Mi trabajo ideal

Desde que tengo uso de razón, he querido ser dos cosas: profesora y escritora. Lo de profesora fue fácil, sólo necesitas un título: hice magisterio, me saqué el EGA (título de euskera) y me puse a trabajar nada más terminar la carrera. Mi pasión era enseñar a leer a los niños, aunque todavía hoy no tengo muy claro cómo se hace eso y si las profesoras tienen algo que ver en el proceso. Cada vez estoy más convencida de que los niños aprenden a pesar de la profesora, no gracias a ella. Pero primer sueño cumplido.

Lo de ser escritora está siendo un poco más difícil. Me falta la energía requerida para lograrlo. Me falta la pasión, la concentración, el deseo. Me falta disciplina, lo que lo hace muy difícil. Debería ser capaz de sacrificar cualquier cosa por la escritura, y en lugar de eso me apunto a patchwork, o utilizo los estudios como excusa para no escribir. Pero sigo queriendo ser escritora. Sueño con ello. Y, como soñar es gratis y muy placentero, creo que es algo que voy a seguir haciendo por los restos.

Con la edad, sin embargo, los sueños cambian. Me gusta mi trabajo, pero es agotador. Sé que no voy a llegar a vieja lidiando con niños de menos de doce años, por mi bien y por el suyo. No quiero quemarme. Así que sueño despierta -otra vez- y me imagino un escenario en el que no tuviera que tratar con niños todos los días. Como ser traductora, por ejemplo. Manejar distintos idiomas, más aún de lo que ya lo hago ahora (en mi día a día, castellano; con los compañeros de trabajo, euskera; con los niños y en los estudios, inglés; tres horas a la semana, en alemán). O ser dueña de una librería y pasarme el día rodeada de libros. O de cuentacuentos en una biblioteca. Animadora a la lectura, profesora de teatro. Actriz de teatro (chúpate esa). Psicóloga. Escritora.

Escritora.

La pescadilla que se muerde la cola.

Para que luego digan que las niñas pequeñas no saben lo que quieren.

2 comentarios:

desencanto dijo...

Que reflexión tan bonita. Ya eres escritora. Saludos

jose.etxeberria dijo...

Otra vez el cambio. Es eso. No hay nada más. Si haces planes y los cumples no hay nada más que hacer.
Así que échale un par y lánzate a ser escritora. Deja el otro trabajo y dedícale atención completa. Sólo puede ser de ese modo. Y lo sabes. Además, todos los escritores que merecen la pena empezaron desde la indegencia... ¿a qué tienes miedo?
Tú, al menos, sabes lo que quieres hacer... y escribir también sabes...