
Trabajo en la escuela pública. Si todo va como debe y la crisis no nos conduce a un despido masivo de funcionarios, trabajaré en la escuela pública el resto de mi vida, ya sea como profesora o en cualquier otra función. Y, como empleada de una de las mayores empresas del país, creo en mi trabajo. Creo en lo que hago. Creo que la escuela pública cumple una función que nunca, nunca, podrá cumplir el sector privado. Tengo tantas razones como niños y niñas hay matriculados en las distintas escuelas, pero así, a bote pronto, se me ocurren unas cuantas que considero indispensables. Que conste que soy consciente de que hay muchas situaciones distintas, que las escuelas concretas dependen mucho de la suma de sus partes y a veces esas partes no son todo lo buenas que deberían ser, pero permitidme que hable en teoría y mencione las virtudes de la escuela pública.
- La escuela pública es integradora. No hay ratios que valgan, no hay porcentajes de niños y niñas venidos de otros países. Sé que muchos de los que estén leyendo esto dirán "ya, y eso es precisamente lo peor de la pública". No. Suele decirse que la escuela es un reflejo de la sociedad, una versión en pequeño de lo que pasa ahí fuera. Yo diría más: la escuela es el lugar donde la sociedad empieza a formarse. Si los niños y niñas locales se acostumbran a convivir con niños y niñas extranjeros, cuando, una vez adultos, les toque trabajar con alguien de fuera no se van a sorprender. No van a mirar raro a nadie por llevar turbante, no van a hacer comentarios del tipo "yo no soy racista, pero todos los moros son unos vagos". Esto no se consigue en un año, ni en una década, quizás ni siquiera en una generación, pero se conseguirá gracias a la escuela pública.
- La escuela pública es coeducadora. Niños y niñas mezclados, recibiendo la misma educación, sin diferenciarles en absoluto (esto sí que es solo teoría, pero vamos acercándonos). No hay uniformes obligatorios que hagan a las niñas llevar faldas y a los niños corbata. Todos son iguales. Todos tienen las mismas oportunidades.
- La escuela pública es de todos y todas, lo que significa que tanto vosotros y vosotras como yo decidimos su futuro a través de nuestro voto. Toda la ciudadanía paga el sueldo de las maestras, las directoras, las jefas de estudio; también pagamos los sueldos de las trabajadoras de los colegios concertados, por cierto, pero ahí nuestro voto no decide nada. Ellos y ellas deciden el currículum, contratan el personal a dedo y eligen (¡eligen!) al alumnado que entra. ¿Un diez por ciento de inmigración para cubrir el cupo? Estupendo, todos chinos, que son muy trabajadores y aprenden echando pipa; aleja de mí a esos moros, y los gitanos... Venga, nos inventamos algo para que no entren.
- La escuela pública es gratuita. Es un derecho. Es un deber. Es algo que tomamos por supuesto y que poco a poco nos van quitando, con pequeños (y no tan pequeños) recortes cada vez. Primero aumentar el número de niños y niñas por clase, así reducimos profesorado; luego vamos cortando programas de distintos tipos, como el pago de libros de texto, hasta que las condiciones sean tan ridículas que nadie quiera tomar parte y se extinga porque "los padres no mostraban interés". Se nos ofrecen programas cuya responsabilidad cae exclusivamente en un profesorado que ya está hasta el cuello de trabajo (cobrando menos que antes), pero no se nos da nada a cambio del trabajo extra. Y encima se vende hacia el exterior la idea de que todo el profesorado está compuesto por una panda de vagos. Cómo no.
Podría seguir así hasta mañana, pero me temo que al final la lista se convertiría en una gran queja contra los ataques que está sufriendo la escuela pública, y no era esa mi intención. Mi intención es dejar claro que el noventa por ciento del profesorado que trabaja en la educación pública cree en lo que hace y se merece un respeto que no está recibiendo. Ya sé que estamos en crisis, ya sé que hay que cortar por algún sitio, pero ¿de verdad tiene que pagarlo el servicio más importante que se da a la sociedad? Hay un millón de cosas que se podían cortar antes (por ejemplo, la monarquía, o las subvenciones a la iglesia -un, dos, tres, responda otra vez-), nunca, nunca deberíamos tocar la escuela pública. El catetismo se hereda y es muy contagioso. No podemos dejar que se extienda.
9 comentarios:
El país, -solo hay que dar un garbeo por la calle- no está por la educación ni piensa que le haga falta, algo muy recurrente, por cierto, en la sociedad española (en la vasca lo dudo)
No sé yo si la vasca es muy distinta en esto, Pau. Lo ha sido durante años, no te lo niego, pero últimamente veo cosas y oigo comentarios que no me parecen normales.
España se las da de culta, burlándose de otros países porque se creen muy listos, y luego ves cada cosa... En fin, yo seguiré en mis mundos de Yupi, creyendo que algo se puede cambiar.
