Ayer cayó en Vitoria una granizada de espanto. Bolas de hielo como pelotas de pin-pon sacudieron coches, ventanas, aceras y hasta el tranvía tuvo que dejar de circular. Yo bajé las persianas de toda la casa, porque no creía que los cristales de las ventanas viejas pudieran aguantar una pedrada semejante. Desconecté el ordenador por las subidas de corrientes (había rayos y truenos). Cogí un cuaderno y me senté en la cocina, lista para dejar libre la mano y escribir la primera tontería que se me ocurriera, con un terrible estruendo de hielo cascándose sobre el suelo de fondo.
Hacía tres meses que no escribía.
Mi intención era, simplemente, calentar el músculo. Escribir cualquier cosa con sentido que poder tirar luego, porque obviamente nadie bate un récord de saltamiento después de pasarse tres meses sin entrenar. Escribí una hoja en un cuaderno, letra grande y desordenada. La releí. Y me quedé pasamada al darme cuenta de que había escrito lo que obviamente era el motivo principal de una novela. Negra, para más señas.
Así que hoy me he levantado -no muy pronto, todo hay que decirlo- y me he sentado al ordenador con ganas de teclear lo primero que se me ocurra, a ver si esa semilla de ayer germina y lo que me pareció una idea brillante no se diluye en la nada de mis frustraciones, como me suele pasar. Me enfrento al tema con un solo objetivo en mente: divertirme. Intentaré terminarla, sí, pero lo importante es divertirme, sin pensar en si gustará a la gente o no. Quiero terminarla. Quiero pasármelo bien. Quiero estar entretenida este verano. Quiero escribir sin contar palabras o sin agobiarme.
No escribir no era normal en mí. No me extraña que no pudiera, con tantas cosas como están pasando a mi alrededor, pero no era normal. Esta vuelta a la rutina sí. Vuelvo. Vuelvo a la normalidad. Vuelvo a escribir.
3 comentarios:
Escribir es terapéutico, Ruth. Yo tengo la sensación de que me coloca, de que me sitúa donde debo estar independientemente de lo demás. Además, siempre lo digo, cuando nada tiene sentido (mucho menos escribir porque lo que te rodea es eso, un sinsentido imposible de ordenar) precisamente escribiendo recupero el sentido. Una paradoja más... Sigue disfrutando. Yo llevo media hora diciendo "tengo que abrir el word" y no soy capaz de hacerlo por la ansiedad que me da. Pero digo yo que lo haré esta mañana... no sé.
Bienvenida a la rutina tranquilizadora donde todo es como debe ser y los cuadernos esperan su ratito de compañía cada día. Eso te ayudará a sentirte mejor. A veces es difícil encontrar el camino de vuelta cuando una se pierde de sí misma. A veces, simplemente, no encuentras el camino y entonces exploras uno nuevo; entre ellos quien sabe si puedas tropezarte con el que un día olvidaste (yo estoy en ello). Me alegra saber que has vuelto. Un abrazo
Bien por esa rutina pacificadora de sentidos.
Besotes
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