Diario de una novela, o confesiones de una escritora bipolar en ciernes




Día 0: Principios de octubre. Se me ocurre una idea para una novela. Es la mejor idea desde la invención de las persianas, va a revolucionar el mundo literario y toda la humanidad va a hablar de mí durante décadas. Empiezo a pensar en cómo me voy a quitar a las editoriales de encima. Quizás debería ir pensando en hacer el guión cinematográfico al mismo tiempo que la novela. Me hago una lista de actores buenorros para que la protagonicen.

Día 1: Empiezo a escribir. No he escrito ni guión ni diario de personajes, no he delineado la novela, no he hecho ningún trabajo previo. Solo escribo. Me levanto una hora y media antes de ir a trabajar y me juro a mí misma que éste va a ser mi horario de escritura, pase lo que pase, y que no lo voy a usar para nada más. Tengo sueño. 

Día 5: Empiezo a pensar en mí misma como escritora porque he escrito todos los días. Me imagino yendo a conferencias y participando en tertulias sobre cuyos temas no tengo ni idea, pero a las que me invitan por mi condición de escritora. Empiezo a andar más erguida por la calle. Miro a los demás con superioridad porque soy escritora y ellos no, ja, ja, ja. Me doy cuenta de que escribir por la mañana me pone de mejor humor y voy a trabajar más contenta. Si antes la historia me parecía buena, ahora es cojonuda.

Día 17: La hora y media de escritura por la mañana se ha reducido un pelín. La culpa es del despertador, que le das y vuelve a sonar a los diez minutos. La historia va, pero más bien psé. Empiezo a tener dudas.

Día 31: La historia es una mierda, yo no valgo para esto, no sé en qué estaba pensando, mejor estaba durmiendo. Pero no duermo. Mi cuerpo se ha habituado al horario y me tengo que levantar, y ya que estoy levantada, pues escribo. Mi dosis de café diaria ha subido de cuatro a siete tazas. Leo un estudio que dice que el café es bueno. Menos mal.

Día 45: Odio mi vida. Odio mi ordenador. Odio mi idea. Odio a los personajes. Todo es una mierda. A ver si el mundo explota ya de una bendita vez y no tengo que terminar el churro que a pesar de todo insisto en seguir escribiendo. 

Día 62: Me pregunto qué hacía yo antes de ponerme a escribir esta historia. Me pregunto qué hace por las mañanas la gente que no escribe. Me pregunto qué es eso que llaman dormir. Mi hora y media de las mañanas se ha convertido en una hora, pero ahí sigue. Vuelve a engancharme la idea, al menos la mayor parte del tiempo.

Día 84: Estoy terminando el primer borrador. Estoy tan emocionada que mi hora de escritura al día se ha vuelto a convertir en hora y media por las mañanas y otros cuarenta minutos a la hora de comer. Los personajes han tomado vida en mi cabeza y el mundo de fuera me parece banal y aburrido. Empiezo a pensar que tengo una úlcera por comer tan rápido y beber tanto café.

Día 95: He terminado el primer borrador. Lo leo y no quiero saltar por la ventana ni liarme a martillazos con el ordenador. Paso una semana retocándolo y tomando apuntes de cosas que quiero cambiar. Hago tres copias de seguridad. Decido que es lo mejor que he escrito nunca, aunque eso no signifique mucho porque mi tolerancia es muy baja. Salto un poco por casa. Quizás haya bailado a ritmo de Britney Spears, pero no hay testigos y nunca podréis probarlo.

Día 102: Empiezo a escribir otro proyecto y dejo el anterior macerando, a ver si en el disco duro coge solera. Decido que esta nueva novela va a ser mucho, pero que mucho mejor que la anterior. No veo película, veo serie. De hecho, no voy a poder escribir un solo libro, calculo por lo menos tres o cuatro. Es la mejor idea desde la última buena idea que tuvo nadie. Soy genial. Soy maravillosa. Soy la hostia.

Día 112: Reservo un montón de libros sobre el tema que estoy tratando en Amazon, pero no le doy a comprar.

Día 130: Empiezo a sospechar que esta historia es mucho para mí.

Día 153: Decido mandar el nuevo proyecto a la porra y volver con el antiguo. Echo de menos a los personajes. Releo el primer borrador y vuelvo a pensar que qué bello es vivir.

Día 175: Fin de curso y exámenes de la UNED. Mi agotamiento y mi ánimo son inversamente proporcionales. La historia es una mierda que no hay quien salve. Me rindo. No valgo para esto. La hora de escritura ahora son treinta minutos que empleo en leer los periódicos digitales antes de ir a trabajar. 



Día 210: Vuelvo de un curso en el extranjero con las pilas cargadas. Retomo la historia poco a poco. Escribo una precuela, saco una historia corta de ella. Releo mis notas y decido que los cambios no son para tanto.

