Este año me ha dado por estudiar alemán. No es la primera vez que lo intento, pero parece que mi vida, así en general, se ha confabulado contra este idioma y no hace más que poner impedimentos para que yo lo aprenda. Lo estudié por la UNED mientras hacía la carrera de filología inglesa y, aunque me encantó, terminé con tantas lagunas que decidí empezar otra vez de cero al año siguiente. Me apunté a una academia al lado de casa con una nativa alemana, pero éramos muy pocas en clase, casi no íbamos y no había manera de avanzar. Luego probé con la Escuela de Idiomas y, aunque me tocó una profesora estupenda y muy dinámica que hacía que las dos horas y cuarto de clase se pasaran en un suspiro, lo tuve que dejar por cuestiones laborales (que una no puede estar en dos sitios al mismo tiempo, vaya). Me di por vencida y estuve varios años sin tocarlo, aunque de vez en cuando me daba la neura y trataba de estudiar un poco por mi cuenta (sin mucho éxito). Este año me he vuelto a apuntar a una academia, con profesora nativa que encima me conoce y compañeros de clase a los que casi doblo la edad. En vez de empezar de cero, la profe me ha puesto en segundo y tengo que hacer un esfuerzo del quince por recordar lo que di hace tres o cuatro años, pero, curiosidades del aprendizaje, eso me motiva más que repasar cosas que ya sé. He hablado más alemán este último mes que en los tres años que me pasé estudiándolo anteriormente. Suena raro, pero me paso la semana deseando que llegue la hora de ir a clase (aunque ya he hecho alguna que otra pira, que el cuerpo tiene sus límites y no puedo con mi super horario de tareas extraescolares).
Pero como tres horas a la semana no son suficientes para aprender un idioma (os lo dice una profe de idiomas que pelea porque sus niños vean los dibujos en inglés o en euskera, un esfuercito por favor), he curioseado por internet hasta encontrar una página de intercambio de idiomas. En realidad es una página donde puedes contratar profesores a distancia, que cobran por horas y te dan la clase por Skype, pero también es un punto de encuentro para gente que quiera cartearse o hablar a distancia con gente en otros idiomas. Me apunté en junio y no le hice mucho más caso, pero esta semana he recibido un email que me ha encantado. Una mujer alemana que vive en Zaragoza se ha puesto en contacto conmigo para que le ayude a escribir y hablar en euskera, idioma que está aprendiendo dónde y en Zaragoza porque su novio o marido ("maite dudan gizona", el hombre al que quiero) es vasco. A cambio, ella me ayuda con el alemán, que además de ser su idioma materno es lo que enseña. Por supuesto, me ha faltado tiempo para decirle que sí, y le he escrito una carta emocionada en alemán que ella me ha devuelto corregida al dedillo y con una profesionalidad que no paga el dinero (todo rojo, anda que no me queda nada por aprender). Ahora me toca a mí corregir sus frases en euskera, e imagino que pronto quedaremos por Skype para charlar un rato en el idioma que nos dé la gana.

Lo que me lleva a la pregunta que ha motivado este post: ¿por qué aprende la gente idiomas? Supongo que cada uno tiene su propia respuesta, y es tan variada como aquellos que la dan, pero esa explicación simplista que esgrimen algunos sobre la comunicación se queda corta. Yo estudio alemán porque me gusta la lengua, pero no me preguntéis qué es exactamente lo que me gusta de ella. También porque, como profesora de idiomas, estudiar un idioma nuevo me ayuda a entender el proceso de aprendizaje por el que están pasando mis alumnos y alumnas, y ahora tengo mucho más en cuenta lo duro que es hacer un listening, o el grado de concentración que requiere escribir un texto, o lo difícil que es expresarte en una lengua que no dominas. La mujer de Zaragoza estudia euskera por amor, en una ciudad en la que nunca va a poder usarlo más que con sus compañeros de clase y con su pareja, en un mundo en el que el euskera está infravalorado por muchos vascos que se resisten a aprenderlo o a hablarlo (aunque sepan), un idioma que "no sirve para nada". Mis compañeros de clase estudian alemán porque son ingenieros y ven que su futuro laboral puede pasar por irse a vivir a Alemania. En mi academia hay una mujer de 72 años que lo estudia porque su hija se ha casado con un alemán y se ha ido con él a vivir, y se está preparando para poder hablar con sus futuros nietos.
No es solo comunicación. Si fuera por eso, todos hablaríamos inglés y nada más, y dile a un monolingüe que deje de hablar su idioma en favor de algo que entendamos todos. Aprender idiomas debería acercarnos, aunque a veces es precisamente lo que nos separa. El esperanto fue un experimento fallido por eso mismo, porque era un idioma que no representaba a nadie. Un idioma es como un libro de historia que aún se sigue escribiendo, donde se reflejan la cultura, las tradiciones, los modos de pensar. Y sí, sirve para comunicarse, pero al final es lo de menos. Si solo fuera para eso, toda Europa hablaría el mismo idioma. Y, obviamente, todavía no es así.
Todavía.

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