De faltas de ortografía en periódicos o el dolor de ojos que conllevan

En mi cuadrilla (léase "grupo de amigos/as" para todos aquellos/as de fuera de Euskadi) me conocen como la talibán de la ortografía del grupo. Siempre ando corrigiendo los correos electrónicos que me mandan (cada vez menos, ya ni eso nos molestamos en escribir) y los watsapps del grupo, donde, gracias al corrector del teléfono, ya no hay excusa para saltarse las haches con eso de que hay que ahorrar velocidad y espacio (que digo yo, ¿qué hace la gente con todo ese tiempo que se ahorra no poniendo una hache, o escribiendo ke en lugar de que?). Últimamente, sin embargo, estoy mucho más comedida, por un lado porque sé que no es agradable que alguien te eche en cara que tienes faltas de ortografía y por otro porque, seamos sinceras, me he dado por vencida. Si después de cinco veces de corregirte "haber si nos vemos" todavía no te has dado cuenta de la diferencia entre el verbo haber y la expresión "a ver", ya no tengo mucho que hacer. Me hace gracia que ahora son ellos y ellas los que pillan las faltas, y la corrección siempre va con un "Ruth, no me puedo creer que se te haya escapado esto". Siembra y recogerás, parece ser; todavía no hemos conseguido que el watsapp sea zona sin faltas, pero ahí andamos.

Y es que, visto lo visto, lo de las faltas de ortografía se está convirtiendo en algo endémico, ya no solo en los watsapps de mi cuadrilla, sino en cualquier expresión escrita de las que tanto abundan últimamente. No hace mucho vi en un blog una frase que me hizo dejar de seguirlo de forma automática. La frase era algo así:
Estar atentos al blog las próximas semanas, porque van a ver muchas novedades. 
Esta frase me la encuentro en una redacción de mis niños y niñas de sexto y les cae un choteo tremendo sobre el imperativo y el verbo "haber" (que pronto dejará de ser impersonal, porque todo el mundo lo usa ya en plural y me pone malita), pero a la persona que escribió esta frase no le dije nada (y eso que era un blog sobre libros; ¿es que a la gente no se le pega nada cuando lee?). No soy quién, supongo, para andar corrigiendo a extraños. ¿O sí? A veces pienso que la ortografía se corrige a base de avergonzar al personal, pero no es algo fácil de hacer. Cuando es un desconocido o desconocida quien te corrige, siempre puedes pensar "¿quién coño se cree?", o "¿qué sabrá ella?", ofenderte y ofuscarte y agarrarte a tus faltas como si de tu seña de identidad se tratara. Si es un conocido de hace poco, no te atreves a corregirlos por no ir de pedante, aunque cada vez que abren la boca o ves algo escrito quieras morirte un poco. Cuando hay confianza... La confianza da asco, dicen con razón, y, visto lo visto, algo funciona.

¿De qué camionero estamos
hablando?
Ayer, sin embargo, me encontré faltas de ortografía en un periódico local, y eso sí que no. Si hay alguien que tiene que dar la cara y dar ejemplo son los periodistas. No se puede permitir que alguien que escribe para el público y recibe un sueldo a cambio (por bajo que sea, que ya sé que están muy puteados) confunda el verbo "haber" con la preposición "a". No se puede permitir que no sepa algo tan básico como que no se pone coma entre el sujeto y el predicado (hay excepciones, pero el autor o autora del artículo no dio con ellas; de hecho, la forma en que lo ha escrito lleva a confusión, y me volví loca buscando en el artículo una mención del camionero ese que menciona entre comas y que solo se podría escribir así si se hubiera mencionado antes). No, no se puede permitir a un periodista escribir con faltas de ortografía, sobre todo unas tan básicas. Huelga decir que dejé de leer el periódico. No lo dejo para siempre, pero en ese momento no pude seguir. Solo tuve fuerzas para sacarle un par de fotos que mandar a mi cuadrilla (y recibir el choteo de siempre: ¿para qué sirve la hache, si es muda?, a lo que otro contestó: para que el agua sea agua, y no oxígeno. Me hizo mucha gracia).
¿En serio? ¿EN SERIO?

Nunca dejaremos de escribir con faltas, pero quizás llegue algún día en el que los correctores de libros (donde he encontrado más de una falta), los periodistas y, por qué no, los blogueros y blogueras tomen conciencia de lo mucho que importa escribir de cara al público y la forma en la que ellos y ellas moldean el lenguaje y dan ejemplo. La ortografía importa porque es la única forma que tenemos de asegurar la comprensión de un mensaje. Las haches distinguen entre un "hecho" y un "echo", la "y" y la "ll" son todavía dos fonemas distintos que conllevan una gran carga de significado (no es lo mismo "el gato se calló y murió" que "el gato se cayó y murió"), y, mal que nos pese, la v y la b tienen todavía una gran carga de significado (pero a los que pronuncian la uve quiero darles con una guitarra en la cabeza). Quizás algún día todas estas diferencias desaparezcan, pero de momento importan. Y los que escriben (escribimos) de cara al público tienen (tenemos) la responsabilidad de hacerlo bien.

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