Quince años en esto y aún se me cae la baba

L. está que no cabe en sí de gozo porque ha tenido una hermanita. Ha traído la foto a la ikastola, y la andereño se ha encargado de ponerla en un lugar muy visible para que todos la admiren. Curiosamente, L. es el rey por esta situación, en vez de quedar relegado al hermano mayor que ya lleva cinco años chupando cámara. La sonrisa no le cabe en la cara. Cuando llegue a casa se va a comer a su hermana de un bocado.

Los pitufos de primero subieron ayer a la clase de inglés por primera vez. Llegar al segundo piso del edificio fue todo un acontecimiento; aunque es exactamente igual que el primero, todo les parecía distinto. La clase de inglés, una sala diminuta en la que apenas caben doce alumnos, era para ellos el descubrimiento de la semana, del mes, del trimestre. Fueron capaces de leer el cartel de "English" de la puerta. Ya son mayores. Van a la clase de inglés y hacen fichas "difíciles". Y es cierto: son la hostia, que diría Barney Stinson. Y todo lo que saben (de inglés) lo han aprendido de mí. I'm AWESOME.

Cuando el rango de edad de tus alumnos va de cuatro (algunos tres) a siete (algunos ocho), los de segundo de primaria te parecen universitarios. Son capaces de escribir la fecha en silencio, de deletrear su nombre -con ayuda-, de hacer un "listening" con completa concentración y por su cuenta. Miro a los de cuatro años, que empiezan con el inglés este año, y miro a los de segundo. Es increíble que se aprenda tanto en tan poco tiempo.

Hoy he leído el mismo cuento seis veces, he gastado las mismas bromas doce, he repetido "write your name, colour, cut out, tidy up" tantas veces que han perdido su significado para mí. Era la cuarta vez que los de cuatro años me veían y han sido capaz de seguir mis instrucciones, con mayor o menor acierto, hasta el final de la clase. Ha merecido la pena. Me duele la cara de sonreír.

Creo que tengo el mejor trabajo del mundo.

1 comentario:

Crizagloss dijo...

De verdad, me encanta oir (leer) a una profesora a la que de verdad le gusta su trabajo. Cuando te leo,me da una rabia enorme por mi hermano. Ojalá se hubiese encontrado una profesora como tu al principio, y no al par de energúmenos que tuvo al llegar a la primaria, que han echo que odie el colegio hasta el día de hoy. Menos mal que existe gente como tú, es esperanzador.
Saludos