Sábado, día de escritura

Nueve y media de la mañana de un sábado. El despertador no suena, pero yo ya estoy despierta y dispuesta a empezar el día. Hoy tengo que escribir, me digo, tengo que sentarme al ordenador y usarlo para lo que lo compré, que no está la economía como para tirar el dinero. Hoy escribo.

Pero primero tengo que desayunar. Un desayuno lento y sin prisa, con música de fondo, relajado. El gato husmea la tostada, él también quiere. Quito la taza de café con leche antes de que meta el morro, anda que no es fino el tío. Me tomo otro café. Sólo he dormido diez horas, aún tengo sueño.

La casa está hecha un asco. No me puedo concentrar con pelusas por doquier. Paso la escoba y me pongo. Bueno, ya que he sacado la escoba, saco el Ajax Pino y le pego una fregadita al suelo. Y a la encimera de la cocina. Y ya puestos, limpio el baño.

Ya, ya está todo limpio, ya me puedo poner a escribir. Vamos a echar un vistazo a internet y ahora me pongo.

Media hora más tarde, me doy cuenta de que el reloj de pared del despacho está parado. Hay que cambiarle la pila. Es un momento, lo hago en un pis-pas.

¿Dónde coño he metido yo las pilas? Diez minutos buscándolas para encontrarlas en el cajón de las pilas. Qué cosas.

Anda, no he planchado los cuadritos de patchwork (estoy haciendo un cojín, más mono...) y quiero pasarme la tarde cosiendo en casa de mi madre, así que mejor los plancho ahora y así, mientras escribo, se enfría la plancha y puedo guardarla antes de irme, no vaya ser que el gato se queme el hocico. Un momentito, es un momentito.

Ya está. Me siento. Abro el documento. Escribo cien palabras. Miro el reloj.

Coño, es la hora de ir a comer a casa de mi madre. Apago el ordenador y me visto a toda prisa, que tengo que comprar el pan.

De mañana no pasa, mañana escribo.

Que sí, de verdad.

2 comentarios:

Fernando Alcalá dijo...

100 palabras son más que ninguna palabra, así que, objetivo cumplido.

Y me ha hecho mucha gracia una cosa: Yo tampoco soy capaz de concentrarme con pelusas alrededor.

jose.etxeberria dijo...

Es que tú pretendes escribir y vivir al mismo tiempo. Los escritores no viven, escriben.