Me encanta la serie “Perdidos”, no lo voy a negar. Aunque me enganché tarde y vi las primeras cinco temporadas en un verano, soy de las frikis que se levantaron a las seis de la mañana para ver el último capítulo en la tele y evitar que alguien me lo fastidiara con un “spoiler”. Me gusta tanto que, aprovechando que en verano la temporada de series hace un parón, la estoy viendo de nuevo. Es la tercera vez que la veo. ¿Os he dicho que me gusta? Menos mal que solo son seis temporadas.
Eso sí, una cosa es que me guste y otra que no sea crítica con ella. Creo que es una de las series que más gazapos tiene, y no me refiero ya a la historia en sí (que también), sino a la credibilidad de los hechos. Ojo, no estoy hablando del humo negro, o mover la isla, o los viajes temporales; esos son elementos de ciencia ficción que una acepta cuando ve una serie de este pelo. Me refiero al hecho de que cojan un palo de una hoguera y tengan una estupenda tea con la que ir por la selva así sin más, o que consigan quemar un cadáver humano hasta convertirlo en cenizas en una hoguera que no da ni para calentarse las manos, ¡y en menos de cinco minutos!, o que alguien se pasee descalzo por la selva durante días y sea capaz de seguir el ritmo de los demás sin quejarse. Llamadme picajosa, pero eso me pone más nerviosa que el hecho de que un tío esté encerrado bajo una escotilla metiendo números en un ordenador para salvar al mundo. Soy así.
Lo que más nerviosa me pone a mí de las series o películas que hablan de náufragos en islas desiertas es lo fácil que parece sobrevivir ante los elementos. De vez en cuando me da por imaginarme cómo sería mi vida en la isla, mientras veo a Sawyer campar a sus anchas por la jungla sin camisa ni zapatos y con un ligero bronceado que en ningún momento se ha puesto rojo a pesar de que se pasan el día al sol y no tienen crema de protección solar. ¿Cómo me las apañaría yo? Mal, muy mal. Desde la primera escena en la que Jack abre un ojo y se encuentra en la selva, yo tendría problemas. ¡Mis lentillas! ¡Qué iba a hacer yo con mis lentillas! En caso de que no saltaran con el golpe o se me quedaran incrustadas en el ojo, la primera vez que me las quitara ya no iba a poder volver a ponérmelas, ¡y soy muy miope! Llevar gafas no iba a arreglar nada, porque seguro que con el accidente se me rompen y lo mismo se me clavan, o algo. Sumado a que tengo una orientación penosa, como para moverme por la jungla. Un desastre, vaya.
Luego está el pequeño detalle de la higiene personal. Perdónenme los hombres por mencionar este detalle, pero ¿es que las mujeres de la isla no tienen la regla? ¿Hasta eso cura el poder misterioso del magnetismo dichoso en la isla? Que sí, que ya sé que tienen las maletas, pero cuarenta y tantos supervivientes, pongamos que la mitad de ellos mujeres, tres meses en la isla… Mucha compresa me parece para tan poca maleta. Vamos, digo yo. Por no hablar de lo monísimas que están todas y lo buena que debe ser el agua salada para lavarse el pelo y la ropa. Vale, ya sé que encontraron agua dulce, pero ¿y el champú? ¿Y el detergente para lavar la ropa? Voy a decir más: ¿y la plancha? Porque anda que no van todos cucos, con unas camisas impecables sin manchas de sudor ni nada (no me mencionéis la escotilla; antes de encontrarla, iban todos que parecían salidos de un pase de modelos, con el tono justo de bronceado incluido). Y, sobre todo: ¿y la cuchilla para depilarse las piernas? Porque no me creo que todas las supervivientes se hayan “hecho el láser”, y no hay otra explicación para esas piernas tan hermosas que lucen todas. Y ya no voy a entrar en el tema del bebé que, oye, tiene una manta de niño siempre limpia encima (¿también la encontraron en las maletas?) y nunca le faltan pañales limpios que llevarse al trasero. Me imagino yo a un bebé en una isla desierta de verdad. Se me cae el alma.
Vamos, que ya sé que es una serie de televisión y que ellas y ellos están ahí para lucir tipo, pero seamos serios: cualquier serie de ciencia ficción tiene que tener un ancla en el suelo, algo que suene a verdad. Me imagino a mí misma en la isla, sucia, desorientada, medio ciega, con la piel achicharrada por el sol y la ropa deshecha y llena de manchas, buscando frutas bajo los árboles y con una cagalera del quince porque no hago más que comer fruta (eso sí se mencionó, y me hizo mucha gracia), o tratando de pescar y cayéndome al mar, seguro. Comparado con eso, lo del humo negro no deja de ser una tontería sin importancia. ¿Que 4, 8, 15, 16, 23, 42 o revienta la isla? Pues vale. Pero a mí que alguien me cace un jabalí y me lo guise bien guisado, que con mis anemias voy a necesitar carne de verdad desde el minuto cero.

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