Cuando los angloparlantes inventaron el concepto de "guilty pleasure" (así, en inglés, porque lo de "placer culpable" como que no queda igual), estoy segura de que estaban hablando de esta serie. Encefalograma más profundo que plano, tíos buenos como única excusa válida para engancharse a la serie y diálogos servidos a la misma velocidad que los de Las Chicas Gilmore, con la diferencia de que a mí me ponen más Mike Ross (Patrick J. Adams) y Harvey Specter (Gabriel Macht), con todo lo que me gustan Lorelay y Rori. Tramas facilonas, líos de faldas, problemas de conciencia y casos más o menos interesantes como excusa para llevar adelante el capítulo. ¿Os suena? Sí, es Ally McBeal con más testosterona. Demos gracias.
Harvey Specter es un abogado al que le gusta saltarse las normas, inteligente y -por supuesto- guapo y elegante, a quien no le asusta arriesgar su pellejo ya no por el rédito económico, sino solo por la aventura. Su jefa, Jessica Pearson (Gina Torres y la razón por la que empecé a ver la serie), le dice un día que tiene que encargarse de contratar a un nuevo fichaje; su firma solo contrata licenciados en Harvard y allá que se va Harvey a aguantar a los pesados que se plantan en su despacho. Pero en una de estas aparece Mike Ross, un veinteañero con una maleta llena de marihuana que iba a hacer un "recado" para un amigo y a quien están a punto de pillar. Se esconde en la oficina de Harvey, a quien inmediatamente cae bien. Hablan, y Mike le explica que es un genio con memoria fotográfica, que ha pasado el examen del BAR varias veces (por encargo y bajo pago; vamos, que es un estafador de primera), y que la única razón por la que no tiene un título es porque su abuela, que lo crió, no tenía manera de llevarlo a la universidad. El flechazo es instantáneo y Harvey, cómo no, contrata a este chico sin título que se sabe la ley mejor que él. Ya tenemos bromance.
Las historias giran normalmente alrededor de estos dos personajes principales, pero también hay una serie de secundarios que, casualidad, suelen ser mujeres (a excepción de Louis, probablemente el mejor actor del reparto y el más feo de toda la televisión estadounidense). Jessica es la jefa, la máxima autoridad de la empresa y uno de los personajes femeninos que más me gusta ahora mismo en la televisión. Con su metro ochenta de altura, Gina Torres está condenada a interpretar siempre a mujeres fuertes y de carácter (de nuevo, demos gracias) e incluso he leído por ahí que estarían pensando en ella para hacer de Wonder Woman (lo de amazona le va que ni pintado, la verdad). En este caso, Jessica es una jefa comprensiva que lleva a los suyos con mano férrea pero no inflexible, sumamente inteligente y que, atención, no usa su físico para salirse con la suya. De hecho, ni siquiera hay tensión sexual entre ella y ninguno de sus subordinados; los guionistas han creado un personaje que consigue ser complementario de Harvey, pero a su vez tan alejado de él que es imposible imaginarlos juntos en una relación. Si hay algo que me encanta de esta actriz es esa habilidad que ya demostró en Firefly para participar en unos diálogos cargados de dobles sentidos y hacer que te quedes con cara de "espera, eso era una broma, ¿no?" y nunca termines de estar segura. Mi frase favorita hasta ahora fue la que dio fin a una pequeña discusión con Harvey: "But the really important thing is that I'm taller than you". Y tiene razón, claro.
(Ni un maldito vídeo he encontrado en el que se pueda oír un diálogo entre Jessica y Harvey. Parece ser que a la única a la que le parece que no hay tensión sexual es a mí, porque todos los shippers están intentando liarlos con cancioncitas ñoñas.)
Harvey tiene otra gran mujer cubriéndole las espaldas, su secretaria Donna Paulsen (Sarah Rafferty), una mujer con el mismo humor que su jefe, divertidísima, muy inteligente y que conoce a Harvey mejor que él mismo (por algo lleva décadas trabajando junto a él). Este personaje estaría a la misma altura que el de Jessica Pearson si no fuera por el detalle de que ella sí usa su sexualidad y su físico para conseguir lo que quiere. Aunque de momento no ha saltado la chispa entre ella y Harvey, me temo que en este caso sí la van a provocar; en un capítulo, alguien le pregunta por qué no se ha acostado nunca con él y ella contesta "porque cambiaría las cosas". No porque no le guste, no porque no quiera. O sea, rollito a la vista. Esperemos que tarde, porque lo que más me gusta de ella es su picardía y esa conexión platónica con su jefe que hace que te mueras de risa con una sola mirada.


Eso en lo que respecta a las "mujeres de Harvey", porque cuando pasamos a las de Mike Ross, la serie ya se va a tomar por culo en lo que a personajes femeninos complejos y con tramas elaboradas se refiere. Que sí, que Mike está muy bueno, que tiene un aire de niño despistado que hace que una quiera achucharle y enseñarle dónde está el váter, que tiene un corazón de oro y la única razón de que haya cogido el trabajo es para que su abuela esté bien atendida, pero lo de ponerle a una morena y una rubia detrás para provocar una innecesaria tensión romántica me parece demasiado. Una es la novia de su mejor amigo (que para tener amigos como ese, mejor no), a quien pintan tan tonta y tan sosa que te da hasta pena y ya la quieres con Mike porque qué va a hacer la pobre si no; la otra es una compañera de trabajo con la que el flirteo dura la primera temporada entera y con quien está claro desde el principio que va a acabar, porque la chica, admitámoslo, es mucho más mona, más lista, más compleja y cae mucho mejor que la rubia (y si no, ved la cantidad de vídeos ñoños que han hecho con ambos). Lo único bueno que se puede decir de este triángulo es que ninguna de las dos se echa al cuello de la otra y las dos terminan culpando a Mike por jugar con ellas. Por supuesto, la historia está escrita de tal manera para que digas "sí, jo, pero pobre Mike, con lo bueno y majete que es", porque no olvidemos que el prota es él, pero lo cierto es que se marca un perro del hortelano que da gusto verle.
Como digo, una serie facilona, de una sola temporada y trece capítulos (ya ha empezado la segunda, habrá que ver cómo sigue), perfecta para esos días tontos que no sabes qué ver. Chapó a los guionistas por los diálogos rápidos, chapó a Patrick J. Adams por su frescura y su puntito diferente (para mí el descubrimiento de la temporada) y suspenso bajo al que se le ocurrió lo del triángulo amoroso. En resumen: cuándo llega el jueves para ver el siguiente capítulo.
P.D: Parece que el buen rollito entre los personajes se debe al buen ambiente entre los actores y actrices, porque anda que no se lo pasan bien los condenados.



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