
Esta es una serie difícil de calificar, y más aún desde el punto de vista femenino (o feminista, que no es lo mismo). Aunque me ha encantado –me dio una pena terrible ver el último capítulo, porque fue cancelada y ya no hay más, y la serie es genial–, también tengo que decir que muchas de sus escenas me han incomodado mucho, hasta el punto de plantearme dejar de ver la serie (cosa que no hice por su fantástica trama y unos personajes dignos de ser seguidos). Y me explico.
Dollhouse es el nombre que se le da a una tecnología puntera en el campo de la neurociencia. La empresa Rossum contrata a gente que, voluntariamente, cede cinco años de su vida a cambio de una inmensa suma de dinero. Durante esos cinco años, utilizarán su cuerpo y su mente a su antojo, sacando la personalidad original del sujeto e implantando personalidades ajenas a él o a ella en función de los gustos del cliente. Puede conseguirse un guardaespaldas que desee salvar la vida de su jefe porque su instinto se lo manda; una luchadora de artes marciales con instinto maternal; una negociadora de secuestros; un patólogo forense del FBI… Cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa. Pero lo que los clientes más piden es, por supuesto, una mujer hermosa que se enamore perdidamente de ellos. Y ahí es donde empiezan mis pegas.
Los sujetos son, supuestamente, voluntarios (según va avanzando la serie, vemos que igual no tanto), y han firmado un contrato consintiendo que se les haga de todo. Pero, ¿hasta qué punto puede uno consentir ser esclavo o esclava? Porque al fin y al cabo eso es lo que son, ni más ni menos: sujetos a merced de otros. Es cierto que la serie trata el tema con mucho cuidado (Joss Whedon es bien conocido por tramas respetuosas con las mujeres, pensad en “Buffy”), pero el hecho de que el mayor negocio de la casa sea la trata de mujeres a lo pijo no se puede obviar. Más aún, las chicas son programadas para enamorarse de los hombres, a quien luego olvidan tras un lavado de cerebro que vuelve a dejarlas en estado “muñeca”. No se ve nada explicito y todos los capítulos se basan en otro tipo de misiones, pero no deja de ser incómodo. Es prostitución al más alto nivel, aunque con cuidados médicos excepcionales y viviendo a todo lujo. ¿Hasta qué punto no es esto violación? Me asaltan las dudas.
La protagonista absoluta de la serie es Echo (Eliza Dushku, una de las incondicionales de Whedon), la número uno, la “muñeca” que todos quieren. Desde el primer momento sabemos que es especial porque es la única persona que Alpha (un “muñeco” que se volvió loco al acumular más de cuarenta personalidades en su interior a la vez) dejó viva en su arranque asesino, y porque el detective del FBI que investiga la casa empieza a recibir información sobre ella. Poco a poco vemos que Echo, como anteriormente Alpha, tiene conciencia de sí misma, que recuerda cosas que no debería. Pero a diferencia de Alpha, que originalmente era un asesino convicto, el yo original de Echo era una idealista, una soñadora que luchaba por el bien común. Alpha (Alan Tudyk, genial, genial, genial en su papel de malo) está enamorado de Echo y tratará de convertirla en su Omega haciéndola pasar por el mismo proceso que pasó él. Pero le saldrá rana. No solo no se convierte en alguien como él, sino que podrá utilizar todas las personalidades que se acumulan en ella a su antojo. ¿Que necesito hablar chino? Pues lo hablo. ¿Ser médica? Lo soy. ¿Artes marciales? Toma ya. Todo sin dejar de ser Echo. Que no Caroline, su yo verdadero, almacenado en un disco duro aparte.
Echo es una mujer de armas tomar, y me encanta que no necesite ayuda de nadie para sacarse las castañas del fuego. Pero la violencia que en esta serie se ejerce contra las mujeres es brutal, al punto de ser desagradable. Y ojo, que a mí me gustan las patadas y los golpes marciales como a la que más, y no seré yo quien diga que un chico no debe pegar a una chica cuando las fuerzas están igualadas; el problema surge cuando las fuerzas son desiguales, que ocurre a menudo en esta serie, y las palizas son tan gráficas y tan brutales que te hacen apartar la vista. Es cierto que suelen ganar las mujeres, pero siempre después de haber recibido una paliza bestial fruto de un arranque posesivo por parte del macho en cuestión; recuerdo en especial una pelea entre Pria/Sierra y el hombre que la puso en la casa de muñecas que estuvo a punto de hacerme quitar el capítulo. Por no hablar de la violencia de Alpha, con armas y con las manos, y con esa cara de loco que tan poco recuerda al bueno de Wash en Firefly.
En resumen: un sobresaliente en trama y sorpresas de última hora, sobresaliente en personajes y caracterizaciones (“Victor” se sale, no entiendo por qué este actor no trabaja más) y suspenso en uso excesivo y gratuito de la violencia. Aún así, hay que decir que las mujeres de esta serie son cualquier cosa menos indefensas gatitas, y que ninguna de ellas lucha con tacones (lo que se agradece, aunque más de una carrera con tacones sí que se pegan). El capítulo final de la serie es uno de esos que quedará grabado en mi memoria como uno de los mejores finales en una serie; una pena que Fox no diera otra oportunidad a esta serie, pero en fin, torres más altas han caído.
1 comentario:
Ay, Ruth! Lo que me alegra volver a pasarme por aquí y ver que a ti también te gustó Dollhouse. Qué gran serie!
He vuelto (para quedarme!)
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