He estado echando un vistazo a post pasados y me he deprimido. Yo sola. Leyendo lo que yo misma había escrito. Que no, leches, que no estoy deprimida, ni cerca de estarlo, sino muy llena de vida y con muchas ganas de enfrentarme a lo que venga. Lo que pasa es que, últimamente, siempre que me pongo a escribir es un poco desahogo, porque no escribo para nada más. No sé si es permanente o solo una fase, pero de momento no encuentro la necesidad de escribir. Ni siquiera en este blog. Y mira que os tengo aprecio, ¿eh?, pero es que no tengo nada que contar.
Podría contaros mi vida, pero se resumiría en un "hoy he ido a trabajar, he comido, he vuelto a trabajar y me he ido a casa". Ya tá. No me pasa nada emocionante. Lo que no tiene porque ser necesariamente malo, porque el año pasado por estas fechas estaba la mar de ajetreada y no era nada bueno. Así que virgencita, virgencita, que me quede como estoy.
Podría hablaros de mis niños, pero me da la sensación de que estáis hasta el moño de ellos porque no hablo de otra cosa (y eso que no soy madre; ay si fuera madre). Podría hablaros de J., mi niña con síndrome de Down, la más guapa y la más lista de su clase, que me da la mano para ir a la clase de inglés porque su psicomotricidad no es muy buena y le cuesta subir a escaleras. Podría hablaros de mis gemelos de cuatro años, que cantan y recitan en inglés como si llevaran haciéndolo toda la vida, cuando han empezado este año. Podría hablaros de mis monstruos del año pasado, que me saludan con un "hello, how are you" cuando me ven por los pasillos y me hacen sonreír. Podría hablaros de tantos niños que acabaríais hasta el moño de mí.
O podría comentar los libros que leo. Podríamos hacer unas lecturas dialógicas la mar de entretenidas (por fin, algo en educación con lo que comulgo, qué ganas tenía de ir a una charla que me llenara la cabeza de ideas). Ahora mismo es White Teeth, de Zadie Smith, y me está gustando tanto que no sé a cuánta gente le he recomendado el libro. Lo único que me deprime un poco es que la autora tiene mi edad y ya está dentro del currículum de filología inglesa. Pero si no lo estoy yo es porque no me da la gana. Y, seamos sinceros, porque ni en un millón de años podría escribir como ella.
Tantas y tantas cosas... No, si al final va a resultar que no voy a tener hueco en el blog para hablar de todo lo que quiero. Ahora solo hace falta encontrar las ganas. Y el tiempo. Y un momento del día que dedicarle al digno arte de dar a la tecla.
Pero que por aquí todo bien, ¿eh? Por aquí, todo perfecto.
2 comentarios:
Pues en habiendo salud, Ruth... Y el escribir puede que sea como todo lo bueno de este mundo, como el amor o la felicidad, que basta con no perseguirlo para que brote natural y lindo. Mira este mismo texto tuyo... Besos.
Totalmente de acuerdo con Sir...la escritura es algo espontáneo y natural...no se puede forzar...
Oye y para nada tu vida es poco interesante...seguro que tienes miles de cosas que contar...otra cosa es que a la hora de ponerte a contarlas no te dé para sentarte o quieras sentarte...
Son épocas...yo tengo una particularmente seca ahora...
besos
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