
Esta foto la saqué en julio, después de una semana en la que lo único que se me antojaba eran libros y en la que no me hicieron hija predilecta de ninguna librería, lo que me cabrea bastante, la verdad, porque yo sola levanto al menos el uno por ciento del mercado editorial. En la foto hay unos treinta libros, creo, todos ellos por leer (quería darme el atracón en verano; siempre he comido con los ojos, creo que me liquidé tres). La última vez que conté mi sección de "no leídos", hace dos semanas, había unos treinta y tres. Si a eso le sumamos los que tengo en formato pdf, son unos cuarenta. Y hoy he vuelto a casa con otro.
Ya sé que lo he dicho antes, pero de vez en cuando la realidad me golpea en la cara y me doy cuenta de lo de siempre: nunca voy a ser capaz de leer todo lo que quiero. El mayor problema es que me gusta todo. No es que me guste cualquier libro, por suerte voy haciendo gusto literario y he empezado a seleccionar (qué sería de mí si no, por dios), pero me gustan todos los temas, no solo los libros de ficción. Filosofía, lingüística, teoría literaria (¿cómo he podido sobrevivir hasta ahora sin Foucault, por dios, cómo?), pedagogía, clásicos en inglés, clásicos en español, clásicos alemanes traducidos a inglés o español... Y, como no tenía bastante con eso, ahora me ha dado por leer en euskera, idioma que domino pero en el que no leo (algún trauma de la infancia, me temo, vaya coñazos nos hacían leer), y me he apuntado a un club de lectura, con lo que he conseguido añadir "autores vascos que escriben en euskera" a mi lista de "tengo que leer". Teniendo en cuenta que leo bastante despacio y que caen una media de treinta libros al año (que no sé si son muchos o pocos, son los que son, aunque según un artículo que leí la semana pasada no soy ni lectora ocasional), comprenderéis que no doy abasto.
Y me encanta. Me encanta saber que, cuando acabe ese pedazo de libro que tengo entre manos (El Rey Lear ahora mismo, otra vez, pero desde la perspectiva deconstruccionista, o sea que parece otro), aún me quedan millones más a los que echarle el diente. Saber que Jeffrey Eugenides tiene un nuevo libro, que aún no he leído nada de Shalman Rushdie, que me quedan todas las mujeres de la literatura inglesa del siglo diecinueve, que la literatura vasca está más viva que nunca y hay joyas escondidas e intraducibles que tengo la fortuna de poder entender... No sé si eso me convierte en pedante (seguramente), gafapasta (más quisiera yo, después de ver lo que vi el jueves en el club de lectura no llego ni a gafa de metal) o simplemente gilipollas, pero me entusiasma que el ser humano haya llenado el mundo de tanta belleza y que toda ella esté a mi alcance. Bueno, toda no, la que me dé tiempo a leer en una vida. Hasta que golpee el alzeimer o me quede ciega.
Basta. Me voy a leer.
6 comentarios:
¿Sabes? Yo también tengo una sensación parecida últimamente. Pero no es solo con los libros, es con todo. Como que necesitaría tres vidas para aprender todo lo que quiero, ir a todos los sitios,leer todos los libros...supongo que es por que ando un poco cortita de tiempo últimamente.
Pero nada mujer, a hacer todo lo que se pueda. Y ni ciega, ni alzheimer ni nada de eso. Leyendo hasta los 115 y con vista de lince.
Y...¿en serio? ¿Treinta libros al año no te hacen ni lectora ocasional? Pues prefiero no saber donde me encuentro yo según esa revista...
¡Cómo te entiendo! No sé si esa sensación es por no tener tiempo o porque una es como es. Por increíble que parezca, conozco gente cuyo único deseo en esta vida es tener un trabajo fijo, casa propia, dos hijos y vacaciones en Benidorm o similares. Les hablas de estudiar, de viajar, de libros o de cualquier inquietud intelectual y te miran como si te hubieras caído de un guindo. Yo nunca quiero ser así (a mis casi 36, creo que ya no lo seré).
Lo de los treinta libros lo leí en un artículo de El País, que definía lector ocasional como "alguien que lee un libro a la semana o más". Me da a mí que se les fue la mano con la definición, pero en fin...
Y qué me dice de la tesitura o disyuntiva entre leer y escribir...yo si leo no puedo escribir y si escribo no puedo leer...argggg
la entiendo,perfectamente,créame...
pd. al hilo del otro comentario...y yo que quiero estudiar antropología...
si es que somos bichos raros...ocasionalmente raros...
Eso de leer es un vicio y los libros una droga. A más que leas, más te quedará por leer.
A veces, cuando reviso un libro -los hay que si no los lees un par de veces no entran- pienso... vaya pérdida de tiempo, podría leer uno de nuevo.
Para eso están los audiolibros, para leer en el camino de casa al metro, en la ducha, mientras cocinas...
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