Día 230: Primeros de agosto. Termino el segundo borrador. Lo releo y cambio un par de detalles. Decido que es una obra maestra, que va a vender millones y que tengo el Planeta en el bolsillo (y con eso me refiero tanto al premio como a la Tierra). Empiezo a pensar en actores que interpreten a los personajes. Me pregunto si el señor de la foto tendrá libre el calendario del próximo año y cuánto cobrará, por si puedo pagarle de mis emolumentos como escritora de grandes ventas. Decido que igual le mando un mensaje vía twitter; total, ya debe pensar que estoy loca de atar después de todos los que le he enviado.

Esta es la cara que veo cuando me imagino
a uno de mis personajes. Ya, sí,  la motivación
tiene que venir de la historia, bla, bla, bla.
Y una leche. 

Día 230, dos horas más tarde: Me tiro de los pelos y decido que he escrito un churro, que no valgo para esto, que mejor le doy a borrar y empezamos de nuevo. Mando otro tuit al chato de la foto y le digo que mejor lo dejamos.

Día 230, por la noche: Vuelvo a estar convencida de que el dinero y la fama están a punto de llamar a mi puerta, pero que ya puede ir llegando que tengo que pagar el coche nuevo. Decido dejar el borrador macerando y darle un repaso dentro de uno o dos meses. La idea de dejar que alguien lo lea me produce dolor de tripa, aunque quizás sea la úlcera. Cambio de nombre en twitter, no vaya a ser que conteste el otro.

Día 231: Empiezo un nuevo proyecto. Este sí que va a dejar a todo el mundo con la boca abierta. Pienso en el diseño de la portada y en que quizás Sandra Bullock quiera protagonizar la película. Será cuestión de ir buscando el teléfono de su agente para ver qué fechas le vienen bien.

5 comentarios:

crizagloss dijo...

Me encantan estas entradas tuyas, no me puedo reír más.Creo que tu novela tiene los ingredientes básicos que (imagino) les pone cada escritor ¿no? Esfuerzo, inseguridad y optimismo en dosis alternantes y mucho, mucho café. Estas listas para la siguiente fase ¿no crees?
Por cierto, de casualidad, están emitiendo en cuatro una película de Alan Tudyk.No tiene nada que ver, pero me ha resultado curioso estar viéndola justo mientras leía esto. Ahora entiendo por que tu Alan, se llama Alan (por que me imagino que ese personaje es él ¿no?)
¡un abrazo!

Ruth dijo...

Ji, ji, ji...
Sí, Alan estaba inspirado en los personajes que suele hacer Alan Tudyk, que es un actor que me encanta, pero luego fue cogiendo vida propia y mutó. Le ha quedado algo de su físico, pero el Alan Peterson de mi cabeza es muy distinto al actor (mejor dicho, a sus personajes y a lo que deja asomar de sí mismo en twitter, porque obviamente no tengo ni idea de cómo es en la vida real). Le puse el nombre de Alan por ir tirando, con la intención de cambiarlo más adelante, pero luego ya me fue imposible, no podía llamarse de ninguna otra manera.
Me alegro de que te haya hecho reír, con esa intención está escrito. ¡Gracias por comentar!

Erly misaki dijo...

Hola :3 bueno andaba rodando por la red y me encontré con esto... es genial, más que genial, me hace recordar un libro de Gabriela Gambaro que leí hace tiempo "Relatos Inocentes" era como su diario personal de escritora. Me gustaría saber más de ti y sobre lo que escribes.
La verdad es que mi sueño es ser escritora y busco inspiración en todas partes a veces me pongo un poco histérica y he mandado más de dos libro llenos a a basura y eso sin contar que apenas si tengo 14 años.
La verdad eres buenísima, ya ando pendiente de tu blog. Besos

Tinta al Sol dijo...

¿Qué haces contando mi vida en tu blog? ;D
No te digo más que, en mi caso, hay que sustituir a Alan Tudyk por Nathan Fillion.
Debe ser que hace falta mucha "Serenity" para dedicarse a esto de escribir.
Buenísimo el texto, lo comparto con mis lectores. Un saludo.

Ruth dijo...

Ji, ji, ji... Nathan Fillion (mejor dicho, su versión tuneada que poco tiene que ver con la realidad) también tiene su hueco en la historia, y hasta ahí puedo leer. ¿O acaso no hacen Wash y Mal una estupenda pareja, con permiso de Zoe? Además, ella haría mejor yéndose a salvar el mundo con River, que se necesitan mujeres fuertes por ahí, ya vale de tanta Inara sosa como ella sola. ;-) [momento friki OFF]

Gracias por comentar y compartir.