Yo siempre he envidiado aquello de "las vacaciones del maestro",pero nunca se me ha ocurrido ni llamar vagos ni indicar que se recorte por ahí.Recortar en profesores es prestar menos servicio, es empeorar la educación. Ahora vivo en Castilla La Mancha donde han despedido a 700 interinos,¿no hacían falta? ¿no daban ninguna asignatura ni ejercían labor alguna? Y ¿qué hace un profesor despedido? ¿A qué se dedica, a montar una academia...?
Y soy de Murcia,un caso espeluznante de paletismo,donde se aprobó una ley para concertar toda la educación privada y la nueva forma de invertir en educación es montar cooperativas de enseñanza, donde aunque no hayas aprobado la oposición o, precisamente por eso, teniendo dinero, te reúnes con unos amiguitos y montas un colegio que, aunque privado, tienes acceso a todos los beneficios públicos...lo público se está convirtiendo en un guetto y no creo que sea el sector más ineficaz de lo público (si es que tiran por ahí el argumento)...
En fin, como dicen por ahí..."a mi no me mires que yo no les voté"...y yo añado...pero me quejo porque me parece de una desfachatez absoluta...lo que se está haciendo no tiene nombre y la desvergüenza con la que lo hacen tampoco...estaremos atentos a las ocurrencias del nuevo ministro y sus secuaces...
ufff lo siento, ¡vaya parrafada!
Besicos
Amén, letra por letra.
No, no, en defensa de la escuela pública mientras la escuela pública haga bien su trabajo.
Como todo. Si funciona bien, adelante.
Si no funciona bien, se pregunta: ¿Tiene arreglo? ¿Qué se necesita? ¿Cuánto cuesta ponerla en solfa?
Y se hace según el panorama.
Oiga, Ruth, que los humanos llevamos millones de años sobre la madre Tierra y sólo hace un poquíiiiiiito de tiempo que montamos esto de la "escuela".
Prefiero que las haya, pero sólo si son buenas para un buen fin; para perder el tiempo, para infantilizar, castrar la sana curiosidad de los niños o para adocrtrinarles sin contemplaciones,¡que las cierren ya!
No sé escandalice,Ruth, es que no hay mejor cuña que la de la propia madera.
No, hombre, por supuesto, si los niños están mucho mejor en casa, con padres demasiado ocupados para prestarles la atención que necesitan, que en una escuela "castradora de la sana curiosidad" (todos pegados a la tele, que es lo único que ven hoy en día), "adoctrinadora" (solo con esa palabra ya sé mucho de usted) y donde solo se va a perder el tiempo. Mejor en el campo dando brincos (que, de hecho y sin ninguna ironía, es donde deberían estar en su tiempo libre, pero por desgracia no es así).
Por cierto, que yo no me escandalizo por su comentario. Lo único que me escandaliza es que haya tildado ese "sé" que no es del verbo saber. Opiniones hay para todos los gustos y es usted muy libre de compartir la suya.
Gracias por la corrección gramatical. Se me va la mano y corrijo poco,es otro de mis defectos, que son muchos como ya ha adivinado con su natural perspicacia.
Lo del adoctrinamiento le ha tocado alguna fibra sensible, a lo que noto. No se preocupe. Hubo generaciones que se pasaron años cantando el Cara al Sol, el Oriamendi, las Montañas nevadas y demás zarandajas de la época antes de pasar a las aulas. Y murió Franco y algunos se subieron a la chepa de la política y aún siguen en ella, son algunos de nuestros dirigentes: cantan otras cosas ahora.
Cada época tiene sus rituales pero, como la juventud, no duran toda la vida. Ni falta que hace.
Si se le ocurre leer mi anterior comentario con más calma, quizás reconozca que sólo despotrico de la escuela que no hace bien su labor.
Usted, que debe andar en eso de la enseñanza y es aguda de natural, ya habrá notado que los contenidos de la tele y del cibermundo tienen una gran capacidad persuasiva. Cultivar el sentido crítico es un poco más difícl ahora que hace unas pocas décadas, en esta parte del mundo.Pero hay que intentarlo, como hay que buscar el tiempo para estar con los hijos y acompañarles en su desarrrollo. No sólo es cuestión de ponerles una camiseta del Athétic y gritar ¡aupa! con ellos delante del televisor.
Nunca fue fácil ser persona.
Afortunadamente siempre hay quienes lo intentan. Y además saben que no todo tiempo pasado fue mejor.
Contar historias, sí.
Inventar historias, también.
Y la propia vida como la mejor historia de cada cual, aún sin reconocerlo, aún sin que nadie le preste ninguna atención, que es lo habitual. A fin de cuentas, ya es bastante complejo moverse en el mundo con la historia de cada cuál a cuestas y envolviéndonos en sus repliegues. No queda tiempo para estar también en historias ajenas aunque cuando se está ebamorado parece que se ha entrado en la historia del otro y que se confunden las estelas de ambos...mientras dura el encanto del enamoramiento.
Y si tan difícil es vivir la propia e irrepetible historia, si eso es así, ¿por qué fascina tanto el oir contar historias, o verlas?
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