¿Qué tienen los domingos que cuesta tanto levantarse? Esa pereza, ese saber que no hay nada que hacer, esa desgana por poner un pie fuera de la cama. El mundo ahí fuera parece estar de fiesta, como si la vida se detuviera una vez cada siete días. Las calles vacías, silencio hasta de coches, cielo nublado que amenaza lluvia. Los domingos deberían ser siempre lluviosos. Es para lo único que sirven.
Me gustan los domingos. Ese levantarse tarde, ese aprovechar el día para hacer las cosas que dan demasiada pereza entre semanas. Leer un domingo es mucho más agradable que leer un lunes. Saber que tienes horas muertas que no puedes gastar en el supermercado o en la tienda de turno. Tomar un café. Charlar con alguien. Domingo pausado, domingo de relax, de jugar con los gatos y ver las horas pasar.
Domingo. Día perfecto si no fuera por el dichoso lunes.
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