Ganchillo y patchwork, hobbies tremendamente "femeninos" para una feminista que defiende que las mujeres pueden ser bomberas si les da la gana, ¿no? Me podía haber dado por arreglar motores diesel, o por hacer un curso de talla de madera en la escuela-taller que tengo al lado de mi casa. No, me ha dado por dos cosas muy ligadas al mundo tradicional de las mujeres. Y entonces me he puesto a pensar qué hay de malo en ello. Son dos pasatiempos que tienen su misterio, y que trabajan algo más que la dexteridad manual. Con el patchwork he aprendido más de geometría que todo lo que aprendí en la escuela. Una tiene que tener muy en cuenta qué fórmulas se necesitan para hacer un círculo de determinado tamaño, o sumar bien el perímetro de una forma concreta para poder calcular cuánta tela vas a necesitar para el borde. Me he encontrado en internet más de una vez para buscar cómo se hace un hexágono con compás, o ideando mil maneras de sacar todos los triángulos posibles de una tela malgastando lo menos posible. Yo, que en matemáticas he sido siempre una nulidad, me he encontrado haciendo cálculos antes de cortar y coser dos piezas juntas. Y con el ganchillo me paso el rato contando y calculando cuántas repeticiones necesito para llegar al final con un determinado patrón, y fijándome bien en el dibujo para ver si he hecho bien los aumentos. Lo de hacer mis propios patrones llegará (espero) más adelante.
El feminismo no se trata solo de lograr un sitio en primera fila en un mundo en el que las mujeres han ocupado (y ocupan) un segundo plano, sino en hacer que el mundo que tradicionalmente ha sido el femenino cobre importancia, y se valoren las tareas que las mujeres han hecho durante años y la sociedad ha despreciado por ser inútiles. Como las tareas de casa, o el cuidado de los niños, o de personas mayores. Son tareas necesarias que normalmente han hecho las mujeres, se ha dado por hecho que era su labor, y ahora que nos hemos cansado de quedarnos en la sombra haciendo lo que nadie más quiere hacer nos encontramos con que hay un vacío que los hombres no han querido llenar. No hay nada denigrante en cambiar el pañal a un abuelo, no hay nada humillante en quedarse en casa con los niños mientras la mujer va a trabajar. Pero durante siglos se nos ha hecho creer que eran tareas menores, y a ver quién es el guapo que cubre el hueco de los trabajos ingratos. A nadie le gusta que su tarea quede sin recompensa, solo que las mujeres ya se han acostumbrado a ello.
Seguiré haciendo hobbies de los llamados femeninos porque me gusta sacar provecho de mi tiempo libre. El dueño de la tienda de lanas ya me ha dicho que no corra tanto, que disfrute con la tarea. Me lo ha dicho bajando sus agujas de punto (estaba haciendo unos puños perfectos, yo quiero aprender a hacer eso) y observando con delicadeza la tarea que yo estaba haciendo. El jersey que está tejiendo es para su mujer, a la que no le va mucho eso de las lanas. El manitas de la casa es él. No tienen hijos, pero me los imagino corriendo en la tienda entre las señoras entregadas a la labor y comiendo las galletas que nos pone de merienda.
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