
A los seguidores del blog (y a las que me conocen en persona) no les sorprenderá mucho que empiece con esta serie, visto el coñazo que llevo dando todo el verano con el dichoso Nathan Fillion. Para los que no la hayan visto nunca, diré que es una comedia procedimental de las de toda la vida: detective femenina dura y profesional que trabaja con escritor graciosejo que la persigue a todas partes con la excusa de documentarse para sus novelas. Por supuesto, entre ellos surge la chispa, se enamoran perdidamente aunque ninguno de los dos lo ve y capítulo tras capítulo se van dando esa serie de situaciones “sí pero no” a las que tan acostumbradas nos tienen series como “Expediente X” o “Bones”, en las que parece que se lían, que hoy sí, que va a haber tomate, y luego “ná de ná”. Vamos, que no es una serie que se salga de madre por original; es divertida, se deja ver y alegra el ojillo con el dichoso Castle que está de untapanymoja.
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Como digo, uno de los personajes principales es Kate Beckett, una detective que sabe lo que hace, dura, profesional, a quien no le tiembla el pulso si tiene que disparar a los malos, con un claro sentido del bien y del mal y que se lleva bien con todos sus compañeros, a pesar de su condición de mujer con poder en un mundo de hombres. En su pasado está la muerte de su madre, el hilo conductor de la serie aparte de la relación amor-odio Castle/Beckett. Poco a poco se van desvelando hilos de esa trama, hasta el punto de poner la vida de muchas personas en peligro (tranquilos, que no me la cargo, no hay spoilers), dejando atrás el tonito humorístico de la serie y haciéndola algo más formal.
Hasta aquí todo estupendo desde el punto de vista de una feminista a ultranza como servidora… sobre el papel. Porque luego me encuentro con dos problemas que claman al cielo:
El primero es físico: vemos a Kate Beckett, interpretada por Stana Katic (guapísima, fantástica, maravillosa), y no tenemos muy claro si estamos viendo a una detective en las calles de Nueva York o a una modelo en una pasarela de París. Pase que siempre vaya con la raya del ojo hecha. Pase que siempre parezca que acaba de salir de la peluquería. Pase (con recelo) que utilice el flirteo en más de un capítulo (y más de dos, y más de tres) para coger a los malos. Pero que me persiga a los sospechosos con zapatos de tacón de aguja y corra más que todos sus compañeros, no. Eso sí que no. Con esos zapatos no se puede apenas andar –fijaos alguna vez en las mujeres que van con tacones de diez centímetros por la calle, ved la cara de “que no se note que me duelen los pies” que llevan–, olvídate ya de correr. Estoy hasta las narices de que se nos venda la moto de que las mujeres no solo tienen que ser listas, profesionales, ágiles, deportistas y un largo etcétera, sino que, además, tienen que ir inmaculadas al trabajo. A una poli de Nueva York me la imagino con coleta, la cara lavada y zapato liso –y de cordones, bien sujeto–, no vaya a ser que tenga que echar a correr en cualquier momento. Ninguna mujer con un trabajo físico puede llevar zapato incómodo. ¡Por dios, si yo solo soy maestra y tengo que ir con zapatillas!
Lo peor de todo, sin embargo (bajo mi punto de vista, obviamente), es la puta manía de Castle de proteger a su “compañera”, sobre todo en los últimos capítulos de la tercera temporada. Ella lleva una década de policía y sabe lo que se hace; él no tiene ni puta idea de lo que es ser poli, pero se pasa el día diciéndole que lo deje, que no se meta, que le van a disparar… Vale, sí, estará muy enamorado y todas babeamos con lo mucho que la quiere, pero por un momento, pensad que fuera al revés. Si el detective fuera él y ella le dijera que lo dejara, que no se metiera, ¿no pensaríamos todas y todos “joder qué pesada, qué metete, es su trabajo, si no te gusta búscate a otro”? Beckett es una mujer sin cargas familiares que investiga el asesinato de su madre; si quiere arriesgar su vida, allá ella, leches.
(El vídeo contiene spoilers. No lo veáis si tenéis intención de seguir la serie y no habéis visto el último capítulo de la tercera temporada.)
Eso en lo que respecta a la pareja principal, porque no voy a entrar a juzgar a la hija y la madre de Castle, que son también de armas tomar. Rick Castle no sabe quién es su padre porque es fruto de un “one night stand” (sospecho que esto se resolverá más adelante); su hija Alexis, a quien ha criado él, es la hija perfecta, aunque, por lo que podemos ver, él es todo menos perfecto. Volvemos a la fórmula de “el protagonista tiene muchos fallos, pero es tan mono, y tiene tan buen corazón, y las quiere tanto que le perdonamos todo”. Es ficción, ya lo sé. Es lo que vende. Pero sigo pensando que se pueden hacer series igualmente atrayentes para público masculino y femenino en las que las mujeres sean algo más que meros instrumentos. De hecho, he encontrado unos cuantos ejemplos. Eso sí, hay que buscar un poco.
Dicho lo cual, babeemos un poquillo.
2 comentarios:
A mi, pese a todo, a que es tan cierto como doloroso a los sentidos. me encanta, aparte que el Castle me mola un huevo -y no es que sea del otro barrio, eso no- sino que me cae fetén. Ella también, claro, pero no por lo que imaginas, no es mi tipo.
La ventaja de Corto Maltés (mi héroe de siempre) es que solo es un dibujo, sin embargo, Indiana lleva la cara de un tipo que ni fu ni fa (ya sé que a las tías les mola mogollón, pero a mí no).
Corto siempre ha sido un tipo con un par y además es muy humano; aparte que me siento muy identificado con él.
Castle es uno de los personajes mejor escritos en este tipo de series, a mí también me encanta. Por supuesto, el de Beckett tiene que ser el contrapunto, más seria y más formal, y con eso pierde adeptos. Todas (y por lo que vemos, muchos) estamos de parte de Castle. Y es una pena, porque a mi entender la que tiene razón es ella, pero él es más... "¡ay, qué majico que es Castle y qué bueno está, madre!"
Estoy contigo en lo de Indiana, a mí tampoco me hace tilín. Y el Corto Maltés no lo he leído nunca, pero le tengo cariño porque a mi padre le encantaba -y los dibujos son preciosos, ahora que empiezo a apreciar los cómics-.
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