Marzo ya va por buen camino, y mi aversión al invierno se va relajando. Aún hace frío, pero ya se ve el sol, y algunos días incluso podemos dejar el paraguas en casa. Hoy, por ejemplo, la tarde pide gafas oscuras; veremos en qué acaba este día de San Patricio que tan alegre ha empezado.
Termina el invierno, sí, pero yo sigo con mis cuitas minimalistas. Estos días me he enganchado al programa ese de las casas pequeñas. Gente que quiere simplificar su vida, que necesita un cambio de rumbo o, simplemente, vivir sin deudas está optando por vivir en espacios diminutos a cambio de llevar a cabo sus sueños. Claro que este es un programa americano, y como todo en Estados Unidos es a lo grande, lo que allí es pequeño aquí es un estudio de esos en los que todos hemos vivido alguna vez, y algunas "tiny houses" tienen el tamaño de mi piso en Vitoria (allí todo lo que baje de cien metros cuadrados es pequeño). Pero no deja de sorprenderme que la gente que quiere simplificar su vida se libre primero de sus posesiones. Es como si lo que nos rodea nos impidiera ver más allá de nuestras pertenencias, como si la obsesión por tener más, por tener lo último nos agobiara hasta no dejarnos apreciar lo realmente importante. Una pareja en el programa lo resumió muy bien: al tener menos espacio tenemos menos distracciones, y nos prestamos más atención la una a la otra. No les falta razón.
No sé si yo podría vivir en veinte metros cuadrados, como muchos de los que salen en el programa, pero es verdad que me han hecho replantearme el espacio en el que vivo. Siempre me quejo de que mi casa es pequeña, de que no tengo sitio para las cosas. Igual lo que me pasa es que tengo demasiadas cosas para el espacio que tengo, y en lugar de cambiar de casa tengo que purgar todo lo innecesario. Y aprender a vivir más en contacto conmigo misma, en lugar de preocuparme por hacer limpieza de armarios o recoger la mesa del estudio. No sé, son cuitas de un invierno largo que empieza a terminar, supongo. O quizás no. Quizás el próximo día os diga que me he mudado a una caravana y voy a vivir en el parque de al lado de mi casa. Quién sabe. No sería la primera vez que se me pasa por la cabeza ser nómada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario