El "Mounstro"

Tengo un Monstruo en mi cabeza, o, como escriben mis niños, un "Mounstro". Durante la mayor parte del día está callado y formalito y es como si no lo tuviera; no me acosa en el trabajo, ni cuando estudio, ni cuando duermo. Pero en el momento en que me siento a escribir... ¡Ay, madre! Entonces sale de su guarida y ataca sin piedad, y es tan fiero que me acojona de mala manera y suelo terminar apagando el ordenador, o entrando en Internet para engancharme a algún juego inútil que tiene la pantalla táctil que me hace de ratón en el portátil desgastada.
Yo le llamo Monstruo, así, con mayúscula porque es un nombre propio, pero sé que otros le llaman el Censor, el Crítico Interno, el Grandísimo Hijo de Puta Que No Me Deja Escribir Una Frase Sin Pensar Que Es Una Puta Mierda. No nací con él (mejor dicho, no nació él conmigo), salió como sale un herpes, así, sin avisar. Desde pequeñita me han dicho siempre que escribo bien, tanto mis padres como mis profesores; con cada elogio, yo me animaba y escribía aún más, y de tanto escribir el músculo escritor se desarrolló y mejoró. El Monstruo no existía entonces, y empecé a mandar mis historias a concursos. En los dos primeros -locales, muy locales- conseguí pequeños premios, y decidí tirar la casa por la ventana y participar en uno nacional.
Lo único que saqué de aquel fue una carta dándome las gracias por participar. Y un Monstruo. Porque entonces dejé de permitir que la gente leyera lo que yo escribía -la adolescencia no ayudó- y yo me convertí en mi única crítica.
Bien dice Enrique Paez en su Manual de técnicas narrativas que la parte crítica de un escritor tiene que estar presente para que lo que escribimos valga un duro (y si no, preguntadle a Maritormes, que ya veréis lo bien que os lo explica), pero tiene que mantenerse al margen hasta que terminemos de escribir y empiece el proceso de revisión. Yo me lo propongo siempre que escribo. Le digo al Monstruo "chato, o te quedas en tu jaula o me marco una lobotomía que te cagas y te quedas ahí, en el hemisferio izquierdo, y das por culo a mi lado matemático, que tampoco lo uso tanto, pero a mí déjame en paz". Y durante dos, tres días, incluso una semana entera, el Monstruo se mantiene formalito y no asoma, y parece que lo he conseguido, y llego a la página veinte, termino un capítulo, doy a guardar y sonrío.
Y entonces el Monstruo, o el Grandísimo Mamón Que No Tiene Otra Cosa Que Hacer Que Joderme La Existencia, se despierta y sale con energía renovada. Pues vaya una mierda que has escrito, así no vas a ninguna parte. ¿Para qué vas a seguir, si el tema no le va a interesar a nadie? ¿Te das cuenta de que esto mismo lo han escrito millones antes que tú, y mucho mejor por cierto? ¿A esto le llamas un personaje tridimensional? Anda, busca otro cliché, que lo estás bordando.
Y lo dejo. Y me rindo. Y lo guardo en la carpeta de proyectos abandonados, que, como sólo ocupa espacio en un disco duro, no parece que abulte tanto, pero si fuera papel tendría que plantar varios cientos de árboles para estar en paz con la naturaleza.
Desde que he vuelto a empezar a escribir, el Monstruo parece tranquilo, aunque el hecho de que lleve media hora sentada aquí, escribiendo esto en lugar de seguir con lo que había empezado el otro día (mira que me he dicho, "esta mañana no estudio, sólo escribo") es un síntoma de que el Monstruo está desperezándose. No sé cuánto tardará en mandarme a la más honda miseria, pero voy a tener que aprovechar mientras dure la paz.
Me pongo un café, miro el correo y vuestros blogs, limpio un poco la cocina y me pongo a escribir, venga.
Que sí. Que voy.

13 comentarios:

Gemma dijo...

Al monstruo, le puedes dejar que revise una sola línea de cada venticinco escritas, así no te agobia la idea de tenerlo relegado...

¡Dale fuerte!

Gemma dijo...

"veinticinco" quise decir...
(No vaya a tener que compartir pupitre con tus "mountros"...)

Anónimo dijo...

¿Pero qué le pasa al mounstro ese? yo de crío usaba esa palabreja, así que me veo en la responsabilidad de ayudar. Pero al mounstro, no a ti. El probe estará solico o tal vez se indigestó con los últimos niños crudos sin azafrán ni nada.
Quizás él sólo quiere lo que has hecho, que le dediques un texto o dos, que sea el prota por un día...

Salud!

pd: te he dicho que escribes genial?

jose.etxeberria dijo...

¡Que buena entrada! ¡Y qué identificado me siento! A mí me pasa igual. Tengo que forzarme un huevo para no autocorregirme según escribo.
Estoy intentando adquirir el hábito de escribir de un tirón y censurarme después.
Aunque he de confesar que los relatos, no las chorraditas que escribo en el bló, me acojonan bastante.

Anónimo dijo...

ruthiiii, me ofrezco para ser tu "mounstro"!
asi, mandas de paseo al tuyo, le dices ke ha habido una reestructuracion en la empresa, y ke ahora es el conserje... :)
de ese modo, el mounstro no estara en tu cabeza... solo te dara el coñazo cuando kedeis para tomar una txebetxita
(eso si, "mounstro" de contenido, no de ortografia, fale?)

y...
no seas tan dura contigo misma, mujer...
a ver si vas a ser tu la "lista" ke aprendera a andar sin caerse...
(alaaaa... ves ke bien hago de "mounstro"?)

Leticia Zárate dijo...

Hay que luchar contra el monstruo sin duda, ahora que lo mencionas sí me acuerdo de ver "lindísimo" todo lo que escribía al principio de mi vida y ahora soy capaz de decir: -esto no sirve, es una porquería.-pero bueno, son simplemente gajes del oficio, adelante!!!

Saludos cordiales.

Fernando Alcalá dijo...

bueno, ya ha pasado un día. ¿Apareció el mounstro?

Max Estrella dijo...

Pues el mío está en el proceso de revisión pero se gasta una mala uva que...cuando he terminado algo,lo aborrezco,no me gusta nada,pero nada,nada y lo dejo por el "por si acaso"...
Qué complicado es esto...
besos

Ruth dijo...

De momento, el Monstruo aplacado, gracias. Intenta asomar la cabeza, pero la voz que dice "si no escribes, no avanzas" grita más alto.
Kina, ya hablaremos, ya... Lo que pasa es que, para dejar que lo leas, ¡necesito escrirlo!

Ruth dijo...

Escribirlo, quería decir escribirlo. Que es muy pronto, leñe.

Enrique Páez dijo...

El bloqueo literario muta, se disfraza (como los traumas en los sueños), pero también es el "detector de gilipolleces" del que hablaba Hemmingway. Ánimo, Ruth, escribir sobre el monstruo, la metaescritura, también es escritura. Es un honor tener lectoras como tú. Un beso

Tana dijo...

Mi "mounstro" lleva tanto tiempo conmigo que ya pienso que le echaría de menos si se ausentara. Es como uno de esos monstruos de los teleñecos o barrio sésamo, en apariencia inofensivo, pero presto a sufrir algún tipo de transformación que le convierte en otro tipo de bicho, parecido, muy parecido a los que aparecen en los libros de Stephen King, con muchísima mala leche y ganas de devorarme el alma. Vamos, que acogota. Ya casi estoy buscándole nombre, porque el de "censor" no me gusta demasiado y al fin y al cabo, de algún modo he de llamarle, total, sé que no piensa irse...
Alguien tiene una mordaza por ahí?? ^^

EL RUMBO DE MIS PASOS dijo...

Cómprale al monstruo un billete de avión! Echále de tu vida, y sé tú.

Olé Nena! sigue así!

He entrado en tu blog desde "Kanif", espero que no te molesten mis dudas y comentarios. No quiero ser ofensiva, solo soy curiosa. Y me gusta replantearme todo lo que leo, mi monstruo no está cuando escribo, aparece sólo cuando, leo, cuando veo, cuando oigo, cuando toco, cuando...