Por qué escribo

A veces me pregunto por qué escribo.
La gente suele decir que es porque les gusta. Yo no. Si soy sincera conmigo misma, muy sincera, llego a una terrible conclusión: no me gusta escribir. Es como si a un heroinómano le preguntas si le gusta la heroína. Me gusta cómo me hace sentir en los momentos de subidón, por supuesto; cuando todo fluye, cuando la historia se escribe sola, cuando no hay que pensar mucho. Pero luego viene el bajón. Los momentos en los que no te sale nada. Los momentos en los que escribes y te das cuenta de que eso no era lo que estaba en tu cabeza, que no encuentras las palabras, que esa frase que habías pensado no tiene sentido en ese contexto. No te gusta el tono, ni la historia, ni la escena, y de repente ni siquiera la idea que habías creído tan buena antes de empezar te parece ya buena. Lees lo escrito y quieres gritar, y te preguntas a qué estás jugando, por qué coño no me dedico a hacer calceta, o patchwork, que es mucho más reconfortante.
Te dices que no tienes por qué escribir. Que nadie espera que lo hagas. Que no es tu trabajo, que no es lo que eres, que si no escribes ni una línea, el universo no va a implosionar. A nadie le importa. Solo a ti.
Y entonces lo dejo. Me rindo. No escribo durante meses y reniego de mis ínfulas de escritora. Pero luego siempre hay una chispa, como el alcohólico en recuperación que sin querer da un trago a un vaso de champán pensando que es zumo de manzana. Y caes otra vez, irremediablemente, con tu idea y tus personajes, y la estúpida convicción de que esta vez sí, esta vez vas a escribir una obra de cagarse por la pata abajo, que vas a ganar cuanto premio exista. Y empiezas. Y paras. Y vuelves a empezar. Y te vuelves a odiar, y no sabes cómo seguir, y piensas en dejarlo, pero ya te has rendido tantas veces que crees que si te rindes una vez más te odiarás toda la vida, aunque sabes que ya te odias por dejarte engañar otra vez.
Así que no tengo ni idea de por qué escribo. Solo sé que llevo tanto tiempo haciéndolo que ya es parte de mí. Y es frustrante, porque es una parte de mí que no me gusta, pero soy incapaz de librarme de ella, por más que lo intento.
Y no sé qué hacer.

3 comentarios:

Crizagloss dijo...

Sinceramente, no creo que no te guste escribir, pero, en cierto modo, me parece que enfocas mal el porque lo haces. Como tu dices, no es tu trabajo, no vives de ello,no hay presion por cumplir plazos, ni contrato que te obligue a ello. Creo que el problema está en tu objetivo. Has dejado de hacerlo por que te guste, si no por perseguir una meta: ser escritora, con todas sus letras. Y no me refiero solo a que te publiquen o ganar un premio, si no ser capaz de hilar una trama coherente, personajes creibles...te esfuerzas por todo eso y me parece que puedes ser demasiado exigente contigo misma. Se que debe ser duro, y es no es probable que yo sea un gran ejemplo , pero a mi si me gusta escribir. Lo disfruto. Y aunque suene derrotista, es porque no tengo grandes ambiciones en el terreno, no me siento obligada, si una historia no me cuadra o no me estimula, la aparco.Me gusta aprender, mejorar, probar mis capacidades, pero la esencia es esa, el momento heroinomano.No tendria sentido sin el. Pero ten en cuenta que las sobredosis no son buenas para nadie.

Un abrazo ( y perdona lo feo, horroroso y espantoso que queda el mensaje sin tildes, pero mi ordenador ha decidido volverse loco y me escribe unos símbolos muy raros)

Max Estrella dijo...

Comparto mucho de lo que dice Crizagloss...yo durante mucho tiempo estoy sin escribir y es,precisamente,por la presión de hacerlo...luego se le suma cuidar al niño,trabajar y miles y miles de cosas...que hacen que muchas veces haya querido dejarlo de modo definitivo...y pensando,encima,que tenía cosas que contar...
pero siempre termino volviendo, aunque sea poco,porque en un rato,hay algún personaje que se asoma,alguna historia que te apetece contar o contarte...unas letras por poner...yo creo que estoy irremediablemente atado a la escritura...y siempre vuelvo a ese terreno en el que poder ser uno mismo o dejar de serlo...
Elimina la presión y deja fluir las letras,aunque no te gusten, que siempre habrá tiempo para romperlas...
Creo que es algo que nos pasa a todos...
Besos

Anónimo dijo...

Yo te comprendo. Cuando leí tu texto, me identifique mucho con el. Creo que el simple hecho de sentirse obligado a escribir te convierte en una escritora, por más ironico que sea. A veces, sin embargo, hay que dejarlo ir, que te deje de importar tanto si lo que escribes esta bien o mal.