Septiembre

Ay, septiembre, septiembre, por qué eres tú septiembre. Mes de regreso, mes de reencuentros, mes de planes nuevos, mes de preguntarse cuándo llega el puente del Pilar y planear una escapada cualquier fin de semana por eso de aprovechar el buen tiempo que aún queda. Para mí, sobre todo, mes de vuelta al cole y a la normalidad. Dos meses de vacaciones dan para mucho desconectar, y aquí me veis, retomando el blog tres meses después de la última entrada. Y es que al blog no se le puede llamar trabajo, pero he desconectado tanto de la realidad que no quería ni volver a escribir, no fuera que alguien me echara mal de ojo por la envidia de mis vacaciones de maestra y terminara con aún más achaques de los que he tenido este verano, que han sido muchos y variados.

Pero ya estoy de vuelta, con intención de ser un poco más constante que este curso pasado. Es curioso cómo funciona el cerebro humano (o quizás sea solo el mío, que a veces pienso que es un poco extraterrestre), pero cuanto más tiempo tengo para hacer algo, menos hago, más tiempo desaprovecho, más hago el vago. Este curso promete ser ajetreado, con un máster a la vista (porque me va la marcha) y varios proyectos personales que veré si llevo a buen puerto, así que seguramente encontraré un hueco para dedicarme a alguno de mis muchos hobbies y estoy convencida de que voy a conseguir mantener los tres blogs que tengo (¡tres!) con más asiduidad de la que han tenido hasta ahora. Hoy la normalidad es ya total, con horario completo de mañana y tarde, y de momento ya le he encontrado un hueco al mediodía para sentarme delante del ordenador y hablar con vosotros y vosotras. Me hacía falta desahogarme.

Y tengo tanto sobre lo que desahogarme... Quiero hablar de la crisis de refugiados, de periodistas poco responsables, de feminismo (claro), de la escuela, de leyes injustas, de gente tóxica, de días de otoño con sol y color en los árboles, de viajes y hasta de fantasmas. No he llevado un diario este verano, aunque el cuaderno donde suelo escribir cuando voy de viaje ha viajado conmigo (y ha venido como se fue, sin una sola entrada), pero he escrito en el aire, en el fondo de mi cerebro, y espero acordarme de alguna de las ideas que se me ocurrieron en su momento. Y si no, da igual, porque se me ocurrirán nuevas; escribir es como correr, cuanto más lo practicas con más facilidad te sale. Vamos, me lo han dicho, porque yo lo de correr como que no, que bien me conocéis los asiduos y sabéis que cuanto menos me mueva, mejor.

Septiembre. Final del verano, principio de todo. Veremos hasta dónde nos llegan las energías. Yo, de momento, ya he empezado a tomar vitaminas.

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