Tesoro

Ella es joven, jovencísima, quizás no tanto en términos absolutos pero sí para sostener a una niña de unos dos años en brazos. Se para a mirar unas cortinas, las toca, se interesa, y al tiempo que deja a la niña en el suelo llama a alguien que se le ha adelantado por el pasillo del Leroy Merlín.

--Tesoro, ven un momento.

Yo me quedo quieta, pensando que no puede ser, que no puede tener otro hijo, menos aún uno lo suficientemente mayor para adelantarse por su cuenta y obedecer a la primera a aquella llamada tan dulce, sin alzar la voz. Me doy la vuelta para mirarla con disimulo mientras finjo interés en unas sábanas que no necesito, y entonces aparece Tesoro, que resulta ser un tiarrón con tatuajes en ambos brazos y cara de partirle la cara a cualquiera que le llame tesoro, a excepción de la mujer que le ha llamado. Él se acerca, y escucha a la mujer/niña, y comenta sus preferencias por las cortinas de al lado, las que ha visto con un solo ojo porque el otro está pendiente de la cría de dos años que corretea entre taladros. Y yo me alejo, porque ya he visto bastante y he vuelto a cometer el error de juzgar a la gente al primer vistazo.

Y entonces pienso en todas esas veces que ponemos motes a la gente sin darnos cuenta del daño que hacen, y en esas pocas veces en que acertamos de pleno con los apelativos. Y me pregunto, mientras busco las sierras de calar que usa el de Bricomanía en todos sus programas, cómo llamará Tesoro a la que ha sabido ver la joya que él esconde dentro, y para qué demonios quiero yo una sierra de calar si ni siquiera sé lo que es "calar".

1 comentario:

hippie pirata dijo...

Eso de ir tras sierras, serruchos y caladoras, conlleva ver cosas raras por doquier; moraleja: la próxima vez busca otra cosa, en taladros por ejemplo.