Bloqueo del escritor y otros mitos

No creo en el bloqueo del escritor. No creo en el síndrome de la página en blanco, en que las musas te abandonen. Creo en que se pueden tener días más o menos inspirados, y que algunas veces las cosas te salen mejor que otras, pero no creo en la imposibilidad física de escribir. Sé que no existe porque lo he comprobado. Para el resto del mundo, esos que no escriben (también los hay, ¿os lo podéis creer?), el bloqueo se llama vagancia.

El pasado mes de noviembre conseguí crearme una férrea rutina. Me sentaba todos los días a escribir a la misma hora y trataba de escribir la misma cantidad de palabras, que de lunes a viernes eran alrededor de 1500 y los fines de semana algo más. Algunos días estaba cansada después de un día eterno, pero me sentaba igualmente; al fin y al cabo, no se trataba de mover piedras de molino con los dientes, algo podríamos hacer. Y avanzaba. Vale, no era Shakespeare, pero nada de lo que yo haga nunca lo será, y mi objetivo era perderle el miedo a escribir. Y lo conseguí. Incluso logré algún párrafo del que sentirme orgullosa (y muchos que negaré haber escrito yo cuando gane el Cervantes y me den la cátedra), pero eso era lo de menos. Ya vendría la revisión.

Llegó diciembre y me prometí seguir así, pero ya la presión no era la misma, la novela había llegado a su punto medio y, aunque sabía lo que venía después, me daba pereza seguir. Cometí el error de darme días libres. Perdí el impulso, la inercia que me tenía pegada a la silla todos los días a la misma hora. Recuperar la costumbre fue muy difícil. Todavía no lo he hecho. Cualquier excusa es buena para no escribir.

Y no es un bloqueo. No es que no sepa como seguir, que sí lo sé (solo que ahora es más difícil, porque vienen los "macgufins", como dice una amiga, los momentos de tensión que justifican todo lo escrito hasta ahora), pero me da pereza. Me da miedo. Ya empiezo otra vez con el "¿y si no lo hago bien?", solo que ahora es mucho más ridículo porque todo lo anterior es cualquier cosa menos bueno. Más de sesenta mil palabras, el final aún no se atisba, y me pongo a dudar. No es bloqueo de escritor, no es miedo a la página en blanco porque no hay ya nada blanco. Es miedo a secas.O pereza. O entumecimiento. Pero bloqueo no.

El bloqueo se vence escribiendo. Hoy he conseguido pegar el culo a la silla y escribir mil palabras. Son pésimas, y creo que me estoy desviando, pero al menos ya sé por qué camino no me apetece ir. Mañana me sentaré otra vez. Y estas vacaciones pienso dedicar algún que otro día solo a escribir (bueno, y a comer y a dormir, pero a nada más), como ya hice en noviembre, cuando conseguí cascarme 6000 palabras en un día. Es cuestión de ponerse. De vencer a la pereza.

Y a mí a cabezona no me gana nadie.

4 comentarios:

leo dijo...

Creo que tienes toda la razón del mundo: el verdadero nombre de el rimbombante "bloqueo del escritor" no es más que pereza.
Pero en realidad, pasaba nada más que a desearte Felices fiestas, Ruth.

jose.etxeberria dijo...

Estoy de acuerdo contigo, sí.
Felices fiestas también!

dsdmona dijo...

Totalmente de acuerdo contigo... es lo que a veces me pasa ami también, me doy dias de fiesta, mañana ya escribiré y así pasan los dias...
Ahora es que me quedé sin ordenador (espero tener pronto el nuevo)

Felices fiestas

D.

Fernando Alcalá dijo...

Ruth, lo malo que tiene el NaNoWriMo es el agotamiento neuronal que te deja. No te preocupes, es normal. Tú sigue obligándote que tu cuerpo responderá y, de pronto, sentirás el cosquilleo en los dedos y la emoción en la boca del estómago. Recuerda las directrices del tito Chris Baty ;)