuve un enfrentamiento con un niño de siete años. Me alegro mucho de que no dejen pegar a los maestros, porque si se me llega a escapar la mano, él está en el hospital y yo en la cárcel. Tuve que repetir varias veces "aquí mando yo". Su respuesta: tú a mí no me mandas. Y sé que tiene razón.

Ayer fui a ver una serie de performances de teatro experimental. No entendí absolutamente nada, pero me encantaron. Creo que, cuando se trata de teatro experimental, no es cuestión de entender, sino de sentir. Sentí arcadas -todavía hoy, cuando recuerdo cierta escena-, sentí miedo, sentí tensión. También indiferencia, pero alguien que iba conmigo se entusiasmó, así que no era necesariamente malo. Eso es el arte, supongo, que cada uno lo entienda de manera diferente.

Queda una semana para mi cumpleaños. Cumplo treinta y cinco. Estoy pasando una crisis, pero no sé si es la de los treinta tardía o los cuarenta temprana. Espero que esto signifique que me salto una crisis, porque si dentro de cinco años tengo que pasar por otra voy a hacer rica a mi psicóloga. Qué cosas, oye. Crisis. La palabra maldita.

Cambian las reglas ortográficas, pero yo a la "y" la voy a seguir llamando y griega, porque me gusta. Ye. Soy la chica y y. Je, je. En fin. Es domingo. He dormido demasiado. Ya no se tilda la o. Jon, ¿me oyes? Ya no se tilda la o. Nunca. Jamás.

Sigo escribiendo, y, aunque es malo, sé que tiene arreglo. Estoy creando tanto personaje despreciable que empiezo a pensar que hay algo de ellos dentro de mí, no es normal que salga tanta mierda de un sitio limpio. Uno de ellos tenía que dar pena; en lugar de eso, da asco. No sé si están tomando vida propia o es que no sé controlarlos. Un poco de todo, supongo.

Domingo. Hace frío en casa. La calefacción a tope y el gato en el radiador...

1 comentario:

Antonia Romero dijo...

Felicidades por tu cumple. Y eso de las crisis, te voy a decir una cosa y espero que sepas aceptarlo: es algo instrínseco en el escritor. Somos los seres más patéticos, crisísticos (toma patada al diccionario) y autodeprimentes del planeta (no conozco escritores de otros mundos). En fin, un chocolate caliente, un cucurucho de chocolate con nata, unas marrón glacé, y mucha, mucha tinta. Esa es la medicina que te impondría inmediatamente y con urgencia.
Un abrazo y apúntate al gimnasio que mis medicinas tienen efectos secundarios.