Mujeres en Serie IV: Modern Family



Los estadounidenses (no sé si los británicos también) tienen un término que me gusta mucho para referirse a esas cosas que te gustan pero que, por lo que sea, no deberían gustarte: guilty pleasure. Pues bien, esta serie es mi guilty pleasure particular, aunque en mi caso, más que de guilty pleasure se podría hablar de inconsistencia, dado la de veces que me he pillado en un renuncio. Pero hablamos de Modern Family.



Supongo que todo el mundo sabrá de qué va esta serie (y si no, ved el vídeo, que es salado). El título lo da todo: varias ramas de una misma familia y las relaciones entre ellos. El padre, un septuagenario lo menos, con dinero y una casa de ensueño, está divorciado y casado en segundas nupcias con una colombiana cañón que tiene la edad de su hija y que aporta al matrimonio un hijo de una relación anterior. Este hombre tiene, a su vez, un hijo gay que acaba de adoptar a una niña vietnamita con su pareja, y una hija con una familia “típicamente americana” de marido y tres hijos. Hasta ahí, podríamos hablar de “Los problemas crecen” versión siglo XXI (y mucho más bestiaja, eso sí). Bromas a gogó, situaciones inverosímiles, escenas de mock documentary muy bien puestas… La serie es divertida y se deja ver.

El problema de la serie es que no han sabido, a mi entender, aprovecharse de todo lo que personajes tan diversos podían dar y han terminado haciendo caricaturas de todos sus miembros. Gloria, la esposa colombiana del Jay, el millonario, es el estereotipo más ridículo que he visto de una hispana en una serie estadounidense. Gritos, exageraciones, golpes, pasión latina a lo bestia, en lugar de aprovechar el lado tierno de Gloria para con su hijo y su marido, a quien quiere realmente, no por su dinero. Su hijo es, quizás, el único que se libra del estereotipo; es un hombre en un cuerpo de niño, y el personaje de Manny es de los más divertidos de la serie. Por supuesto, de Gloria aprovechan el cuerpazo que aporta Sofía Vergara, y podría ser un personaje mudo que seguiría siendo el alma de la serie. Porque, como todo el mundo sabe, las colombianas son majísimas, altísimas, con cuerpo de vértigo y se pasan el día gritando.



El estereotipo que más me revienta, sin embargo, es el de la pareja gay, Cameron y Mitchell. De nuevo nos encontramos con personajes que podrían dar juego, mostrándolos en sociedad y viendo, aunque sea desde la comedia, los problemas que una pareja gay puede tener. Pero no. Cameron es tan exagerado que se hace inverosímil, siempre pensando en cómo disfrazar a su hija, en el qué dirán, en hacer fiestas en casa y asistir a las de los demás. Mitchell es “el hombre” en la relación, el que trabaja fuera de casa, el que trata de controlar las exageraciones de su pareja, sin ver la pluma propia. Admito que son muy graciosos, que me son simpáticos, pero no son creíbles. Y el que no se hayan dado ni un pico en pantalla clama al cielo; me da igual que sea una serie familiar, si vas a hablar de ellos como familia y pareja, las parejas se besan. En la boca. Basta ya de tanto abrazo, leche.



Los Dunphy son el estereotipo natural de las series americanas, la familia en la que en cualquier momento te esperas ver aparecer a Michael J. Fox o a Kirk Cameron (aunque estarán ya los dos para hacer de padres de los padres, pero en fin). Aquí vuelven a jugar con el bueno y el malo que siempre se da en las series: ella es una bruja pérfida que controla mucho a sus hijos (y que no trabaja fuera de casa, por supuesto, alguien tiene que cuidar de la prole) y él es el padre guay, cachondo y divertido con el que los niños hacen lo que quieren. Los hijos, los de siempre: la mayor es tonta pero mona, la del medio es la empollona y el pequeño es medio lerdo. Nada original.



Lo curioso de esta familia supuestamente moderna es el rol que se les da a las dos mujeres de la serie (y a Cameron, podría decirse). Ninguna trabaja, a pesar de ser mujeres (y hombre) de carrera; se quedan en casa cuidando a la prole y diciéndoles a sus maridos lo mal que las tratan (sobre todo Cameron, madre qué agobio) y quejándose de los niños (sobre todo Claire, madre qué agobio). Y me da pena, porque realmente los personajes tienen potencial para decir mucho más, tratar temas como la homofobia o el racismo, y jamás se acercan siquiera a reflejar algo más allá de sus narices. Aún así, como ya digo, digna de ver para quien quiera echar unas risas sin pensar demasiado y sin comerse la cabeza con los problemas del mundo, porque, lo que es en esta serie, no se van a ver. Quizás en futuras temporadas sorprendan y de repente veamos a una Gloria convertida en CEO de alguna de las empresas de su marido (aunque, qué queréis que os diga, solo pensarlo me da miedo).

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